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viernes, 24 de mayo de 2019

Elegía

 


Elegía

Yo temía por su sonrisa.
Ella era aquella profundamente meditativa
a la que todo le nacía de los ojos
a la que nada le nacía de los ojos.

Sabía su sino por experiencia
y esto le había dado una melancolía graciosa de
ángel herido.

Ella era aquella que quería que yo le guardase
el secreto
de como todo le nacía de los ojos
de como nada le nacía de los ojos.

Álvaro Cunqueiro

De "Poemas do si e non" 1933
Versión de Vicente Araguas

Fot: s/d


domingo, 19 de mayo de 2019

Los profesionales de la angustia


Yo, que no desconozco los grandes temas del siglo, y estoy atento a eso que llaman la coyuntura histórica, y acepto la gran patética de mi tiempo y quiero ayudar, en lo que me sea posible y aún bastante más, al hombre de estos días, tantas veces puesto en el filo de la navaja, no me dejo asustar por los profesionales de la angustia, y busco en la gran peripecia humana, tantas veces mágica aventura, tantas veces sueños espléndidos y mitos trágicos, la razón de continuar.

Álvaro Cunqueiro

Fot. de la actriz Billie Burke s/d

domingo, 20 de mayo de 2018

Este es el punto exacto


Este es el punto exacto...

Este es el punto exacto.
Aquí
-entre la cuerda rota
e inmóvil de las horas-
se para
cristalina
la rueda de la noche.

Aquí
-la luna entre salas desiertas
de madurez-
comienza
silenciosa
la rueda del alba.

De "Mar ao Norde" 1932

Fot. Masao Yamamoto #1021
(from the series Nakazora), 2001

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ni Donde Viviré Por Largos Años


Ni donde viviré por largos años,
ciudad prometida primavera,
ni donde amante amor aguarda.
Atravesando la tierra, la temerosa rueda,
quizá un árbol florecido pueda
sostener la derramada soledad.
Quizá en la sombra aquella se encontrara
sed abundante, sangre, carne, hueso,
en que albergar la voz que ahora huye.

Ni Donde Viviré Por Largos Años 

Tumba de Kazimir Malévich
con uno de sus cuadrados negros, 1935

viernes, 16 de junio de 2017

Cortesía


En un texto recogido por Juan Malara se enumeran los lutos que en el siglo XVI guardaban las viudas murcianas: el de recibo, el de consuelo, cinco de recuerdo y dos de alivio. En el primero, todos los que visitaban a la viuda, y que era exclusivamente personal femenino, renovaban el pésame y se sentaban en silencio una hora larga alrededor de la desconsolada, la cual se salvaba de vez en cuando con agua de azahar. Después del cabo de año, comenzaba el año de consuelo, en el que las visitas charlaban del tiempo, de un predicador célebre que conmovía a los fieles de tal o tal iglesia, de rogativas, de un prodigio que aconteció en Orihuela, y de bordados con lema. Al entrar en el primer año de recuerdo, la viuda convidaba a las visitas a frutas confitadas y bizcocho, y corrían en las veladas, discretamente, pequeñas copitas de vino dulce. Los otros años de recuerdo, estaban constituidos por visitas normales, con refresco y merienda; las visitas ponían a la viuda al tanto de las cosas que pasaban en la villa o ciudad, todo lo referente a casorios, bautizos y difuntos, amores que sonaban, y al final , incluso asuntos un poco picantes en los que siempre asomaba por la puerta de un patio interior la cabeza redonda de un canónigo. Luego, venían los años de alivio, y como ya no sabían que más cargas echarle encima a la viuda, la dejaban tirada en su salón.

Y no obstante todos los lutos, los encierros y las vigilancias, la verdad es que hubo muchas viudas alegres, y bastantes que pasaron a segundas nupcias, saltándose varios años de luto. Eso sí, cumpliendo con una cortesía cuya delicadeza salta a la vista: el nuevo marido vestía de riguroso luto todos los años que le faltaban a la viuda para cumplir al primer marido. Algunos segundos maridos protestaron diciendo que se sentían como cornudos, con tanto difunto interpuesto, y aducieron a la autoridad eclesiástica que aquella obsesión del finado no les dejaba gozar del matrimonio con la facilidad necesaria para engendrar hijos varones, diligentes, aficionados a las artes y a las letras, y bien dotados para la milicias de Su Majestad Católica. Se cree que fue el especioso argumento militar el que abolió la cortesía del luto de cumplido.


Composition, 1928

miércoles, 17 de mayo de 2017

El punto exacto



Este es el punto exacto...

Este es el punto exacto.
Aquí
-entre la cuerda rota
e inmóvil de las horas-
se para
cristalina
la rueda de la noche.

Aquí
-la luna entre salas desiertas
de madurez-
comienza
silenciosa
la rueda del alba.

De "Mar ao Norde" 1932

from the series Nakazora, 2001

sábado, 16 de julio de 2016

El mar


También el mar, hoy,
tiene el alma llena de madurez.
-Se le oye la adolescencia
en el vidrio del aire
llena de fragmentos de vísperas
y de intactas navegaciones oscuras.-
Así. Más allá. Ahora de la sombra:
¿No te duele el canto,
-redondez tibia de beso preciso-
del sol en la sombra?"

También el mar, hoy
De "Mar ao Norde" 1932

Fot, Iceberg 1861, sin datos

Nada hubo


Sin que nadie lo supiera
hubo un momento puro
en el que nada hubo.
Ahora,
en la palma del agua,
de la sombra el fruto del instante aquel.

Mar ao Norde, 1932

viernes, 22 de abril de 2016

El oficio de soñar


Alguien dijo que había ciudades para soñar
al otro lado de las montañas.
No dijo si estaban suspendidas en el aire,
sumergidas en las lagunas,
o perdidas en el corazón del bosque.
Los que allá fueron nada encontraron,
ni altas torres ni jardines
ni mujeres hilando en el atrio,
ni un muchacho aprendiendo a tocar la gaita.
Solo yo traje algo para seguir soñando
algo visto y no visto en la niebla de la mañana,
algo que era una flor o un mirlo de oro
o un pie descalzo de mujer,
un sueño de otro que se ponía a dormir en mi,
echado en mis ojos,
pidiéndome que lo soñase mas allá de las montañas,
donde no hay ciudades para soñar.
Y ahora mi oficio es soñar, y no se
si soy yo quien sueño, o es que por mi sueñan
campos, miradas azules, palomas que juegan con un niño,
o una mano pequeña y fría que me acaricia el corazón.

Al otro lado de las montañas
de Poemas do si e non, 1933

Fot. “Karakoram and western Himalaya 1909,
account of the expedition of H. R. H. Prince Luigi Amadeo of Savoy,
duke of the Abruzzi” (1912)