Trasladémonos a una región solitaria; el horizonte se extiende indefinidamente, el cielo está limpio de nubes; ni el más ligero soplo del viento agita los árboles ni las plantas; no hay animales ni hombres ni aguas corrientes; el silencio más profundo reina en toda la extensión; este paisaje despierta graves pensamientos, invita al olvido de la voluntad y de sus miserias; pero esto mismo comunica a aquel paisaje solitario y silencioso cierto matiz de sublimidad. Pues como no ofrece a la voluntad, ávida siempre de desear y adquirir, objeto alguno favorable ni desfavorable, no queda más que el estado de contemplación pura, y el que no sea capaz de elevarse a ella sólo sentirá vacío y aburrimiento. La aptitud para soportar y amar la soledad es una medida de nuestro valor intelectual. El paraje descrito nos proporciona, pues, un ejemplo de sublimidad en grado inferior, en cuanto en ella el estado de conocimiento puro, con su calma y suficiencia, evoca como contraste el recuerdo de una voluntad agitada y miserable.
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domingo, 27 de mayo de 2018
lunes, 9 de octubre de 2017
Rutina matinal
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolio y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.
Luis Mateo Díez
La carta
Por favor, sea breve 2
Ed. Páginas de espuma
Antología de Clara Obligado
Fot. Livaniana
lunes, 4 de septiembre de 2017
Azul por todos lados
Pasó el tiempo, convirtiendo todo en hielo.
Bajo el hielo, el futuro se movió.
Si caías dentro, morías.
Fue una época
de espera, de acción suspendida.
Yo vivía en el presente, que era la parte
del futuro que se podía ver.
El pasado flotaba por encima de mi cabeza,
como el sol y la luna, visible pero inalcanzable.
Era un tiempo
gobernado por contradicciones, como si dijera.
No sentía nada y
tenía miedo.
El invierno vaciaba los árboles y los llenaba de nuevo con nieve.
Porque no podía sentir, la nieve caía, el lago se congelaba.
Porque tenía miedo, me quedaba quieta,
mi aliento era blanco, una descripción del silencio.
Pasó el tiempo, y algo de él devenía en ésto.
Y algo de él simplemente se evaporaba,
podías verlo flotar por encima de los árboles blancos
formando partículas de hielo.
Te pasas la vida esperando el momento justo.
Pero el momento justo
sólo se rebela actuando.
Veía el pasado moverse, una línea de nubes moviéndose
de izquierda a derecha o de derecha a izquierda,
dependiendo del viento.
Algunos días no había viento.
Las nubes parecían quedarse en su sitio
como una pintura del mar, más inmóvil que real.
Algunos días el lago era una lámina de vidrio.
Debajo del cristal, el futuro emitía
sonidos graves, tentadores:
tenías que hacer un esfuerzo para no escucharlos.
Pasó el tiempo, tenías que verlo.
Los años que se llevó eran años de invierno,
nadie los extrañaría.
Algunos días no había nubes, como si
el origen del pasado se hubiera desvanecido.
El mundo era blanquecino,
como un negativo;
la luz atravesándolo.
Luego la imagen esfumándose.
Por encima del mundo
había sólo azul, azul por todos lados.
Landscape, Averno
Fot. livaniana
viernes, 14 de julio de 2017
Nada
Nada. Pero no es la misma de siempre. Es, hoy, una nada henchida de presagios. Una resignación activa. Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome. He pensado tanto en estas cosas. He pensado que puedo morir en cualquier instante y nadie amenazará a la muerte, nadie la injuriará por haberme arrastrado, nadie velará por mi nombre. He pensado en mi soledad absoluta, en mi destierro de toda conciencia que no sea la mía. He pensado que estoy sola y que me sustento solo en mí para sobrellevar mi vida y mi muerte. Pensar que ningún ser me necesita, que ninguno me requiere para completar su vida.
Alejandra Pizarnik
Diarios
Ed. Lumen, 2003
Fot. livaniana
Acerca de las pasiones
La duración de nuestras pasiones depende tan poco de nosotros como la duración de nuestra vida.
La pasión a menudo convierte en loco al más sensato de los hombres, y a menudo también hace sensatos a los más locos.
Esas acciones grandiosas y espléndidas que deslumbran, según los políticos son efecto de grandes designios, pero por lo común tan solo son efecto del talante y de las pasiones. Así, la guerra de Augusto con Antonio, que se atribuye a la ambición de ambos por llegar a ser dueños del mundo, tal vez no fue más que una consecuencia de la envidia.
Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. Son como un arte de la naturaleza cuyas reglas son infalibles; y el hombre más romo cuando le domina la pasión persuade mejor que el más elocuente que carece de ella.
Las pasiones contienen una injusticia y un interés propio que hace que sea peligroso seguirlas, y que convenga desconfiar de ellas, incluso cuando parecen muy razonables.
Existe en el corazón humano una generación perpetua de pasiones, de tal manera que la ruina de una coincide casi siempre con el advenimiento de otra.
Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
La clemencia de los príncipes a menudo no es más que política para ganarse el afecto de los pueblos.
Esa clemencia, de la que se hace una virtud, a veces se practica por vanidad, otras por pereza, a menudo por miedo, y casi siempre por esas tres razones juntas.
"Reflexiones o sentencias y máximas morales"
Introducción, traducción y notas de Carlos Pujol
Ed. Planeta, 1984
Fot. livaniana
viernes, 16 de junio de 2017
Sueños como mares
A veces tengo sueños como mares:
me golpean las olas, me hacen daño,
dejan un gusto a sal bajo mi lengua,
enredan mis cabellos y me ahogan.
Y, cuando llego al fondo, me repugnan
los seres que lo habitan y lo ensucian,
seres escurridizos y viscosos,
sin párpados y sin extremidades,
sin lenguaje, sin lágrimas, sin ruido.
A veces tengo sueños como mares
y, cuando me despierto de uno de ellos,
sé que he sobrevivido a otro naufragio.
Fot. Livaniana
lunes, 20 de marzo de 2017
Ninguna parte
Nadie podría encontrarnos. [...] ¿Quién podría sospechar que no íbamos a ninguna parte?
Julio Cortázar
Fot. livaniana
domingo, 24 de julio de 2016
El tiempo descalzo
Con dedos silenciosos,
llueve el tiempo descalzo
sobre las flores negras del estanque.
viernes, 31 de julio de 2015
La nada del todo.
Sin que exista el olvido
Si te dijera,
no sé que hacer contigo.
No es que intente olvidarte
y menos recordarte
si es que me siento otra
en cuanto me descuido
y no puedo evitar ese turbio vacío
que muerde cuando bajas
la guardia y te dejas caer
hundida en la amargura de algún taxi.
Si te dijera,
qué extraña sensación la de mis manos
solas temblando en las rodillas,
como si tu ya ocuparas sitio
en mi corazón y me sobrara
mas de media camisa sólo
porque me sobra tanto asiento
a mi lado
No lo voy a negar,
si me descuido
un borbotón de lágrimas
arrasando mis ojos
me hará flotar a la deriva
por las calles sin ti
como canales que me arrastran
a los últimos ritos de la noche.
No lo voy a negar
si me descuido
acabaré en los ojos desolados
de mi cuarto sin sueño
y temblando
se apagará en tu nombre la ciudad.
Si me dijeras
que hay un mar poderosos
donde existe el olvido.
Una playa lejana
donde el recuerdo es dulce
y no hace daño...
No lo voy a negar
Todo me queda grande
No sé que hacer conmigo.
Ángeles Mora
Daydream - Extra Track
Varios Artistas
Fot: livaniana
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