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viernes, 1 de noviembre de 2019

Observación


En el momento en que alguien observa lo que hacemos, involuntariamente hacemos concesiones a esa mirada, y nada de lo que hacemos es auténticamente veraz. Tener un público, tenerlo en mente, significa vivir entre mentiras.

Milan Kundera

Fot. György Kepes

martes, 19 de febrero de 2019

El ojo mira

 


El ojo mira... es el único que puede advertir la belleza... A la belleza se la ve porque está viva, y por lo tanto es real. Digamos, mejor, que puede ocurrir que la veamos. Depende de dónde se manifieste. Pero no hay duda alguna que ciertas veces se manifiesta... El problema es tener ojos y no saber ver, no mirar las cosas que ocurren... Ojos cerrados. Ojos que ya no ven. Que ya no son curiosos. Que no esperan que ocurra nada más, quizás porque no creen que la belleza exista. Sin embargo, en el desierto de nuestras calles ella pasa, rompiendo el delgado límite y llenando nuestros ojos de infinito deseo.

Pier Paolo Pasolini

viernes, 16 de febrero de 2018

Ver, mirar


Hay que fijarse mucho para ver lo que ocurre delante de uno. Cuesta trabajo, supone un abnegado esfuerzo, ver lo que está uno mirando. Era algo que lo tenía hipnotizado, las profundidades posibles en la desaceleración del movimiento, las cosas que ver, la profundidad de las cosas que tan fácilmente no es percibida en la costumbre superficial de ver.

Don DeLillo
Punto omega
Ed. Seix Barral, 2010
Trad. Ramón Buenaventura

Fot. Joné Reed

jueves, 8 de febrero de 2018

Espectador


Como espectador, sólo me interesaba la fotografía por "sentimiento", quería profundizar en ella, no como cuestión (tema) sino como herida: veo, siento, luego noto, miro y pienso.

Roland Barthes
La cámara lúcida
Ed. Paidós, 2009
Trad. Joaquim Sala-Sanahuja

Fot. Francesca Woodman
Self-Deceit #3, Roma, 1978

lunes, 5 de febrero de 2018

Ver, mirar


Hasta el acto tan simple que denominamos “ver a una persona que conocemos” es en parte un acto intelectual. Llenamos la apariencia física de la persona que vemos con todas las nociones que tenemos sobre ella y, en la imagen total que nos hacemos, esas nociones ocupan desde luego la mayor parte. Terminan por hinchar de forma tan perfecta las mejillas, por seguir con una adherencia tan cabal la línea de la nariz, se empeñan con tanta eficacia en matizar tan bien la sonoridad de la voz como si ésta sólo fuera una envoltura transparente que, siempre que vemos ese rostro y oímos esa voz, son esas nociones lo que encontramos, lo que escuchamos.

En busca del tiempo perdido (Vol. 1):
Por la parte de Swann
Ed. Lumen, 2000
Trad. Carlos Manzano

Fot. Roberta Gregorace
I'm just an ordinary woman

viernes, 26 de enero de 2018

Dijo el árbol


Qué serenidad mirar lento,
continuo, siempre
el mismo paisaje.
Dijo el árbol.
El leñador oyó un susurro,
pero no supo de dónde venía.

Nubes y Claros seguido de Pájaro sin rama
Ed. Babilonia, 2013

Fot. Anon. Chestnust in Campanario
Madeira Island, Portugal

miércoles, 24 de enero de 2018

No se detienen


En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas una de la otra, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.

Ed. Siruela, 2013
Trad. Aurora Bernárdez

Fot. Tina Berning

lunes, 18 de diciembre de 2017

Continuaba mirando


Había en él algo de desarraigado, como si no perteneciera a ninguna ciudad, como si no tuviese una calle, una pared, una pulgada de terreno de los que se pudiese decir que eran su casa. Y era como si llevase constantemente consigo todo lo que sabía, del mismo modo que se lleva una bandera; con algo de cruel, de solitario, de altanero. «Como si atravesase una racha de mala suerte que esperaba que se acabase pronto, sin importarle un ápice la manera de salir de ella.» decían. Su rostro sombrío, impregnado de una calma desdeñosa, continuaba mirando…

