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martes, 27 de noviembre de 2018

Como las hojas


Como las hojas. Exactamente como las hojas. ¿No te gusta que caigan donde caen, al menos un poco? ¿No les das la vuelta para ver lo que está escrito en el envés? A mí me gusta el texto sencillo que puede leerse o no, el texto que mora entre tus pies y los míos, leído o no. El que cae con la lluvia y el viento, aunque nadie lo coja para llevárselo a casa. La vida cayó a tus pies y tú la apartaste de una patada y ella sangró sobre tus zapatos y cuando llegaste a casa tu madre dijo: “Mírate, cubierto de hojas”.
Estabas cubierto de hojas. Te las quitaste una a una, dejando al descubierto la piel desnuda. Todos esos restos. Y cuando lo que tenía que caer cayó por fin, tú lo recogiste y leíste lo que había en el envés. No le encontraste ningún sentido. Lo arrugaste y lo metiste en el bolsillo donde ardió como un carbón encendido. Dime por qué te abandonaron, uno tras otro, quienes te querían .¿No les gustabas?¿No necesitaban, como tú, un corazón que fuera un libro sin la última página? Pasa las hojas.
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Jeanette Winterson
El mundo y otros lugares
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas

Collage: Valeria Puzzovio


lunes, 14 de mayo de 2018

Precio


El día estaba envuelto en niebla, que se posaba en su pelaje como una advertencia. Yo escrutaba el futuro, pensaba en lo que tendría que ser para el perro a cambio de lo que él sería para mí. Habría resultado mucho más sencillo si hubiera sido un perro más fácil, es decir, un perro menos inteligente, menos sensible, menos rebosante de aquella jouissance que no debía sufrir daño alguno.
Habría resultado mucho más sencillo de haber sido yo una persona más fácil. Estábamos demasiado expuestos, el perro y yo, nos unía la misma imprudencia. Y el mismo amor. He aprendido lo que cuesta el amor. Nunca hago recuento, pero sé lo que cuesta.


Veinticuatro horas en la vida de un perro
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas

sábado, 17 de septiembre de 2016

Recuento


El día estaba envuelto en niebla, que se posaba en su pelaje como una advertencia. Yo escrutaba el futuro, pensaba en lo que tendría que ser para el perro a cambio de lo que él sería para mí. Habría resultado mucho más sencillo si hubiera sido un perro más fácil, es decir, un perro menos inteligente, menos sensible, menos rebosante de aquella Jouissance que no debía sufrir daño alguno.
Habría resultado mucho más sencillo de haber sido yo una persona más fácil. Estábamos demasiado expuestos, el perro y yo, nos unía la misma imprudencia. Y el mismo amor. He aprendido lo que cuesta el amor. Nunca hago recuento, pero sé lo que cuesta.

Veinticuatro horas en la vida de un perro
Ed. Lumen, 2015
Trad. Alejandro Palomas