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sábado, 6 de enero de 2018

Después de todo, hay que matar el tiempo.


Desde la llegada de la pareja, la atmósfera del restaurante se ha transformado. Los dos hombres rojos guardan silencio; detallan sin incomodarse los encantos de la muchacha. El señor distinguido ha dejado el periódico y mira a la pareja complacido, casi cómplice. Piensa que la vejez es cuerda, la juventud bella; menea la cabeza con cierta coquetería: sabe que aún está hermoso, admirablemente conservado, que con su tez morena y su cuerpo delgado todavía puede seducir. Juega a sentirse paternal. 
Los sentimientos de la camarera parecen más simples: se ha plantado delante y los contempla con la boca abierta. Ellos hablan en voz baja. Les han servido entremeses, pero no los tocan.
Aguzando el oído puedo pescar partes de la conversación. 
Entiendo mejor lo que dice la mujer con su voz rica y velada.
- No, Jean, no.
- ¿Por qué no? -murmura el joven con apasionada vivacidad.
- Ya se lo he dicho.
- Esa no es una razón.
Se me escapan unas palabras; después la mujer hace un gesto encantador de cansancio:
- He probado demasiadas veces. Ya pasé la edad en que se puede empezar a vivir de nuevo. Soy vieja, ¿sabe?
El joven se ríe con ironía. Ella prosigue:
- No podría soportar una... decepción.
- Hay que tener confianza -dice el joven-; así como está, en este momento, usted no vive.
Ella suspira:
- ¡Lo sé!
- Mire a Jeannette.
- Sí -dice ella con un mohín.
- Bueno, a mí me parece muy bien lo que ha hecho. Ha tenido coraje.
- Pero -dice la muchacha- ella casi se precipitó sobre la ocasión. Le diré que si yo lo hubiese querido, habría tenido cientos de ocasiones de ese tipo. Preferí esperar.
- Tuvo usted razón -dice él tiernamente-, tuvo usted razón de esperarme.
La mujer ríe a su vez:
- ¡Qué vanidoso! Yo no he dicho eso.
No los escucho más: me irritan. Se acostarán juntos. Lo saben. 
Cada uno sabe que el otro lo sabe. Pero como son jóvenes, y como cada uno quiere conservar su propia estima y la del otro, como el amor es una gran cosa poética que es preciso no espantar, van varias veces por semana a los bailes y a los restaurantes a ofrecer el espectáculo de sus pequeñas danzas rituales y mecánicas...
Después de todo, hay que matar el tiempo. 
Son jóvenes y robustos, todavía tienen para una montaña de polvos. 
Entonces no se dan prisa, se demoran y no están equivocados. Cuando se hayan acostado juntos, habrá que buscar otra cosa para ocultar el enorme absurdo de la existencia. Con todo... ¿es absolutamente necesario engañarse?

Ed. Alianza, 2011
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Tordai Ede

martes, 2 de enero de 2018

Vivir, contar


Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede; y trata de vivir su vida como si la contara.
(...)
Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. Tampoco hay fin. Y, además, todo se parece.
Esto es vivir. Pero al contar la vida, todo cambia.

Ed. Alianza, 2011
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Keystone-France
Two People Relaxing On Seine Border On August, 1938

sábado, 30 de diciembre de 2017

El pasado


Luz suave; las gentes están en sus casas, también habrán encendido la luz. Leen, miran el cielo por la ventana. Para ellos… es otra cosa. Han envejecido de otra manera. Viven en medio de legados, de regalos, y cada uno de sus muebles es un recuerdo. Relojitos, medallas, retratos, caracoles, pisapapeles, biombos, chales. Tienen armarios llenos de botellas, telas, trajes viejos, periódicos; lo han guardado todo. El pasado es un lujo de propietario.
¿Dónde debería conservar yo lo mío? Nadie se mete el pasado en el bolsillo, hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede retener los recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme: sólo quise ser libre.

Ed. Alianza, 2011
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Tomio Seike

lunes, 25 de diciembre de 2017

Ceguera


Lo sé. Sé que nunca más encontraré nada ni nadie que me inspire pasión. Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, al principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré.

Ed. Alianza, 2011
Trad. Aurora Bernárdez


viernes, 15 de diciembre de 2017

Deseos


Un hombre nada puede desear a menos que antes comprenda que sólo debe contar consigo mismo; que está solo, abandonado en la tierra en medio de sus infinitas responsabilidades, sin ayuda, sin más propósito que el que él mismo se fija, sin otro destino que el que él mismo se forja en la tierra.

