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miércoles, 16 de septiembre de 2020

El crepúsculo secreto



¿Quién es capaz de despertar las sombras
de su propio crepúsculo secreto?
¿Quién es capaz de hundir las manos hasta
el corazón de su silencio?

Juan Mollá

Fot: Walfred Moisio

Deaf Center
Time Spent

sábado, 8 de febrero de 2020

Diagnóstico



Esta enfermedad es degenerativa.
Consiste en destruir los tejidos comunicativos:
en contraer la piel
(perdiendo la sensibilidad a las caricias),
en reducir el foco visual
(limitándolo al espacio del libro que leemos).
Nos fatiga incluso hablar
y cada vez que pronunciamos un sonido,
nace provisto de largos pseudópodos grises
y se queda flotando en la salita,
como si ése fuera su destino:
ser una extraña ameba que ignora la hora de acostarse.
Nos afecta al oído, sordos en el bunker.
Las papilas y la lengua ya están paralizadas.
Las narices se convierten en antena
y percibimos al instante
la chamusquina de una queja o el empalago de un suspiro.

Diagnóstico:
cáncer cíclico de silencio.
Periodo de incubación:
las rachas acumuladas sin practicar paciencia.
Recaídas (a no ser que la ciencia del perdón
descubra otras soluciones):
tantas cuantos fracasos del uno junto al otro.
Tratamiento profiláctico:
una cena en un bonito restaurante de cuando en cuando,
y cada mañana,
un pensamiento alegre al decir buenos días.

Miren Agur Meabe
Diagnóstico

Fot. Eric Antoine

domingo, 19 de enero de 2020

El frenesí del silencio



Asomada al frenesí del silencio
sueña quedarse sin huellas.
Confiada en su fragilidad
florecen los significados.

Fot. Eric Antoine

Silencio


Pero cuando piensa en ello, por las noches, tumbada en su cama o sumergida en el agua abrasadora de la bañera, sabe muy bien por qué calla. Mantiene silencio porque siente vergüenza.

Delphine de Vigan
Las horas subterráneas

Fot. Jacques Henri Lartigue


sábado, 23 de noviembre de 2019

Las voces del silencio



¿A qué tumba has huido que no oyes
 cómo te llama a voces mi silencio?

 Piedad Bonnett

Fot. Silvana Mangano, de espaldas
en Teorema, de Pier Paolo Pasolini

martes, 1 de octubre de 2019

Silencio


Y nuestra única respuesta es el silencio. Cerramos los ojos como niños pequeños y creemos habernos escondido y que el horror no nos encontrará.

Svetlana Alexievich
Voces de Chernóbil 

lunes, 30 de septiembre de 2019

Silencio


Llevo un equipaje de silencio. Me he rodeado de un silencio tan hondo y duradero que nunca acierto a abrirme con las palabras. Cuando hablo, solamente me cierro de otra manera.

Herta Muller
Todo lo que tengo lo llevo conmigo

Fot: bagnostian

domingo, 20 de enero de 2019

Silencio



SILENCIO, CON DOS TEXTOS

Cuando vivíamos juntos, 
el silencio en la casa era más denso 
que el silencio después de que se fuera. 
Antes el silencio era como un gran alboroto 
de laboriosidad en la distancia, 
como el hondo rugido de las minas. 
Cuando se fue, estudié el silencio 
de mi antes-marido como algo casi sagrado, 
la llamada de un recién nacido mudo. 
Texto: 
Aunque su presencia se detecta
por la ausencia de lo que niega, 
el silencio
posee un poder que presagia miedo
para aquellos que se encuentran en él. 
No visto, nunca oído, ininteligible, 
el silencio desconcierta porque oculta. 
Texto:
Las aguas me rodeaban, incluida el alma: 
la profundidad me envolvió,
las algas estaban enrolladas alrededor de mi cabeza.

