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martes, 22 de mayo de 2018

Niza, octubre


Niza, octubre.

La boca me duele de morderme,
el chiquillo anticuado del cuadro,
el gato en la silla, los periódicos en la mesa, 
parerga und paralipomena.

Recuerdos de Proust, Couperus, Marienbad,
el tic-tac de las fichas, el papel de las palmeras,
el mar perentorio.

Él está perfecta y temerosamente presente.
Muerte, amor, amor ridículo, la lista completa.
!Y continúa!

GW 1, 293
Ed. Siruela, 2012
Trad. Felip Lorda


martes, 26 de septiembre de 2017

De la mirada y la seducción


La mirada cristaliza discursos, símbolos, concepciones e ideas; por esta causa existe la certeza de que ella nunca es absolutamente transparente ni refleja de manera objetiva lo que sucede ante los ojos del espectador. El observante siempre porta lentes que lo obligan a decir que el mundo es de tal o cual manera: la objetividad frente al otro es un sueño nunca alcanzado.

Carolina Serrano y otros
De la mirada y la seducción
UAE México, 2011

Fot. Philippe Halsman
Silvana Mangano 1951


domingo, 30 de abril de 2017

Por el tenue puente vinieras



Extrañeza, misterio y delicia…
como si de la negrura oscilante
de alguna mascarada en cámara lenta
por el tenue puente vinieras.

Y la noche fluía, y el silencio flotaba
en sus arroyos satinados
ese perfil de lobo en la negra máscara
y esos tiernos labios tuyos.

Y bajo el castaño, por el canal
pasaste tu anzuelo de reojo.
¿Qué comprendió mi corazón en ti,
cómo me moviste de esta forma?

En tu ternura momentánea
o en el contorno oscilante de tus hombros,
¿advertí un bosquejo pálido
de otros — irrevocables— encuentros?

¿Acaso una romántica piedad
te llevó a entender
lo que dejara temblando a esa flecha
que ahora se incrusta en mis palabras?

No sé nada. Curiosamente
el verso vibra, y en él, la flecha…
¿Tal vez tú, todavía sin nombre, eras
la genuina, la esperada?

Pero no bien apareció el dolor
logró perturbar nuestra hora estrellada.
Regresó a la noche la fisura gemela
de tus ojos, ojos sin alumbrar.

¿Por cuánto? ¿Por siempre? Por lo pronto
sigo andando, queriendo escuchar
la revolución de estrellas sobre nuestro encuentro
por si tú ya fueras mi destino…

Extrañeza, misterio y delicia,
como de una súplica distante.
Mi corazón debe seguir andando.
Excepto si tú ya fueras mi destino…

Vladimir Nabokov escribió este poema horas después de conocer a Vera, la que sería su mujer y editora durante 50 años.

Trad. Olga Voronina