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martes, 27 de noviembre de 2018

Como las hojas


Como las hojas. Exactamente como las hojas. ¿No te gusta que caigan donde caen, al menos un poco? ¿No les das la vuelta para ver lo que está escrito en el envés? A mí me gusta el texto sencillo que puede leerse o no, el texto que mora entre tus pies y los míos, leído o no. El que cae con la lluvia y el viento, aunque nadie lo coja para llevárselo a casa. La vida cayó a tus pies y tú la apartaste de una patada y ella sangró sobre tus zapatos y cuando llegaste a casa tu madre dijo: “Mírate, cubierto de hojas”.
Estabas cubierto de hojas. Te las quitaste una a una, dejando al descubierto la piel desnuda. Todos esos restos. Y cuando lo que tenía que caer cayó por fin, tú lo recogiste y leíste lo que había en el envés. No le encontraste ningún sentido. Lo arrugaste y lo metiste en el bolsillo donde ardió como un carbón encendido. Dime por qué te abandonaron, uno tras otro, quienes te querían .¿No les gustabas?¿No necesitaban, como tú, un corazón que fuera un libro sin la última página? Pasa las hojas.
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Jeanette Winterson
El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas

Collage: Valeria Puzzovio


miércoles, 19 de septiembre de 2018

Somos


Nada tengo en contra de que la gente encadene su vida a un suceso en particular y le de cierta relevancia para que su vida tenga más sentido. Bien sabe Dios que necesitamos de todos los puntos de apoyo que podamos encontrar en la montaña de cristal de nuestra existencia. El problema radica en que por mucho que escalemos, al llegar a la madurez, descubrimos que nos hemos pasado la vida en el mismo lugar. Creíamos que seríamos alguien hasta que nos convertimos en el don nadie que somos. Os lo digo porque lo sé.


Jeanette Winterson
Travesía por el Atlántico
De El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2015
Read. Alejandro Palomas

Fot. Helena Almeida
Montaje con un texto de Pedro Tamen

Disseste: o sol nasceu.
Foi verdadeiramente então que o sol nasceu
e que nos habituámos todos a dizer
que o sol nasceu.
Às vezes pensamos que acontece várias vezes
mas é uma ilusão de óptica que não nos deixa ver
o grande círculo azul em cujo centro
tu dizes eternamente: o sol nasceu.

lunes, 14 de mayo de 2018

Precio


El día estaba envuelto en niebla, que se posaba en su pelaje como una advertencia. Yo escrutaba el futuro, pensaba en lo que tendría que ser para el perro a cambio de lo que él sería para mí. Habría resultado mucho más sencillo si hubiera sido un perro más fácil, es decir, un perro menos inteligente, menos sensible, menos rebosante de aquella jouissance que no debía sufrir daño alguno.
Habría resultado mucho más sencillo de haber sido yo una persona más fácil. Estábamos demasiado expuestos, el perro y yo, nos unía la misma imprudencia. Y el mismo amor. He aprendido lo que cuesta el amor. Nunca hago recuento, pero sé lo que cuesta.


Veinticuatro horas en la vida de un perro
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas

lunes, 11 de septiembre de 2017

martes, 27 de junio de 2017

domingo, 25 de junio de 2017

Olfato


La nariz: el sentido del olfato está, por lo general, menos desarrollado en los seres humanos que en otros animales.
Aún huelo con fuerza los olores del cuerpo de mi amante. El olor a levadura de su sexo. El denso olorcillo en fermentación del pan que sube. Mi amante es una cocina donde guisan perdices. Visitaré su acre guarida de techos bajos y me alimentaré de ella. Tres días sin lavarse y está a punto y caliente. Sus faldas se apartan de ella, su aroma es un aro en torno a sus caderas. 
Ya antes de llegar a la puerta de la casa mi nariz empieza a moverse nerviosamente, puedo olerla cruzando la entrada y acercándose a mí. Es un perfumador de sándalo y lúpulo. Quiero destaparla. Quiero apretar la cabeza contra el muro abierto de sus ingles. Está firme y madura, un oscuro compuesto de alfalfa para el ganado y Madonna del Incienso. Es incienso y mirra, penetrantes olores hermanos de la muerte y la fe. 
Cuando sangra, los olores que conozco cambian de color. Durante eso días tiene hierro en el alma. Huele como un arma de fuego. 
Mi amante está amartillada y lista para disparar. Lleva en la piel el olor de su presa. Me consume al estallar como una blanca nubecilla de humo oliendo a salitre. Al dispararme contra ella todo lo que quiero son las últimas espirales del deseo que van desde su base hasta lo que los médicos llaman los nervios olfativos.


