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martes, 20 de octubre de 2020

La lentitud y el olvido



Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él.
(...)
En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido. Pueden deducirse varios corolarios de esta ecuación, por ejemplo éste: nuestra época se entrega al demonio de la velocidad y por eso se olvida tan fácilmente a sí misma. Ahora bien, prefiero invertir esta afirmación y decir: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el paso porque quiere que comprendamos que ya no desea que la recordemos; que está harta de sí misma; que quiere apagar la temblorosa llamita de la memoria.

Milan Kundera
La lentitud

Fot: Mark Citret 
Death Valley 2014

viernes, 20 de septiembre de 2019

La lentitud



¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud?... Cada nueva posibilidad de la existencia, incluso la menos probable, transforma la existencia entera… Asciende por sus hipérboles como quien sube los peldaños de una escalinata que conduce al cielo… Está levantada… habla calmada, pausadamente, en voz baja, sibilante. Y luego empieza a desnudarse. Es la primera vez que se desnuda delante de él con tal ausencia de pudor, con tan declarada indiferencia… Ese cuerpo que solía entregarse con sencillez y rápidamente, se yergue ante él como estatua griega en un pedestal de cien metros de altura. Está loco de deseo y es un deseo extraño que no se manifiesta sensualmente, sino que llena su cabeza y sólo su cabeza, deseo como fascinación cerebral, idea fija, locura mística, la certeza de que ese cuerpo, y ningún otro, está destinado a colmar su vida, toda su vida. Ella siente con fascinación esa devoción, se le pega a la piel y una oleada de frialdad le sube a la cabeza. Ella misma se sorprende, jamás había conocido semejante oleada… porque esa frialdad es en realidad una pasión.

Mila Kundera
La Lentitud

Fot. Lewis Sayre

Fuente: Marisa López Facebook

viernes, 26 de enero de 2018

Dijo el árbol


Qué serenidad mirar lento,
continuo, siempre
el mismo paisaje.
Dijo el árbol.
El leñador oyó un susurro,
pero no supo de dónde venía.

Nubes y Claros seguido de Pájaro sin rama
Ed. Babilonia, 2013

Fot. Anon. Chestnust in Campanario
Madeira Island, Portugal

martes, 12 de septiembre de 2017

Lentitud y memoria


Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido. Evoquemos una situación de lo más trivial: un hombre camina por la calle. De pronto, quiere recordar algo, pero el recuerdo se le escapa. En ese momento, mecánicamente, afloja el paso. Por el contrario, alguien que intenta olvidar un incidente penoso que acaba de ocurrirle acelera el paso sin darse cuenta, como si quisiera alejarse rápido de lo que, en el tiempo, se encuentra aún demasiado cercano a él.
En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido.

Milan Kundera
La lentitud
Ed. Tusquets, 2005
Trad. Beatriz de Moura

Gif: from the Unkle's Follow Me Down video

miércoles, 26 de julio de 2017

La luna y el elefante rosa



He olvidado ya hace tiempo
la dócil lentitud de los molinos.

Mucho antes de la hora de los vagabundos,
y a través de arboledas heladas,
caminé largamente hacia la mansedumbre.

Busqué los prados donde pastan
los bueyes más antiguos.

Mi voz será como un paréntesis de duda.


miércoles, 28 de junio de 2017

La lentitud


Mientras conversa, Madame de T. va cercando el terreno, va preparando la siguiente etapa de los acontecimientos, dando a entender a su acompañante qué debe pensar y cómo debe actuar. Lo hace con finura, con elegancia e indirectamente, como si hablara de otra cosa. Organiza no sólo el futuro inmediato, sino también el futuro más lejano, insinuándole al caballero que de ningún modo ella quiere entrar en competencia con la Condesa, de la que él no debería querer separarse. Le da una clase condensada  de educación sentimental, le enseña su filosofía práctica del amor, que hay que liberar de la tiranía de las reglas morales y proteger mediante la discreción, la suprema virtud de todas las virtudes.

En semejante espacio tan razonablemente organizado, acotado, trazado, calculado, medido, ¿hay algún resquicio para una espontaneidad, para una ‘locura’?, ¿dónde está el delirio, dónde la ceguera del deseo, l’amour fou que idolatraron los surrealistas, dónde está el olvido de sí? ¿Dónde quedan todas esas virtudes de la sinrazón que han formado nuestra idea del amor? No, aquí no tienen nada que hacer. Porque Madame de T. es la reina de la razón.

La veo conduciendo al caballero en la noche de luna. Ahora se detiene y le enseña los contornos de un tejado que se desdibuja en la penumbra; ¡ah, de cuántos momentos voluptuosos habrá sido testigo este pabellón, qué pena, le dice ella, que no lleve encima la llave! Se acercan a la puerta y (¡qué raro! ¡Cuán inesperado!) ¡el pabellón está abierto!

¿Por qué habrá dicho que no llevaba encima la llave? ¿Por qué no le habrá informado enseguida de que ya no cierran el pabellón? Todo está concertado, maquinado, todo es artificial, todo está puesto en escena, nada es sincero, o, por decirlo de otra manera, todo es arte; en tal caso, arte de prolongar el suspense, mejor aún: arte de mantenerse el mayor tiempo posible en estado de excitación.

Milan Kundera
La lentitud
Ed. Tusquets, 2005
Trad. Beatriz de Moura

Fot. Isabel Pérez Navarro

domingo, 12 de junio de 2016

La luna y el elefante rosa

Columna Torelló


He olvidado ya hace tiempo la dócil lentitud de los molinos.

Mucho antes de la hora de los vagabundos, y a través de arboledas heladas,
caminé largamente hacia la mansedumbre. Busqué los prados donde pastan
los bueyes más antiguos.

Mi voz será como un paréntesis de duda.

Julio Llamazares