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sábado, 10 de octubre de 2020

La calma



La calma

Con sigilo despiadado, se evapora al frío del desorden este silencio en gotitas sin consideración. Un desvanecerse en cada latido que, sin embargo, no duele; tal vez sea la costumbre de las heridas abiertas o el arte fingido por la defensa propia. No es de mercado este sangrado facundo de las horas vacías; al contrario, se regala a la mínima ocasión si la luz quiere jugar. Y hace el pino entre las sombras para caerse e imaginar engañándose que todavía puede sonreír.


Fot: s/d

viernes, 22 de marzo de 2019

Colofón


Colofón

Luz…
Cuando mis lágrimas te alcancen
la función de mis ojos
ya no será llorar,
sino ver.

León Felipe

Fot. Sky Ferreira

domingo, 16 de septiembre de 2018

Luz


Expresión secular:
de la nada no sale nada:
algo -al menos de lejos, sombra, al menos,
de una sombra. Nada, es decir: esa hora
del día, esa casa -hasta un encarcelado y condenado 
a muerte, la memoria le ofrece: esa boca.
¿Fuimos en exceso concordes?
Con todo, nuestro fue nuestro mundo;
-y somos ahora sombras sólo de nosotros
mismos- el otro mundo todo, a cambio, es luz. Luz.

Fragmento de ¡Por el año nuevo!
en El canto y la ceniza
Ed. Galaxia Gutenberg
Antología poética. Anna Ajmátova, Marina Tsvetáyeva. 
Trad: Monica Zgustova y Olvido García Valdés

Fot. Jeanloup Sieff
Carolyn Carlson

martes, 24 de abril de 2018

La luz no está en la luz


«La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.»

DÍAS DE OCTUBRE DE 1996

El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.

¿Llorar?
                                   Lloradme nunca.
                                                      Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.

Ed. Galaxia Gutenberg, 2000

lunes, 16 de abril de 2018

La tentación de la luz


La tentación de la luz

Sola, de una colmada soledad
en la noche de abril que empieza
con sus rosas
en el gris del cielo y abre
por un momento la entera luz
del día que va a morir

haciéndome sentir
colmadamente sola
en el sagrado instante
donde este cáliz deja
caer la gota sobre mi boca
que el ansia seca
por los malgastados días
acongoja sin saber por qué

y se abisma en olas
rojas sobre el follaje
del arce o el ciprés
con esa luz extraña
en la última luz del día
tan única y tan colmada
de soledad entre las hojas
como lo estoy yo misma



sábado, 10 de marzo de 2018

El enigma


A veces, como sucede con un cohete teledirigido, la obra de arte se dirige justamente a ese objetivo en tu interior que alberga un enigma semejante al expresado por la propia obra. Sabes de qué va ese enigma, platónicamente existe la posibilidad de que alguna vez encuentres la fórmula para expresarlo, pero tendrás que seguir buscándola y, mientras no la hayas encontrado aún, no se te ocurra desvelar el enigma ni menos aún ofenderlo mediante la invención de una fórmula zafia. Observar, escuchar, leer, eso siempre funciona.

Cees Nooteboom
El enigma de la luz
Ed. Siruela, 2007
Trad. Isabel-Clara Lorda Vidal

Fotografía del álbum privado de Virginia Woolf

viernes, 9 de marzo de 2018

Luz


El estado de ánimo de cualquier escena que representemos en nuestras vidas viene determinado, en gran parte, por la luz que se proyecta sobre nosotros desde arriba. El cielo, en calidad de maestro electricista, proporciona a nuestras acciones una infinita variedad de efectos lumínicos que contribuyen a moldear hasta las emociones que las acompañan. La luz menguante del crepúsculo sirve para el intercambio de intimidades; los chorros de luz de una mañana de primavera, para sentir un placer irracional; la oscuridad de la noche, cuando no cae del cielo ni una pizca de luz, para convertirse en víctima de las propias fantasías; el gris claro e indiferente del cielo encapotado de verano, para estimular la indolencia. ¿Cómo podemos saber en qué medida ha determinado nuestras acciones la luz que nos bañaba mientras las realizábamos?

Paul Bowles,
Desafío a la identidad
Ed. Galaxia Gutenberg, 2013
Trad. Rodrigo Rey Rosa

Fot. ©Kalliope Amorphous

martes, 6 de febrero de 2018

Luz en las tinieblas


Fue la sangre la que cubrió la tierra, y sólo aquellos que conservaban el deseo, que anhelaban más de lo que era posible, vieron el lucero del alba, cómo se alza en su belleza; lo vieron, pero no como si fuera la primera vez, aquel cielo nuevo y aquella tierra nueva de la que se habla en la Escritura, pues no hay palabra humana que no tenga en algún lugar su imagen y no hay amor que en algún lugar no se una con sus manos de alabastro. Y no hay sufrimiento que en algún lugar no llegue a las lágrimas liberadoras. Sea la desesperación o la fe lo que une nuestros días, los ojos demasiado tiempo acostumbrados a las tinieblas de nuevo verán, aunque sea una visión en la oscuridad, y si la reconocen, porque la oscuridad es negra, y si gritan su testimonio sobre la oscuridad, y si hablan con los ojos y con las manos, con todo lo que hay sobre el sabor de esta oscuridad, la oscuridad será negada. Pues si no hay más que tinieblas, cómo no iba a estar la luz en ellas. De ella se trata. 

