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jueves, 21 de noviembre de 2019

Sueño de un curioso


Sueño de un curioso

Conoces, como en mi caso, ese dolor sabroso,
De ti haces que digan: «¡Qué ser tan singular!»
Iba a morir. Y había en mi alma amorosa,
Deseo mezclado con horror, un raro sufrimiento;

Angustia y esperanza, sin humor ficticio.
Cuanto más se vaciaba la fatal ampolla,
Más deliciosa y áspera era mi tortura;
Y se desgajaba mi alma del mundo familiar.

Me sentía como un niño ávido de espectáculos,
Que odia el telón igual que se odia un obstáculo.
Hasta que, al fin, la fría verdad se desveló:

Sin sentirlo había muerto
Y una aurora me envolvía.
Y, ¿qué? Entonces, ¿no es más que esto?

El telón se había alzado y yo esperaba todavía.

Charles Baudelaire
de Las flores del Mal
Versión J.M. Montefogo

domingo, 28 de abril de 2019

La muralla ingrávida


No había querido que se fuese y se había dormido a su lado, se había dejado dormir a su lado, había hecho ese supremo gesto de confianza que es dormirse al lado de otro: como un guerrero que deja su armadura. Ahí estaba, indefensa pero misteriosa e inaccesible. Tan cerca, pero separada por la muralla ingrávida pero infranqueable y tenebrosa del sueño.

Ed. Seix Barral, 2001

Fot. Rouzbeh Rashidi

viernes, 11 de enero de 2019

Un arte antiguo


Esa noche, como todas las noches, la niña soñó que había nacido huérfana y que esa condición –si así puede llamársele– la empujaba a un mundo adentro del mundo que se parecía a un hermoso circo, lleno de domadores de tigres, contorsionistas, lanzadores de fuego. A ella le había tocado la Muerte-en-Vida. Su número consistía en balancearse sobre una cuerda pero ella se enredaba en el pelo e indefectiblemente daba un salto mortal a lo imposible. La caída se repetía tres veces, sin motivo aparente y, lo que es peor, sin destinatario. El amor es un arte antiguo, imposible, feroz.

María Negroni
Elegía a Joseph Cornell

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Tanto he soñado contigo


Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad. 
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo 
y besar sobre esa boca 
el nacimiento de la voz que quiero? 

Tanto he soñado contigo, 
que mis brazos habituados a cruzarse 
sobre mi pecho, abrazan tu sombra, 
y tal vez ya no sepan adaptarse 
al contorno de tu cuerpo. 

Tanto he soñado contigo, 
que seguramente ya no podré despertar. 
Duermo de pie, 
con mi pobre cuerpo ofrecido 
a todas las apariencias 
de la vida y del amor,  y tú eres la única 
que cuenta ahora para mí. 

Más difícil me resultará tocar tu frente 
y tus labios, que los primeros labios 
y la primera frente que encuentre. 

Y frente a la existencia real 
de aquello que me obsesiona 
desde hace días y años 
seguramente me transformaré en sombra. 

Tanto he soñado contigo, 
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado 
de tu sombra y de tu fantasma, 
y, por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma 
entre los fantasmas y cien veces más sombra 
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante luminoso de tu vida.


Fot. M. Creemers
Le pêcheur, 1930

martes, 29 de mayo de 2018

jueves, 3 de mayo de 2018

Sueños


Uno tiene sus sueños, cosas suyas, íntimas, y después la vida no quiere seguir jugando contigo, y te lo desmonta, un instante, una frase, y todo se desvanece. Suele ocurrir. Por esa razón y no otra vivir es una tarea dolorosa. Hay que resignarse. La vida no resulta grata, no sé si me explico.

Océano mar
Ed. Anagrama, 2003
Trad. Xavier González

Fot. Mario von Bucovich, 1935

martes, 17 de abril de 2018

Hacían cola los sueños


Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba: -Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar. Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía al sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar.

Eduardo Galeano
Los sueños de Helena
Ed. Libros del zorro rojo, 2011

Fot. Sally Mann

miércoles, 4 de abril de 2018

Crear



Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos de nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.
Si la vida no nos ha dado más que una celda de reclusión, hagamos por ornamentarla, aunque más no sea, con las sombras de nuestros sueños, diseños y colores, esculpiendo nuestro olvido bajo la quieta exterioridad de los muros.
Como todo soñador, siempre he sentido que mi oficio era crear. Como nunca he sabido hacer un esfuerzo o activar una intención, crear me ha coincidido siempre con soñar, querer o desear; y hacer gestos, con soñar los gestos que desearía poder hacer.

