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miércoles, 24 de abril de 2019

Nos faltan las palabras


UN GRAN POETA NOS DEJA
[Pensando en Czeslaw Milosz]

Realmente nada cambia
en la habitual luz del día
cuando un gran poeta nos deja.
En las coronas de viejos olmos
siguen discutiendo con pasión
los grises gorriones y los delicados estorninos.
Cuando un gran poeta nos deja
la ciudad no se detiene, el metro y los tranvías
siguen buscando el moderno Grial.
En la biblioteca una chica guapa
busca en vano un poema que
le diga la verdad de todo.
Al mediodía se extiende el mismo bullicio de siempre,
por la noche domina un recogimiento silencioso;
entre las estrellas, una eterna inquietud.
Pronto abrirán las discotecas,
se abrirá la indiferencia
a pesar de que acaba de morir un gran poeta.
Pero cuando nos despedimos de alguien que amamos
por un largo tiempo o para siempre,
sentimos de repente que nos faltan las palabras
y que ahora tenemos que hablar nosotros solos,
ya nadie va a hacerlo por nosotros
porque nos ha dejado un gran poeta.

Adam Zagajewski
de Mano invisible
Trad: Xavier Ferré

Fot: Charles Swedlund

Nos faltan las palabras


UN GRAN POETA NOS DEJA
[Pensando en Czeslaw Milosz]

Realmente nada cambia
en la habitual luz del día
cuando un gran poeta nos deja.
En las coronas de viejos olmos
siguen discutiendo con pasión
los grises gorriones y los delicados estorninos.
Cuando un gran poeta nos deja
la ciudad no se detiene, el metro y los tranvías
siguen buscando el moderno Grial.
En la biblioteca una chica guapa
busca en vano un poema que
le diga la verdad de todo.
Al mediodía se extiende el mismo bullicio de siempre,
por la noche domina un recogimiento silencioso;
entre las estrellas, una eterna inquietud.
Pronto abrirán las discotecas,
se abrirá la indiferencia
a pesar de que acaba de morir un gran poeta.
Pero cuando nos despedimos de alguien que amamos
por un largo tiempo o para siempre,
sentimos de repente que nos faltan las palabras
y que ahora tenemos que hablar nosotros solos,
ya nadie va a hacerlo por nosotros
porque nos ha dejado un gran poeta.

Adam Zagajewski
de Mano invisible
Trad: Xavier Ferré

Fot: Charles Swedlund

jueves, 4 de octubre de 2018

Allí donde el aliento


ALLÍ DONDE EL ALIENTO

Está solo en el escenario 
sin ningún instrumento. 

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado 

Ed. Acantilado, 2005
Trad. Xavier Farré

domingo, 17 de diciembre de 2017

Frágil


Los amaneceres son ciegos como gatitos.
Las uñas crecen confiadamente, 
aún saben qué tocarán. 
Suaves son los sueños 
y la ternura 
como niebla suspendida sobre nosotros, 
igual que la campana de Segismundo
antes que el frío la abrazase.

Oda a la suavidad

Fot. Laenoir
Fragile

domingo, 29 de octubre de 2017

martes, 24 de octubre de 2017

Abismos


Una de las propiedades más insólitas de la lengua es su capacidad de enunciar –aunque sólo de manera aproximada, alusiva– que el mundo está edificado al borde de un precipicio, que no es sólido y seguro, que no tiene fondo ni base. Imaginémonos que esa misma vertiginosa inestabilidad del mundo quisiera expresarla por ejemplo la arquitectura; los arquitectos tendrían que levantar casas inclinadas; más aún: bien mirado, deberían proyectar edificios que se derrumbasen a una hora predeterminada con exactitud, o también excavar galerías en dirección a las profundidades de la Tierra, sin más objeto que mostrar a la gente –por aproximación– qué es un abismo. O si los que fijan los horarios de circulación de trenes quisieran mostrar a la sociedad la fisura metafísica de nuestra vida, tendrían que aspirar a que los trenes colisionaran regularmente, y que los puentes con vías volaran por los aires. Los pintores deberían horadar el lienzo; los zapateros, instalar en los zapatos pequeñas pero infalibles bombas. En cada uno de los restantes ámbitos, los intentos constituirían un sabotaje repugnante. Los médicos harían que sus pacientes empeorasen (por desgracia, así ocurre con frecuencia). Incluso en la música, el férreo rigor de las estructuras no permitiría la introducción de un timbre de alarma, la señalización del precipicio. Sólo la lengua puede acoger en su seno al saboteador, sin por eso convertirse en agente de destrucción, y familiarizarnos con aquello que no permite familiaridad alguna en absoluto.

Adam Zagajewski
En la belleza ajena
Pre-Textos
Traducción: Ángel E. Díaz-Pintado

martes, 19 de septiembre de 2017

Una llama


Señor, danos un largo invierno
y música tranquila, y labios pacientes.
Y un poco de orgullo antes
de que se acabe nuestro siglo.
Danos el asombro
y una llama alta, clara.

Una llama

Fot. Atribuida a Christopher Broadbent

martes, 22 de agosto de 2017

Alaba al mundo herido


Alaba al mundo herido
y la pluma gris perdida por un mirlo,
y la luz delicada que vaga y desaparece
y regresa.

Poemas escogidos

viernes, 9 de junio de 2017

Habla más suave


Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.

El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.

Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.

Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.

Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.

Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.

Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.

Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas

y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.

Habla más suave
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

sábado, 18 de junio de 2016

El aliento del silencio

Man Ray, Hand on lips, 1926


Allí donde el aliento

Está solo en el escenario
sin ningún instrumento.

Se pone la mano en el pecho
allí donde nace el aliento
y donde se apaga.

No son las manos que cantan,
ni tampoco el pecho.

Canta lo que está callado.

Adam Zagajewski



Piano Project - Improv #10 - One Last Thought by The Daydream Club

martes, 24 de mayo de 2016

Lo ajeno


En la belleza ajena

Sólo en la belleza ajena
hay consuelo, en la música
ajena y en los poemas ajenos.
Sólo en los otros hay salvación,
aunque la soledad sepa como
el opio. No son el infierno los otros,
si se los ve por la mañana, cuando
limpia tienen la frente, lavada por los sueños.
Por eso pienso mucho qué
palabra emplear, «él» o «tú». Cada «él» 
es una traición a cierto «tú», mas,
a cambio, en un poema ajeno fiel
aguarda un sereno diálogo.

Low, 1945

domingo, 22 de mayo de 2016

Tenemos tiempo


No nos faltan relojes; estoy sentado a mi mesa y veo hasta tres; dos electrónicos, uno de cuarzo. Uno forma parte del ordenador y marca las 12.29. Otro está empotrado en la radio y marca las 12.30. El tercero, mi reloj de muñeca, marca las 12.31. Por fortuna, mi reloj tiene las tradicionales manecillas, no opera con los despiadados intermediarios de las cifras. Tenemos mucho tiempo.

Adam Zagajewski, En la belleza ajena
Ed. Pre-Textos, 2003