Jiří Orten
Solo al atardecer
Ed. Pre-Textos, 1996
Trad: Clara Janés

Fot. Hans Malmberg
Tantolunden, Estocolmo, 1953

jueves, 25 de enero de 2018

Final del túnel




¿Qué es un rayo de luz en pleno mediodía? 

Por tanto, es mejor pintar las tinieblas exteriores y, como suele decirse, cargar las tintas. En ese momento cualquier cosa, incluso esos vislumbres y estrellas que flotan en la ceguera, podrá postularse como final del túnel.

Andrés Trapiello
Yo tengo un corazón de carne y hueso

Fot. Masao Yamamoto

lunes, 11 de diciembre de 2017

Noche y sombra


La noche y la sombra
nos disculpa:
libres nos perdemos
escondidos e inocentes
en sueños sin contornos.
Pero llega la luz.
Y volvemos a ser reos.


domingo, 22 de octubre de 2017

Arder


Lo que nadie nos dijo fue que cuando Eva, 
avergonzada de su desnudez,
dejó atrás las puertas del paraíso
se encontró con un niño
que le ofreció un manojo de candelas romanas.
En la primera noche sin inocencia 
ella las encendió una tras otra.
Viendo chisporrotear la luz
comprendió el sentido de la existencia:
Arder.
Iluminar la oscuridad.

Mitos

Project Zero

domingo, 17 de septiembre de 2017

El árbol que da luz


Sé que todos los árboles
habitan más allá,
pero su voz es clara,
cuando la alcanzo a oír.

Tú eres el viento, el viento,
y eres también la nube,
sin forma y sin destino.
Eres también el árbol
que te habla.
El árbol que da luz
cuando tú estás en sombra.

De: Un pez que va por el jardín, 2007
Ed. Tusquets, 2011

lunes, 17 de julio de 2017

Yuxtaposición


Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes. Hay una vieja canción que dice:

Ramajes
reunidlos y anudadlos
una choza
desatadlos
la llanura de nuevo
   
Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera que la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.


Ed. Siruela, 2016
Traducción: Julia Escobar

Fot. František Drtikol

Yuxtaposición


Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes. Hay una vieja canción que dice:

Ramajes
reunidlos y anudadlos
una choza
desatadlos
la llanura de nuevo
   
Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera que la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.


Ed. Siruela, 2016
Traducción: Julia Escobar

Fot. František Drtikol

miércoles, 24 de mayo de 2017

¿Hasta cuándo?



¿Hasta cuándo la luz en la ventana 
y el corazón ansioso 
bebiéndosela a sorbos?

¿Hasta cuándo 
la cacería de sueños 
sin destino?


martes, 2 de mayo de 2017

martes, 20 de diciembre de 2016

El inofensivo


Lloro cuando el sol se pone porque te sustrae a mi vista y porque soy incapaz de llevarme bien con sus rivales nocturnos. Aunque esté bajo y ahora sin fiebre, imposible obrar contra su ocaso, suspender su deshoje, arrancar todavía algún deseo a su fulgor moribundo. Al partir te diluye en su oscuridad igual que el limo del lecho se deslíe en el agua del torrente más allá de los escombros de las riberas destruidas. Dureza y blandura, de nervio tan diferente, causan entonces efectos similares. Dejo de recibir el himno de tu palabra; de repente ya no apareces íntegra a mi lado; lo que aprieta mi mano no es el huso nervioso de tu muñeca sino la rama hueca de un arbolillo cualquiera muerto y ya aserrado. Ya no se pone nombre a nada, sino al escalofrío. Es de noche. Los artificios que se encienden me sorprenden ciego.
No he llorado de verdad más que una sola vez. Al desaparecer, el sol había cercenado tu rostro. Tu cabeza había rodado a la zanja del cielo y yo ya no creía en el mañana.
¿Cuál es el hombre de la mañana, y cuál el de las tinieblas?

René Char   El inofensivo, poema en prosa
Antología esencial
Ed. Pamiela, 1992
Trad. Jorge Riechmann

Fot. Oana Stoian

sábado, 10 de diciembre de 2016

Sombra, luz


Me abismo en la hondura. Recuerdo la primera vez que supe de la Sombra. Fue en aquella casa primera, grande y destartalada. En la alcoba había unas cortinas que de noche temblaban sin motivo y en las que yo veía, medroso, figuras imprecisas e indescriptibles. O en el gran desván, al que nunca me gustaba subir. Pero también en aquella casa supe lo que era la luz: en la yuca del patio empedrado, en la gran pila en la que nos bañábamos en verano, en el jilguero que dejé escapar de la jaula, en un cuaderno que compré en secreto y que no sabía para qué, porque lo abría a solas en el soleado corredor, tumbado sobre un colchón de hojas de maíz, que crujía dulcemente. No sabía qué escribir aún en aquel cuaderno porque me vaciaba la soledad y el silencio de la hora de la siesta, que había que guardar religiosamente; o porque la palabra todavía no se me había revelado. Pero en aquel momento descubrí la luz y era como si la luz, que descendía del Monte Urba, escribiera por mí palabras de luz en aquel cuaderno. Algunas noches subía al templo para robar algunas de las flores de su jardín para el altarcito que había instalado debajo de la escalera, o para escuchar el sonido de la lechuza en la torre.

Antonio Colinas   Memorias del estanque
Ed. Siruela, 2016

Fot. Kansuke Yamamoto