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego de Bernardo Soares
Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

Fot. Gunars Binde

domingo, 25 de marzo de 2018

El libro de los sueños


Cuando Henry me telefonea y quiere verme, el mundo empieza a cantar de nuevo, el caos cristaliza en un deseo. Todos los impulsos, fermentos y constelaciones se unen en el rico sonido de su voz. 
Vestida con mi quimono, subo corriendo las escaleras y añado cinco páginas al libro de los sueños.

Ed. Siruela, 2014
Trad. José Luis Fernández-Villanueva

Bu Edo kabuku gendai
 ぶ 江戸かぶく現代 standalone kimono book
Japan - 2018

viernes, 16 de marzo de 2018

Sueños


Lo que al día le pido ya no es
que me cumpla los sueños, que me entregue
los deseos cumplidos de otros días,
porque al fin he aprendido que los sueños
son igual que las alas de un insecto
y al tocarlos el hombre se deshacen;
y es que un sueño al cumplirse es otra cosa
que no ayuda a volar.
Lo que al día le pido es ese sueño
que al rozarlo se parta en otros sueños
lo mismo que una bola de mercurio,
y que brille muy lejos de mis manos.
Lo que al día le pido empieza a ser
más difícil incluso de alcanzar
que los sueños cumplidos, porque exige
la fe antigua en los sueños.
Lo que al día le pido es solamente
un poco de esperanza, esa forma modesta
de la felicidad.


Citrons, 1930

martes, 6 de febrero de 2018

Sueños, cosas íntimas


Uno tiene sus sueños, cosas suyas, íntimas, y después la vida no quiere seguir jugando contigo, y te lo desmonta, un instante, una frase, y todo se desvanece. Suele ocurrir. Por esa razón y no otra vivir es una tarea dolorosa. Hay que resignarse. La vida no resulta grata, no sé si me explico.

Ed. Anagrama
Trad. Xavier González

Fot. Sirkka-Liisa Konttinen

viernes, 26 de enero de 2018

A todos nos pasa


A todos nos pasa: después de forjarnos fantasías durante semanas y años creyendo que estamos pensando con lógica, un día vemos algo, una cara, un vestido, un hombre feliz, y de repente comprendemos que ninguno de nuestros sueños se hará realidad.

Orhan Pamuk
Me llamo Rojo
Ed. Alfaguara, 2003
Trad. Rafael Carpintero

Fot. Man Ray
Meret Oppenheim 1933

martes, 23 de enero de 2018

Ensoñaciones


¿Qué pasaría con los grandes sueños de la noche si no estuviesen sostenidos, nutridos, poetizados por las bellas ensoñaciones de los días felices?

Gastón Bachelard
La poética de la ensoñación
Ed. FCE, 2012

jueves, 14 de diciembre de 2017

La tenacidad de lo imposible


Entre premuertos,
más acá de la verja que separa,
aísla y protege
-¿de qué, de quién?-,
los sueños imposibles,
tenaces,
regresan.

Fot, Miroslav Tichý

martes, 12 de diciembre de 2017

Descuentos


A veces ando errante en la niebla y en mil vacilaciones y confusiones y, a menudo, me siento miserablemente abandonado. Pero pienso que es bello luchar. Un hombre no se siente orgulloso de las alegrías y del placer. En el fondo lo único que da orgullo y alegría al espíritu son los esfuerzos superados con bravura y los sufrimientos soportados con paciencia. Pero no gusta derrochar palabras a este respecto. ¿Qué hombre honrado ha mantenido por completo intactos a lo largo de los años sus esperanzas, planes, sueños? ¿Dónde está el alma cuyos anhelos, osados deseos, dulces y elevadas concepciones de la felicidad se cumplieron, sin tener que hacer descuentos en ellas?

Robert Walser
El paseo 
Siruela
Trad. Carlos Fortea

lunes, 13 de noviembre de 2017

Sueños


LA VERDAD DE LA POESÍA

Un juguete es una trampa para soñadores. Un verdadero juguete es un objeto poético.
Hay una escultura temprana de Giacometti llamada Palacio a las 4 A.M. (1932). No consta sino de unos cuantos palitos acomodados sobre un andamiaje limpio; el título la vuelve más fantasmagórica e inolvidable. Giacometti decía que era la casa soñada, para él y la mujer que amaba.
Un niño conoce tales sueños. Sueños donde los objetos se renombran y a los cuales se inviste de vidas imaginarias. Un guijarro se convierte en ser humano. Dos palitos apoyados uno contra otro forman una casa. En ese mundo se juega a ser otro.
Eso es lo que busca Cornell, también. Cómo construir un vehículo para el ensueño, un objeto que enriquezca la imaginación del espectador y lo acompañe siempre.