Jean-Paul Sartre

Fot. Toshihiro Okada

jueves, 7 de septiembre de 2017

Nos ven mirar


La mirada es la experiencia fundamental de la comunicación, es conocimiento del otro, del otro como sujeto, es la presencia de la otra subjetividad en nuestras vidas. El que nos mira (la otra subjetividad, la otra conciencia) le podemos temer porque se puede enfrentar a nuestra libertad, es un ser que nos valora y pone en cuestión lo que somos, lo que queremos, nuestro ser. Sartre, en "El ser y la nada", narra la escena donde miramos por el ojo de la cerradura, espiamos; nuestra conciencia atiende a lo que ocurre en la habitación, está dirigida a las cosas, no atendemos a nosotros mismos, pero, de repente, sentimos que alguien nos mira, nos ven espiando, sentimos la conciencia del otro, de su presencia, y no del otro como una mera cosa más sino como sujeto, como alguien del que se puede esperar una conducta que nos pueda comprometer o juzgar y a la vez somos conscientes de nosotros mismos.

De la mirada y la seducción
Volumen 6, Nº 24, 2011


martes, 5 de septiembre de 2017

Soy


Transformo para mí la frase imbécil y criminal del profeta de ustedes, ese “Pienso, luego existo”, que tanto me hizo sufrir, pues mientras más pensaba, menos me parecía ser y digo: “Me ven, luego soy”. Ya no tengo que soportar la responsabilidad de mi transcurrir pastoso… Vuelvo hacia la noche y hacia mi faz nocturna y eterna, me erijo como un desafío y digo a Dios: “Aquí estoy, tal y como Tú me ves, tal como soy. ¿Qué puedo hacer sino soportarme?. Y Tú cuya mirada me crea eternamente, sopórtame”… Soy finito e infinitamente culpable. Pero yo soy. Ante Dios y ante los hombres. Soy.

Jean-Paul Sartre
Los caminos de la libertad:
II El aplazamiento
Ed. Losada, 1968

Fot. Paul Nougé
Woman Frightened by a String, 1929

sábado, 19 de agosto de 2017

Existir


Si por lo menos pudiera dejar de pensar. Los pensamientos son lo más insulso que hay, más aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de ellos están las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción. Sigue, sigue y no termina nunca. Yo alimento esta especie de rumia dolorosa: existo. ¡Qué larga serpentina es esa sensación de existir!
(...)
Existir es estar ahí, simplemente: los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Creo que algunos han comprendido esto. Sólo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí mismo. Pero ningún ser necesario puede explicar la existencia; la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, y en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar; eso es la Náusea.

Jean-Paul Sartre
La Náusea
Ed Alianza, 2011
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Yulia Kazban

domingo, 30 de julio de 2017

Carta




Querido pequeño ser:

Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: “¿De que se ríe?”. Y le contesté: “Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo”. Y replicó: “Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía”. Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.

Te beso tiernamente,
tu Castor.


Simone de Beauvoir (1945)

martes, 25 de octubre de 2016

La materia de la que estoy hecho


Toda mi vida está detrás de mí. La veo entera, veo su forma, veo los lentos movimientos que me han traído hasta aquí. Hay pocas cosas que decir de ella: una partida perdida, eso es todo. Había perdido la primera vuelta. Quise jugar la segunda y también la perdí; perdí la partida. Al mismo tiempo, supe que siempre se pierde. Solo los cabrones creen ganar. Ahora voy a hacer como Anny, me sobreviviré. Comer, dormir. Dormir, comer. Existir lentamente, dulcemente, como esos árboles, como un charco de agua, como el asiento rojo del tranvía. La Náusea me concede una corta tregua. Pero sé que volverá; es mi estado normal. Solo que hoy mi cuerpo está demasiado agotado para soportarla. También los enfermos tienen afortunadas debilidades que les quitan, por algunas horas, la conciencia de su mal. Me aburro, eso es todo. De vez en cuando bostezo tan fuerte que las lágrimas me ruedan por las mejillas. Es un aburrimiento profundo, profundo, el corazón profundo de la existencia, la materia misma de la que estoy hecho.

Jean-Paul Sartre
La náusea
Ed. Alianza, 2011
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Gianni Berengo-Gardin

sábado, 18 de junio de 2016

¿Seguro?

“Lo sé. Sé que nunca más encontraré nada ni nadie que me inspire pasión. Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, al principio mismo; en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré”

Jean-Paul Sartre, La náusea


Christian Coigny


Ry Cooder Paris, Texas

viernes, 18 de septiembre de 2015

Manta

Eric Rose

Cada palabra tiene consecuencias.
Cada silencio, también.

J.P. Sartre

Fiona Joy Hawkins