Escrito en el cuerpo
Ed. Lumen, 2017

Fot. Egon Schiele

viernes, 23 de junio de 2017

Los ingredientes secretos


Cómo deseé ser aquella inocente pieza de acero inoxidable cuando se llevó la cucharada de sopa a los labios. Habría cambiado toda la sangre de mi cuerpo por medio litro de caldo vegetal. Déjame ser un taco de zanahoria o un fideo para que me metas en tu boca. Tuve envidia del panecillo. La miré partir y untar cada trocito con mantequilla, empaparlo lentamente en el tazón, dejar que se volviera grueso y grávido, que se hundiese bajo el peso rojo oscuro y que resucitara al glorioso placer de sus dientes.
(...)
Las patatas, el apio, los tomates, todo había pasado por sus manos. Cuando me tomé la sopa la filtré para saborear su piel. Había estado allí, debía quedar algo de ella. La encontraría en el aceite y las cebollas, la detectaría a través del ajo. Sabía que había escupido en la sartén para ver si el aceite estaba a punto. Es un viejo truco, todos los chefs lo hacen, o lo hacían. Y supe, cuando le pregunté qué había en la sopa, que había suprimido el ingrediente fundamental. Te saborearé, aunque sea a través de tu cocina.

Jeanette Winterson
Escrito en el cuerpo
Ed. Lumen, 2017

Los ingredientes secretos


Cómo deseé ser aquella inocente pieza de acero inoxidable cuando se llevó la cucharada de sopa a los labios. Habría cambiado toda la sangre de mi cuerpo por medio litro de caldo vegetal. Déjame ser un taco de zanahoria o un fideo para que me metas en tu boca. Tuve envidia del panecillo. La miré partir y untar cada trocito con mantequilla, empaparlo lentamente en el tazón, dejar que se volviera grueso y grávido, que se hundiese bajo el peso rojo oscuro y que resucitara al glorioso placer de sus dientes.
(...)
Las patatas, el apio, los tomates, todo había pasado por sus manos. Cuando me tomé la sopa la filtré para saborear su piel. Había estado allí, debía quedar algo de ella. La encontraría en el aceite y las cebollas, la detectaría a través del ajo. Sabía que había escupido en la sartén para ver si el aceite estaba a punto. Es un viejo truco, todos los chefs lo hacen, o lo hacían. Y supe, cuando le pregunté qué había en la sopa, que había suprimido el ingrediente fundamental. Te saborearé, aunque sea a través de tu cocina.

Jeanette Winterson
Escrito en el cuerpo
Ed. Lumen, 2017

martes, 20 de junio de 2017

Me has grabado


Me has grabado tu nombre en los hombros, me has distinguido con tu marca. Las yemas de tus dedos se han convertido en bloques de imprenta, estás componiendo un mensaje sobre mi piel que le da sentido a mi cuerpo...

Jeanette Winterson
Escrito en el cuerpo
Ed. Lumen, 2017

martes, 16 de mayo de 2017

Poesía



Tenía dieciséis años y mi madre estaba a punto de echarme de casa para siempre, por haber roto una gran regla, más grande que los libros prohibidos. La regla no solo era Nada De Sexo, sino que añadía terminantemente, Nada De Sexo Con Tu Propio Sexo.

Yo tenía miedo y era infeliz.

Me acuerdo que iba a la biblioteca a recoger las novelas policíacas. Uno de los libros que me encargó mi madre se titulaba Asesinato en la catedral, de T.S. Eliot. Ella dedujo que sería una morbosa historia sobre perversos monjes católicos, cualquier cosa que fuera mala para el Papa le gustaba.
El libro me pareció un poco corto –las novelas de misterio suelen ser bastante más largas–, así que le eché un vistazo y vi que estaba escrito en verso. Sin duda no estaba bien… Nunca había oído hablar de T.S. Eliot. Pensaba que sería algún pariente de George Eliot. La bibliotecaria me contó que era un poeta norteamericano que pasó casi toda su vida en Inglaterra. Murió en 1964 y había ganado el premio Nobel.

No leía poesía porque mi objetivo era abrirme paso a través de La Literatura Inglesa en Prosa, de la A a la Z.

Pero aquello era diferente…

Leí: Este es un momento / pero has de saber que otro / te atravesará con una repentina alegría dolorosa.

Empecé a llorar.

Los lectores me miraron con reprobación, y la bibliotecaria me recriminó, porque en aquella época no podías ni estornudar en una biblioteca y mucho menos lloriquear.
Por eso me llevé el libro fuera y lo leí de un tirón, sentada en las escaleras en medio del típico vendaval del norte.

Aquella obra hermosa y extraña hizo soportable aquel día, me ayudó a soportar la idea de otra familia fracasada. La primera vez no había sido culpa mía, pero todos los niños adoptados se culpan a sí mismos. La segunda fue por mi culpa, sin lugar a dudas.

[…]

No tenía a nadie que me ayudara, pero T.S. Eliot me ayudó.

Por eso cuando la gente dice que la poesía es un lujo, o una opción, o para las clases medias cultas, o que no se debería leer en el colegio porque es irrelevante. o cualquiera de esas extrañas tonterías que se dicen sobre la poesía y el lugar que ocupa en nuestras vidas, sospecho que a la gente que las dice le ha ido bastante bien. Una vida dura necesita un lenguaje duro, y eso es la poesía. Eso es lo que nos ofrece la literatura: un idioma suficientemente poderoso para contar cómo son las cosas.

No es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar.

