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martes, 20 de febrero de 2018

Conocer


Conocer el cuerpo de una mujer es una tarea tan lenta y tan encomiable como aprender una lengua muerta. Cada noche se añade una nueva comarca a nuestro placer y un nuevo signo a nuestro ya cuantioso vocabulario. Pero siempre quedarán misterios por desvelar. El cuerpo de una mujer, todo cuerpo humano, es por definición infinito. Uno empieza por tener acceso a la mano, ese apéndice utilitario, instrumental, del cuerpo, siempre descubierto, siempre dispuesto a entregarse a no importa quién, que trafica con toda suerte de objetos y ha adquirido, a fuerza de sociabilidad, un carácter casi impersonal y anodino, como el del funcionario o portero del palacio humano. Pero es lo que primero se conoce: cada dedo se va individualizando, adquiere un nombre de familia, y luego cada uña, cada vena, cada arruga, cada imperceptible lunar. Además no es sólo la mano la que conoce la mano: también los labios conocen la mano y entonces se añade un sabor, un olor, una consistencia, una temperatura, un grado de suavidad o de aspereza, una comestibilidad. Hay manos que se devoran como el ala de un pájaro; otras se atracan en la garganta como un eterno cadalso. ¿Y qué decir del brazo, del hombro, del seno, del muslo, de…? Apollinaire habla de las Siete Puertas del cuerpo de una mujer. Apreciación arbitraria. El cuerpo de una mujer no tiene puertas, como el mar.

Julio Ramón Ribeyro
Prosas apátridas
Ed. Seix Barral, 2007

sábado, 10 de febrero de 2018

La sangre, el mar.


Las condiciones de cuando la vida todavía no había nacido de los océanos no han cambiado mucho en las células del cuerpo humano, bañadas por la ola primordial que sigue circulando en las arterias. 
En efecto, nuestra sangre tiene una composición química análoga a la del mar de los orígenes, del que las primeras células vivientes y los primeros seres pluricelulares obtenían el oxígeno y los demás elementos necesarios para la vida. 
Con la evolución de organismos más complejos el problema de mantener el máximo número de células en contacto con el ambiente líquido ya no pudo ser resuelto simplemente a través de la expansión de la superficie exterior: se vieron aventajados los organismos dotados de estructuras cóncavas, dentro de las cuales el agua del mar podía fluir. 
Pero fue sólo con la ramificación de estas cavidades en un sistema de circulación sanguínea cuando la distribución del oxígeno fue garantizada al conjunto de las células, haciendo así posible la vida terrestre. 
El mar en el que un tiempo los seres vivientes estaban sumergidos, ahora está encerrado dentro de sus cuerpos.

Italo Calvino
Todas las cosmicómicas
Ed Siruela, 2007
Trad. Ángel Sánchez Gijón

Fot. Paul Wunderlich

martes, 5 de diciembre de 2017

El mar


Por allá estará el mar
el que voy a comprarme
que veré para siempre
que aullará llamará
extenderá las manos
se hará el manso el hermoso
el triste el olvidado
el azul el profundo
el eterno el eterno
mientras los días se vayan
la vida se me canse
el cuerpo se me acabe
las manos se me sequen
el amor se me olvide
frente a su luz
su amor
su belleza
su canto.


domingo, 16 de octubre de 2016

La mar


La mar es impintable, indescriptible, inaferrable, incomprensible y de una indiferencia total.

Josep Pla
La vida básica: antología mínima de Josep Pla
Ed. UNAM, 2004

Fot. M. C. Escher
Segundo día de la Creación

sábado, 16 de julio de 2016

El mar


También el mar, hoy,
tiene el alma llena de madurez.
-Se le oye la adolescencia
en el vidrio del aire
llena de fragmentos de vísperas
y de intactas navegaciones oscuras.-
Así. Más allá. Ahora de la sombra:
¿No te duele el canto,
-redondez tibia de beso preciso-
del sol en la sombra?"

También el mar, hoy
De "Mar ao Norde" 1932

Fot, Iceberg 1861, sin datos

martes, 7 de junio de 2016

La memoria de los cuervos

Xiomara Berrios

Y sin embargo te recuerdo.
Te recuerdo como si no existieses.
Pienso en ti como se piensa
en un ser imaginario,
por ejemplo, qué sé yo,
un unicornio, un centauro, Dios.

Te recuerdo como a un espectro,
como a un personaje de ficción,
como a las personas
que aparecen en sueños.

Y sin embargo te recuerdo.
Te recuerdo más allá
de los caminos y los días.
Con la impresión de no volver a verte
nunca.

Casi sin querer, pienso en ti con desidia,
con resignación, con apatía,
con una mezcla
de alegría y de tristeza,
con nostalgía, con hastío, con anhelo,
emoción, incertidumbre.

Pienso en ti con la cabeza, con las manos,
con las piernas,
con la garganta, con los labios, con los ojos
abiertos o cerrados.

Y me canso de olvidarte.
Me harto de olvidarte.
Me aburro de olvidarte.

Y sin embargo...


Damaris Casas


domingo, 9 de agosto de 2015

Punto de vista


-¿Por qué no hablas?, preguntó. ¿Por qué estás tan callado? Es una crueldad de tu parte. Tironeó la cortina con gesto caprichoso. ¿No te parece que es una vista hermosísima?
-Sí. Es hermosísima. Pero yo estaba pensando en lo hermosa que eres tú. 

Yasunari Kawabata

Fot: Kiyoshi Yamaguchi



Birdy
Not about angels

lunes, 3 de agosto de 2015

El hombre y el mar


Hombre libre, ¡tú siempre preferirás la mar!
es tu espejo la mar; y contemplas tu alma
en el vaivén sin fin de su lámina inmensa,
y tu espíritu no es menos amargo abismo.

Y gozas sumergiéndote al fondo de tu imagen;
tus miembros la acarician y hasta tu corazón
se olvida por momentos de su propio rumor
ante el hondo quejido indomable y salvaje.

Ambos sois tenebrosos a la vez que discretos:
Hombre, nadie ha explorado tus abísmales fondos,
¡oh mar, nadie conoce tus íntimas riquezas,
Tanto guardáis, celosos, vuestros propios secretos!

Y entretanto han pasado innumerables siglos
desde que os combatís sin tregua ni piedad,
hasta tal punto amáis la muerte y la matanza
¡oh eternos gladiadores, oh implacables hermanos!

Charles Baudelaire
L'homme et la mer

Fot: Naturanegavit

Now We Are Free
Lisa Gerrard

viernes, 22 de enero de 2010

La mirada ciega



¿Ahí está el mar? Muy bien, que pase.
Dadme
la gran campana, la de raza verde.
No, ésa no es, la otra, la que tiene
en la boca de bronce una ruptura,
y ahora, nada más, quiero estar solo
con el mar principal y la campana.
Quiero no hablar por una larga vez,
silencio, quiero aprender aún,
quiero saber si existo.

Pablo Neruda
El mar y las campanas

Fot: Pierre Gonnord, Testigos



viernes, 1 de enero de 2010