Viví al lado de él, en su quietud y reticencia, 
a veces lo provocaba 
llamando a su abstraída máscara 
su Mirada de Caimán,
buscando una forma de aceptarlo tal cual era, 
bajo la ley de que él no podía hablar, 
y cuando yo grité en contra de esa ley,
se limitó a su absoluto,
salió por su puerta de salida.
Y casi me parecía un héroe,
viviendo, como yo vivía, bajo la ley
que me impedía ver a quien yo había elegido
que sólo podía asociarme con él como un ser
fijado como si fuera un elemento, casi ideal, 
sin envidia o mezquindad. 
En las últimas semanas, 
de día nos movíamos a través del despedazarse
mientras duraba, de la unión,
y en la noche el silencio yacía con la ceguera
y cantaba y veía.

Sharon Olds
"El salto del ciervo"
Trad: Joan Margarit y Eduard Lezcano
Ediciones Igitur

Fot. Elliott Erwitt

lunes, 14 de enero de 2019

Cuando las palabras callan


Cuando las palabras callan
la boca piensa qué diría
si el sonido saliera de sus labios.
Cuando llega el silencio
la vida cobra otro sentido;



jueves, 1 de noviembre de 2018

Guarda-de-tren


Los cincuenta años de Angelo G.

Edad de hierro,
donde los rieles
se hacen ya
pesados de recuerdos.
Pero los vagones
están hechos para partir.
Y yo soy el guarda-de-tren.
Guarda-de-tren de mi familia.
Alguna vez me gustaría
descarrilar e irme lejos
para ver el cielo,
donde nunca fluye
palabra alguna.
Ya el amor
en nuestra casa
se ha vuelto un silencio grande
hecho de luz y contemplación.

Trad. Delfina Muschietti

Fot. anónima de la autora

viernes, 10 de agosto de 2018

Es allí a donde voy


Es allí a donde voy.

Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy.

La punta del lápiz el trazo.

Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espalda la magia: es allí a donde voy.

En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.

¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.

En la punta de la palabra está la palabras. Quiero usar la palabra «tertulia», y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es a mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es a la realidad hacia donde voy. Mientras tanto lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.

Es hacia mi pobre nombre a donde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: Yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa.

En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto.

Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.

¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros. 

Clarice Lispector
Es allí a donde voy
en Silencio
Ed. Grijalbo, 1988

Fot. Michaela Knizova
Time To Forget The Colour Of My Eyes 2013

martes, 8 de mayo de 2018

Maitines


Maitines

Perdóname si digo que te amo: a los poderosos
se les engaña siempre, los débiles
son siempre manejados por el miedo. No puedo amar
lo que no puedo concebir, y tú no revelas
virtualmente nada: ¿acaso te asemejas al espino,
siempre la misma cosa en el mismo lugar,
o a la dedalera inconsistente, que brota primero
como espiga rosada en la ladera, junto a las margaritas,
y al año siguiente es púrpura en el rosedal? Ya ves
lo inútil que es este silencio que promueve en nosotros la creencia
en que tú puedes ser todas las cosas, la dedalera y el espino, la vulnerable
rosa, la terca margarita; nada nos queda sino pensar
que no podrías existir. ¿Es eso lo que quieres
que pensemos? , ¿lo que explica el silencio esta mañana,
los grillos cuyas alas no se frotan, los gatos
que en el patio no pelean?

Ed. Pre-Textos, 2006
Trad. Eduardo Chirinos Arrieta

domingo, 18 de marzo de 2018

Silencio


SILENCIO

Mi padre solía decir:
–La gente superior no hace visitas largas.
No hace falta mostrarles la tumba de Longfellow,
ni las flores de vidrio en Harvard.
Son autosuficientes como el gato,
que se lleva a la presa a un lugar privado;
la cola del ratón colgando floja de la boca.
A veces disfrutan de la soledad
y pueden quedarse sin palabras
al escuchar palabras que disfruten.
El sentimiento más profundo emerge durante el silencio;
no en el silencio, sino en la prudencia. –
Y no era hipócrita al decir –Haz de mi casa tu posada–.
Una posada no es un domicilio.

Versión de Alejandro Abogado de la Serna.