William Faulkner
Luz de agosto
Ed. Alfaguara, 2010
Trad. Pedro Leucona

Fot. Coal miner in Omar, West Virginia, 1938
Nat. Geo. Archives

jueves, 30 de noviembre de 2017

Ya no eres más que un ojo


Ya no eres más que un ojo. Un ojo inmenso y fijo, que lo ve todo, tanto su cuerpo desplomado como a ti, mirándote mirar, como si estuviera completamente girado dentro de su órbita y te contemplara sin decir nada, a ti, el interior de ti, tu interior negro, vacío, glauco, aterrado, impotente. Te mira y te paraliza. Nunca dejarás de verte. No puedes hacer nada, no puedes escaparte, no puedes escapar a tu mirada, no podrás nunca: aunque lograras dormirte tan profundamente que ningún sobresalto, ninguna llamada, ninguna quemadura pudieran despertarte, seguiría estando allí ese ojo, tu ojo, que no se cerrará jamás, que no se dormirá jamás.
Te ves, te ves verte, te miras mirarte. Aunque te despertaras, tu visión permanecería idéntica, inmutable. Aunque lograras añadirte miles, millones de párpados, estaría todavía, detrás, ese ojo, para verte. No estás dormido, pero el sueño ya no vendrá. No estás despierto y no te despertarás jamás. No estás muerto y ni siquiera la muerte sería capaz de liberarte.

Georges Perec
Un hombre que duerme
Ed. Impedimenta, 2009
Trad. Mercedes Cebrián

Fot. Val Telberg, 1948

martes, 14 de noviembre de 2017

La mirada sin dueño


La mirada sin dueño.

He viajado en ferrocarril durante largo tiempo y mirando por la ventanilla, a través de un cristal que por momentos se hacía invisible, me parecía que las casas, los campos, los árboles, las nubes y los infinitos accidentes volaban en torno mío hasta producirme vértigo. He creído enloquecer mirando afuera, intuyendo la secreta estructura de las cosas, dejando que mi mirada se perdiera en lo que pasa, perdiéndome en una mirada que ya no puedo llamar mía. A esa sumisión del alma, plegarse pasivamente ante la belleza en lugar de poseer una idea activa que controle la experiencia, Leon Battista Alberti la llamaba "lentezza d'animo", y creo que Nietzsche denominaba "tener los ojos débiles" a algo semejante: la incapacidad de dirigir el sentido de las cosas con la mirada; sin embargo, prefiero la feliz expresión de Claudio Rodríguez: "esa mirada que no tiene dueño", que cierra su poema "Porque no poseemos (La mirada)", toda una teoría del mirar con desprendimiento.

José Saborit

viernes, 10 de noviembre de 2017

Ver


Ocurre pero, pocas veces,
que uno de nosotros ve de verdad al otro:
una persona se muestra un instante
como en una fotografía, pero con más claridad
y, al fondo,
algo más grande que su sombra.


Self-portrait, Florida, October 23, 2016

martes, 3 de octubre de 2017

El instante de la mirada


La mirada

Sólo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora. Y se detiene entonces, aunque no perdure y sólo sea fugitivamente, sin apenas duración, pues que crea así el instante. El instante que es al par indeleblemente uno y duradero. La unidad, pues, entre el instante fugitivo e inasible y lo que perdura. El instante que alcanza no ser fugitivo yéndose. Inasible. El instante que ya no está bajo la amenaza de ser cosa ni concepto. Guardado, escondido en su oscuridad, en la oscuridad propia, puede llegar a ser concepción, el instante de concebir, no siempre inadvertido.
Y así, la mirada, recogida en su oscuridad paradójicamente, saltando sobre una aporía, se abre y abre a su vez, "a la imagen y semejanza", una especie de, circulación. La mirada recorre, abre el círculo de la aurora que sólo se dio en un punto, que se muestra como un foco, el hogar, sin duda, del horizonte. Lo que constituye su gloria inalterable.

María Zambrano
La mirada
en De la Aurora
Ed. Turner, 1999

sábado, 30 de septiembre de 2017

La casa de la mirada


La casa de la mirada

A Matta

Caminas adentro de ti mismo y el tenue reflejo serpeante que te conduce
no es la última mirada de tus ojos al cerrarse ni es el sol tímido golpeando tus párpados:
es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos: llamadas, respuestas, llamadas,
hilo de claridades entre las altas yerbas y las bestias agazapadas de la conciencia a obscuras.
Sigues el rumor de tu sangre por el país desconocido que inventan tus ojos
y subes por una escalera de vidrio y agua hasta una terraza.
Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y los tintineos,
la terraza, suspendida en el aire, es un cuadrilátero de luz, un ring magnético
que se enrolla en sí mismo, se levanta, anda y se planta en el circo del ojo,
géiser lunar, tallo de vapor, follaje de chispas, gran árbol que se enciende y apaga y enciende:
estás en el interior de los reflejos, estás en la casa de la mirada,
has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a ti mismo por un puente de latidos:
EL CORAZÓN ES UN OJO.