Charles Simic
de "Alquimia de Tendajón, El arte de Joseph Cornell "
Trad. Elisa Ramírez

Fot. Alberto Giacometti
"Palacio a las cuatro de la mañana"

martes, 29 de agosto de 2017

Sueño que sueño


Y no sé cuánto te amo.
Quién de los dos está ausente.

Cuando no estás allí
Sueño que duermo, sueño que sueño.

Paul Éluard

Fot. Russell Lee
Interlude, Oregon 1941

lunes, 21 de agosto de 2017

A la misteriosa


Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad. 
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo 
y besar sobre esa boca 
el nacimiento de la voz que quiero? 
Tanto he soñado contigo, 
que mis brazos habituados a cruzarse 
sobre mi pecho, abrazan tu sombra, 
y tal vez ya no sepan adaptarse 
al contorno de tu cuerpo. 
Tanto he soñado contigo, 
que seguramente ya no podré despertar. 
Duermo de pie, 
con mi pobre cuerpo ofrecido 
a todas las apariencias 
de la vida y del amor, y tú, eres la única 
que cuenta ahora para mí. 
Más difícil me resultará tocar tu frente 
y tus labios, que los primeros labios 
y la primera frente que encuentre. 
Y frente a la existencia real 
de aquello que me obsesiona 
desde hace días y años 
seguramente me transformaré en sombra. 
Tanto he soñado contigo, 
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado 
de tu sombra y de tu fantasma, 
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma 
entre los fantasmas y cien veces más sombra 
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

A la misteriosa

Fot. Anónima, Francia, 1930s

jueves, 3 de agosto de 2017

Despertar


Nos despertamos en medio de la oscuridad, sin saber nada de lo que sabíamos. ¿Dónde estamos, qué ocurre? 
Por un momento, no recordamos nada. Ignoramos si somos niños o adultos, hombres o mujeres, culpables o inocentes. ¿Estas tinieblas son las de la noche o las de un calabozo? 
Con más agudeza aún, ya que se trata del único equipaje que tenemos, sabemos lo siguiente: estamos vivos. Nunca lo estuvimos tanto: sólo estamos vivos. ¿En qué consiste la vida en esta fracción de segundo durante la cual tenemos el raro privilegio de carecer de identidad? 
En esto: tener miedo. 
No obstante, no existe mayor libertad que esta breve amnesia del despertar. Somos el bebé que conoce el lenguaje. Con una palabra podemos expresar este innombrable descubrimiento del propio nacimiento: nos sentimos propulsados hacia el terror de lo vivo. 
Durante este lapso de pura angustia, ni siquiera recordamos que al salir de un sueño pueden producirse fenómenos semejantes. Nos levantamos, buscamos la puerta, nos sentimos perdidos, como en un hotel. 
Luego, en un destello, los recuerdos se reintegran al cuerpo y nos devuelven lo que nos hace las veces de alma. Nos sentimos tranquilizados y decepcionados: así que somos eso, sólo eso. 
Enseguida se recupera la geografía de la propia prisión. Mi cuarto da a un lavabo en el que me empapo de agua helada. ¿Qué intentamos limpiándonos el rostro con una energía y un frío semejantes? 
Luego el mecanismo se pone en marcha. Cada uno tiene el suyo, café-cigarrillo, té-tostada o perro-correa, regulamos nuestro propio recorrido para experimentar el menor miedo posible. 
En realidad, dedicamos todo nuestro tiempo a luchar contra el terror de lo vivo. Inventamos definiciones para huir de él: me llamo tal, tengo un curro allí, mi trabajo consiste en hacer esto y lo otro. 
De un modo subyacente, la angustia prosigue su labor de zapa. No podemos amordazar del todo nuestro discurso. Creemos conocer nuestro nombre, que nuestro trabajo consiste en hacer esto y lo otro pero, al despertar, nada de eso existía. Quizá sea porque no existe.

Amélie Nothomb
Diario de la golondrina
Ed. Anagrama, 2010
Trad. Sergi Pàmies

Fot. Zlatko Vickovic