Jeanette Winterson
¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?
Ed. Lumen, 2012
Trad. Álvaro Abella Villar

Fot. Roberto De Mitri

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?


Parecía que comprendía y pensé, de verdad, por un instante, que iba a cambiar de opinión, que hablaríamos, que estaríamos al mismo lado del muro de cristal. Esperé. Al final me soltó: —¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?
(...)
Buscar la felicidad, algo que hice y todavía hago, no es lo mismo que ser feliz, algo que considero fugaz, dependiente de las circunstancias y un poco soso. Si el sol brilla, deja que te dé —sí, sí, sí—. Los tiempos felices son maravillosos, pero los tiempos felices pasan —así tiene que ser— porque el tiempo pasa. La búsqueda de la felicidad es algo más difícil.
(...)
Los finales felices son solo una pausa. Hay tres tipos de grandes finales: Venganza. Tragedia. Perdón. La Venganza y la Tragedia suelen suceder juntas. El Perdón redime el pasado. El Perdón desbloquea el futuro.

Jeanette Winterson ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?
Ed. Lumen, 2015
Trad. Álvaro Abella Villar

viernes, 16 de diciembre de 2016

Porque lo sé


Nada tengo en contra de que la gente encadene su vida a un suceso en particular y de cierta relevancia para que su vida tenga más sentido. Bien sabe Dios que necesitamos de todos los puntos de apoyo que podamos encontrar en la montaña de cristal de nuestra existencia. El problema radica en que por mucho que escalemos al llegar a la madurez descubrimos que nos hemos pasado la vida en el mismo lugar. Creíamos que seríamos alguien hasta que nos convertimos en el don nadie que somos. Os lo digo porque lo sé.

Jeanette Winterson   Travesía por el Atlántico
El mundo y otros lugares
Ed. Lumen 2015
Trad. Alejandro Palomas

Fot. Miho Kajioka

sábado, 17 de septiembre de 2016

Recuento


El día estaba envuelto en niebla, que se posaba en su pelaje como una advertencia. Yo escrutaba el futuro, pensaba en lo que tendría que ser para el perro a cambio de lo que él sería para mí. Habría resultado mucho más sencillo si hubiera sido un perro más fácil, es decir, un perro menos inteligente, menos sensible, menos rebosante de aquella Jouissance que no debía sufrir daño alguno.
Habría resultado mucho más sencillo de haber sido yo una persona más fácil. Estábamos demasiado expuestos, el perro y yo, nos unía la misma imprudencia. Y el mismo amor. He aprendido lo que cuesta el amor. Nunca hago recuento, pero sé lo que cuesta.

Veinticuatro horas en la vida de un perro
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas

lunes, 29 de agosto de 2016

Como las hojas


Como las hojas. Exactamente como las hojas. ¿No te gusta que caigan donde caen al menos un poco? ¿No le das la vuelta para ver lo que está escrito en el envés? A mí me gusta el texto sencillo que puede leerse o no, el texto que mora entre tus pies y los míos, leído o no. El que cae con la lluvia y el viento, aunque nadie lo coja para llevárselo a casa. La vida cayó a tus pies y tú la apartaste de una patada y ella sangró sobre tus zapatos y cuando llegaste a casa tu madre dijo: “Mírate, cubierto de hojas” .
Estabas cubierto de hojas. Te las quitaste una a una, dejando al descubierto la piel desnuda. Todos esos restos. Y cuando lo que tenía que caer cayó por fin, tú lo recogiste y leíste lo que había en el envés. No le encontraste ningún sentido. Lo arrugaste y lo metiste en el bolsillo donde ardió como un carbón encendido. Dime por qué te abandonaron, uno tras otro, quienes te querían .¿No les gustabas?¿No necesitaban, como tú, un corazón que fuera un libro sin la última página? Pasa las hojas.

El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2016
Trad. Alejandro Palomas

Coin Plant
Pen, ink and gouache on white paper

viernes, 5 de agosto de 2016

Cuando llegue la luz


Nos acostamos bajo la alfombra de la noche, la alfombra estrellada, con la Luna como linterna, con el hombre en la Luna vigilandonos desde lo alto y Sirio a sus pies.
Los planetas son cuerpos del sistema solar. Nosotros también. Tú y yo somos esferas elípticas que gravitan alrededor de la vida. Es la vida lo que queremos, pero no osamos acercarnos demasiado a ella por miedo a que nos abrase, esta vida en toda su intensidad. La llamamos fuerza vital, y lo es: es una fuerza capaz de hacer que salga el brote del fango. Capaz de empujar al bebé para que salga a la luz desde la nada.
Cuando te abrazo en este lecho empapado de noche es el valor para enfrentarme al día lo que busco. Valor para que cuando llegue la luz me vuelva hacia ella. No podría ser más sencillo. No podría ser más difícil. En este pequeño mundo cubierto de noche que comparto contigo, espero encontrar lo que anhelo: una pista, un mapa, un pájaro que vuela hacia el sur, y luego, cuando llegue la luz, nos vestiremos juntos y nos iremos.

Jeanette Winterson
El mundo y otros lugares
Ed. Lumen 2015
Trad. Alejandro Palomas