Estás en la casa de la mirada, los espejos han escondido todos sus espectros,
no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas han abandonado sus cuerpos,
no son cosas, no son ideas: son disparos verdes, rojos, amarillos, azules,
enjambres que giran y giran, espirales de legiones desencarnadas,
torbellino de las formas que todavía no alcanzan su forma,
tu mirada es la hélice que impulsa y revuelve las muchedumbres incorpóreas,
tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, la estatua inmóvil en la plaza del insomnio,
tu mirada teje y desteje los hilos de la trama del espacio,
tu mirada frota una idea contra otra y enciende una lámpara en la iglesia de tu cráneo,
pasaje de la enunciación a la anunciación, de la concepción a la asunción,
el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, la mirada tiene dos manos,
estamos en la casa de la mirada y no hay nada que ver, hay que poblar otra vez la casa del ojo,
hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fieles a la vista, hay que
CREAR PARA VER.

La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento teje y desteje la trama,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio infinito,
eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el ojo que taladra y el ojo tejedor,
al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay ríos y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
en tu sangre navegan imperios, turbinas, bibliotecas, jardines,
también hay animales, plantas, seres de otros mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los otros mundos,
entras en lo que vio el astrónomo en su telescopio, el matemático en sus ecuaciones:
el desorden y la simetría, el accidente y las rimas, las duplicaciones y las mutaciones,
 el mal de San Vito del átomo y sus partículas, las células reincidentes, las inscripciones estelares.

Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos estado,
el lugar del encuentro entre esto y aquello está aquí mismo y ahora,
somos la intersección, la X, el aspa maravillosa que nos multiplica y nos interroga,
el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del mundo y de cada uno de nosotros.
Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa, como las granes transparentes de André Breton,
vehículos de materia sutil, cables entre éste y aquel lado,
los hombres somos la bisagra entre el aquí el allá, el signo doble y uno, V y ^ ,
pirámides superpuestas unidas en un ángulo para formar la X de la Cruz,
cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago y volcán, hombre y mujer,
el mapa del cielo se refleja en el espejo de la música,
donde el ojo se anula nacen mundos:
LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO EN EL SUEÑO.

La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no es la tierra,
el hombre no es este mundo ni los otros mundos que hay en este mundo y en los otros,
el hombre es la boca que empaña el espejo de las semejanzas y dice sí,
el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda floja de una sonrisa,
el espejo universal que refleja otro mundo al repetir a éste, el que transfigura lo que copia,
el hombre no es el que es, célula o dios, sino el que está sienpre más allá.
Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de las substancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementos riman con nuestros deseos y apetitos,
pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco, pintar el eslabón:
El Vértigo de Eros es el vahído de la rosa al mecerse sobre el osario,
la aparición de la aleta del pez al caer la noche en el mar es el centelleo de la idea,
tú has pintado al amor tras una cortina de agua llameante
PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROCÍO.

En el espejo de la música las constelaciones se miran antes de disiparse,
el espejo se abisma en sí mismo anegado de claridad hasta anularse en un reflejo,
los espacios fluyen y se despeñan bajo la mirada del tiempo petrificado,
las presencias son llamas, las llamas son tigres, los tigres se han vuelto olas,
cascada de transfiguraciones, cascada de repeticiones, trampas del tiempo:
hay que darle su ración de lumbre a la naturaleza hambrienta,
hay que agitar la sonaja de las rimas para engañar al tiempo y despertar al alma,
hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar los parques con risa solar y lunar,
hay que aprender la tonada de Adán, el solo de la flauta del fémur,
hay que construir sobre este espacio inestable la casa de la mirada,
la casa de aire y de agua donde la música duerme, el fuego vela y pinta el poeta.


Kentucky 1964

martes, 26 de septiembre de 2017

De la mirada y la seducción


La mirada cristaliza discursos, símbolos, concepciones e ideas; por esta causa existe la certeza de que ella nunca es absolutamente transparente ni refleja de manera objetiva lo que sucede ante los ojos del espectador. El observante siempre porta lentes que lo obligan a decir que el mundo es de tal o cual manera: la objetividad frente al otro es un sueño nunca alcanzado.

Carolina Serrano y otros
De la mirada y la seducción
UAE México, 2011

Fot. Philippe Halsman
Silvana Mangano 1951


jueves, 7 de septiembre de 2017

Iba yo a moverme...