Marianne Moore (1935)

viernes, 16 de marzo de 2018

En silencio


Con el tiempo las palabras se gastan
Se quedan mudas y ciegas
Solo puedo hablarte entonces 
Desde la sombra en silencio

A Threat and a Promise

miércoles, 28 de febrero de 2018

Solitarios


La palabra "solitario", en el sentido que le daban los jansenistas, es al final tan bella como enigmática.
"Solitarios" designaba a los hombres de la sociedad civil, aristócratas o burgueses ricos, que optaban por las costumbres de los conventos (sus abstinencias, sus silencios, sus austeridades, sus vigilias, sus tareas, sus lecturas), pero que se negaban a atarse a ellos a través de los votos. Eran Consejeros de Estado, médicos, abogados, profesores, oficiales, grandes señores. Abandonaban la corte para franquear veinte kilómetros y encontrarse en un bosque. Podaban. Saneaban las pequeñas huertas siempre encharcadas que bordeaban la orilla y corroían el basamento de la capilla. Edificaron sus pequeñas casas al otro lado del muro, al margen del monasterio donde estaban retiradas las mujeres que admiraban, las muchachas cuya reclusión les pesaba, las hermanas a las que amaban. No renunciaron al uso de la cortesía mundana. Utilizaban la palabra "señor" para hablar entre sí e incluso para dirigirse a los niños a los que instruían. (...) No se conducían bajo ninguna regla exterior, no obedecían a nadie, celosos solamente de su retiro del mundo, grandes caseros -grandes habilitadores, drenadores de ciénagas- de su retiro salvaje, grandes jardineros de su silencio. Estudiaban. No tuteaban a nadie.

Pascal Quignard
Sobre la idea de una comunidad de solitarios
Ed. Pre-Textos, 2018
Trad. Adalber Salas

Fot. Roman Vishniac
Cracow. Poland. 1937

martes, 27 de febrero de 2018

Un alto precio


En todo hombre dormita un profeta, y cuando se despierta hay un poco más de mal en el mundo… La locura de predicar está tan anclada en nosotros que emerge de profundidades desconocidas al instinto de conservación. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa el qué. Tiene una voz: eso basta. Pagamos caro no ser sordos ni mudos…

Emil Cioran
Breviario de podredumbre
Ed. Taurus, 2014
Trad. Fernando Savater

Fot. Carlo Dolci
Santa Caterina da Siena (detalle), 1665
Dulwich College Picture Gall., London

jueves, 18 de enero de 2018

El silencio de las sirenas


Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. 

He aquí la prueba: 

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría. 

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas. 

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises. 

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó. 

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Franz Kafka
El silencio de las sirenas
Ed. Debolsillo, 2012
Trad. Juan José del Solar

miércoles, 3 de enero de 2018

Un silencio excesivo


Que algo pueda volverse antipático por un silencio excesivo, tal como lo describe largamente un fragmento de Erasmo, es efectivamente uno de los rasgos que caracterizan el cielo. Es también uno de los rasgos de la rosa blanca, y del árbol de boj, y de la mayor parte de las begonias, de la mesa, de la silla, de la cama y de la apariencia de los libros cuando su belleza es extrema.

Pascal Quignard
Tratado XXV. Un montoncito de sal reservado para los bueyes muertos.
Pequeños tratados II
Ed. Sexto Piso.
Trad. Miguel Morey

Silencio y sombra


Sombra y silencio salvan
lo que una persona necesita.
Del silencio han de nacer
las nuevas palabras mudas.
De la sombra,
la mirada de ojos ciegos.

James Short and H. C. Russell
Sydney Observatory, 9 April, 1890
Photographic negative
Milky Way showing the area around Eta Argus
Museum of Applied Arts & Sciences

martes, 2 de enero de 2018

Enigma


No hay que ser enigmático para los demás solamente; hay que serlo también para sí mismo. Yo me estudio a mí mismo: cuando me canso, enciendo un cigarro y me pongo a pensar —bien lo sabe Dios— qué se ha propuesto el Señor conmigo o qué es lo que quiere sacar de mí.
Sólo tengo un amigo: el eco. ¿Y por qué es mi amigo? Porque yo amo mi pena y él no me la quita. Yo sólo tengo un confidente: el silencio de la noche. ¿Y por qué es mi confidente? Porque se calla.

Soren Kierkegaard
Diapsálmata
Ed. Aguilar, 1961
Trad. Javier Armada

Fot. Stefan Moses
Roland Topor, Munich, 1984