Iba yo a moverme una vez más para que no pudiera verme, pero no tuve tiempo ni lo necesité. ¿Qué vi? Frente a frente, en aquel patio en el que no se habían encontrado, seguro, nunca -pues el Sr. de Charlus sólo acudía al palacete de Guermantes por la tarde, en las horas en que Jupien estaba en su oficina-, el barón, tras haber abierto de par en par sus ojos entornados, miraba con una atención extraordinaria al antiguo chalequero en el umbral de su tienda, mientras éste, clavado de súbito al suelo delante del Sr. de Charlus, arraigado como una planta, contemplaba con expresión maravillada la opulencia del envejecido barón. Pero, al haber cambiado la actitud del Sr. de Charlus, la de Jupien cobró -cosa más asombrosa aún- armonía, como conforme a las leyes de un arte secreto, con ella. El barón, quien ahora intentaba disimular la impresión que había sentido, pero, pese a su indiferencia afectada, parecía alejarse con pesar, iba, venía, ponía la mirada perdida del modo que, a su juicio, mejor hacía resaltar la belleza de sus pupilas, adoptaba una expresión fatua, descuidada, ridícula.

En busca del tiempo perdido (Vol. 4):
Sodoma y Gomorra
Ed. Lumen, 2011
Trad. Carlos Manzano

Fot. Jane Reece
Interior 1921

Nos ven mirar


La mirada es la experiencia fundamental de la comunicación, es conocimiento del otro, del otro como sujeto, es la presencia de la otra subjetividad en nuestras vidas. El que nos mira (la otra subjetividad, la otra conciencia) le podemos temer porque se puede enfrentar a nuestra libertad, es un ser que nos valora y pone en cuestión lo que somos, lo que queremos, nuestro ser. Sartre, en "El ser y la nada", narra la escena donde miramos por el ojo de la cerradura, espiamos; nuestra conciencia atiende a lo que ocurre en la habitación, está dirigida a las cosas, no atendemos a nosotros mismos, pero, de repente, sentimos que alguien nos mira, nos ven espiando, sentimos la conciencia del otro, de su presencia, y no del otro como una mera cosa más sino como sujeto, como alguien del que se puede esperar una conducta que nos pueda comprometer o juzgar y a la vez somos conscientes de nosotros mismos.

De la mirada y la seducción
Volumen 6, Nº 24, 2011


miércoles, 6 de septiembre de 2017

La seducción de los ojos


La seducción de los ojos. La más inmediata, la más pura. La que prescinde de palabras, sólo las miradas se enredan en una especie de duelo, de enlazamiento inmediato, a espaldas de los demás, y de su discurso: encanto discreto de un orgasmo inmóvil y silencioso. Caída de intensidad cuando la tensión deliciosa de las miradas luego se rompe con palabras o con gestos amorosos. Tactilidad de las miradas en la que se resume toda la sustancia virtual de los cuerpos (¿de su deseo?) en un instante sutil, como en una ocurrencia –duelo voluptuoso y sensual y desencarnado al mismo tiempo– diseño perfecto del vértigo de la seducción, y que ninguna voluptuosidad más carnal igualará en lo sucesivo. Esos ojos son accidentales, pero es como si estuvieran posados desde siempre en usted. Privados de sentido, no son miradas que se intercambian… signos puros, intemporales… Todo sistema que se absorbe en una complicidad total, de tal modo que los signos ya no tienen sentido, ejerce por eso mismo un poder de fascinación extraordinario.

Jean Baudrillard
De la seducción
Ed. Cátedra 2001
Trad. Elena Benarroch

Fot. Saul Leiter

martes, 5 de septiembre de 2017

Soy


Transformo para mí la frase imbécil y criminal del profeta de ustedes, ese “Pienso, luego existo”, que tanto me hizo sufrir, pues mientras más pensaba, menos me parecía ser y digo: “Me ven, luego soy”. Ya no tengo que soportar la responsabilidad de mi transcurrir pastoso… Vuelvo hacia la noche y hacia mi faz nocturna y eterna, me erijo como un desafío y digo a Dios: “Aquí estoy, tal y como Tú me ves, tal como soy. ¿Qué puedo hacer sino soportarme?. Y Tú cuya mirada me crea eternamente, sopórtame”… Soy finito e infinitamente culpable. Pero yo soy. Ante Dios y ante los hombres. Soy.

Jean-Paul Sartre
Los caminos de la libertad:
II El aplazamiento
Ed. Losada, 1968

Fot. Paul Nougé
Woman Frightened by a String, 1929

Mirada


Aunque cierre los ojos y sueñe de noche, aunque los abra y observe atentamente las cosas reales a la luz resplandeciente del sol, aunque su mirada se aleje y se extravíe, o vuelva los ojos al libro que tiene entre las manos, aunque espíe una película sentado en la oscuridad o se quede absorto mirando un cuadro, el hombre es una mirada deseante que busca otra imagen detrás de todo lo que ve.
La fascinación es la percepción del ángulo muerto del lenguaje. Por eso la mirada es siempre oblicua.

Pascal Quignard
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

Fot. Tunguska.RdM

Mirar


Quien realmente aprende a mirar se acerca a lo invisible.

Microlitos
Revista de Occidente, Enero 2014