Mostrando entradas con la etiqueta Carta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carta. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de octubre de 2020

La localización de lo abstracto


¿Sabes? La deliciosa sensación mía era la de poder localizar lo abstracto. 
Es, en suma, eso el amor. El amor no es otra cosa que el localizar en un ser, en un nombre, en una vida, dentro de los límites de un rostro y un cuerpo todo un mundo de abstracciones y anhelos, de espacios infinitos e irrealidades sin medida. 
Todo toma cuerpo y carne. Ese vasto complejo de deseos, de ilusiones, de afanes que flotaba, indeciso, sin saber dónde posarse se encierra en un ser, se concreta, se encarna. 
Ya tiene dónde vivir. Y empieza el conflicto. ¿Será ese ser, ese cuerpo lo bastante grande para contenerle, para recibirle en su enorme infinitud? 
Ése es el terrible papel del que ama y es amado. Tener que ser a la vez un individuo, radicalmente único, incomparable, y todo el mundo. 
Ser limitado e ilimitado. Estar en un lugar y en todas partes. 
Pero el principio del amar es siempre un localizar, un escoger el lugar humano, el ser, donde va a intentar alojarse el inmenso volumen de nuestro amor.

(carta 74)⠀

Pedro Salinas⠀
Cartas a Katherine Whitore, 1932, 1947

Fot: Pi Erre

domingo, 4 de octubre de 2020

Correspondencia


 Yo escribo 
Tú escribes 
A mí me llega 
A ti no te llega 

Tenemos un problema 


Fot: Virna Haffer

domingo, 20 de septiembre de 2020

Quizás



Quizás todo lo terrible es, en su más profundo ser, algo indefenso que quiere nuestra ayuda.

Rainer Maria Rilke
Cartas a un joven poeta

Fot: Man Ray
Primacía de la materia sobre el pensamiento, 1929

viernes, 8 de diciembre de 2017

Déjame


Déjame que investigue las últimas células de tu cuerpo, los últimos rincones de tu alma; déjame que vuele tus secretos, que aclare tus misterios, que realice tus milagros; consérvate, presérvate, angústiate; sufre el amor; espérame...

Jaime Sabines
Los amorosos: Cartas a Chepita
Ed. Joaquín Mortiz, 2009

sábado, 2 de septiembre de 2017

Cartas a Milena


De esto no cabe ninguna duda, Milena:
Es posible que la actual situación no sea la más deseable, que acaso pueda soportar más felicidad, más seguridad y abundancia -lo cual no es seguro, sobre todo en Praga- pero considerándolo a un nivel medio, puede decirse que me encuentro muy bien, que me siento alegre y libre, que disfruto de un bienestar que no merezco, que casi me da miedo y que, de permanecer las condiciones actuales (si es que no surge un gran desastre), de seguir recibiendo diariamente una palabra tuya y de comprobar que no te atormentas demasiado, probablemente consiga curarme a medias. Deja de preocuparte, Milena. Jamás supe nada de física, excepto esto de la columna de fuego, que por cierto tampoco corresponde a esta ciencia, y menos aún entiendo de la balanza del mundo, ni ella de mí. (¿Qué importancia iba a dar una balanza tan enorme a mis cincuenta y cinco kilos, sin ropa? ¿Cómo habría de notarlos?).
Sin embargo aquí estoy, lo mismo que estaba en Viena, y tu mano está entre las mías hasta que tú quieras.

Franz Kafka
Cartas a Milena 
EDAF ediciones.
Trad. R. Kruger.

viernes, 25 de agosto de 2017

Cartas de Vincent van Gogh a su hermano Theo



Pequeño peral en flor (1888)  

“… El pequeño peral tiene un tronco violeta y flores blancas, una  mariposa grande y amarilla sobre una de las ramas .
A la izquierda- en el rincón- un pequeño jardín cercado de juncos amarillos, verdes arbustos y muchas flores. Y una pequeña casa rosa.
Estos son, pues,  los detalles del decorado de vergeles en flor que tengo destinados para ti.”



Campo con las flores cerca de Arles (1888) 

“… Si no cortan el prado me gustaría hacer este estudio una vez más, pues el tema era muy bonito y tengo dificultades para encontrar la composición. Un pequeño pueblo rodeado por un paisaje totalmente cubierto de flores amarillas y violetas. Eso sería realmente un sueño japonés, ya sabes." 



El Sembrador, detalle (1888)   

”… Éste es el croquis de la última tela que estoy trabajando, otra vez un sembrador. Un inmenso disco en tono limón, para el sol. El cielo verde amarillo con nubes rosas. El campo será violeta, el sembrador, las siembras y el árbol, azul de Prusia.“

Cartas de Vincent van Gogh a su hermano Theo

La carta prometida





Querida Escarlata:

Ahora que conozco tu verdadero nombre, me resisto a olvidar el que usé durante 40 años para soñarte. Además, así identificarás al autor de estas líneas, el joven con delgado bigote y nervios en el ademán, que en aquel guateque de San Valentín de 1966 te hizo reír durante horas y antes de la despedida te prometió una carta. Tal vez recuerdes nuestra conversación, yo la revivo palabra por palabra: la broma sobre tu vestido y tu parecido con Vivien Leigh, la pasión común por los tulipanes rojos y la afición a las cartas como «la verdadera literatura, la que la gente escribe con el corazón». Cuánto reíste cuando te confesé, avanzada la noche, que en realidad no estudiaba Ingeniería, como te había dicho cuando mi prima Paulina nos presentó, y que me ganaba la vida como cartero.

Antes de que te lo preguntes: sigo siendo cartero. Al menos hasta final de año, cuando me jubilen. Y en todo este tiempo he repartido cartas de amor, de odio, reclamos comerciales, buenas y malas noticias. Cartas muy esperadas, cartas sorprendentes, cartas delgadas y gruesas cartas que parecían legajos de agravios o de promesas. Aprendes a leer en la cara de la gente cuando recibe una carta certificada. Y cada vez que echaba una carta en un buzón, imaginaba que eras tú quien la recibía. Cada día, durante cuarenta años en los que Paulina, ofendida, me negó tu nombre, tus señas, los datos necesarios para escribir la carta prometida. Sólo de año en año, con cuentagotas, me ofrecía algún indicio: tu matrimonio casi una década después de aquella fiesta y ese único beso apresurado, tus dos hijos, la muerte de tu marido. También me hablaba de cómo me recordabas, de las veces que le preguntaste por mí, de tu confesión de un amor que venció al paso de los años, y de cómo simulaba desconocer mi paradero y mi nombre.

El rencor de Paulina, que acudió a la fiesta segura de enamorarme y se vio desplazada, fue más duradero que el amor que nunca sintió por mí. Pero seguí frecuentándola todo este tiempo, en la esperanza de que alguna vez se compadeciera y me diera tus datos.

No te fui fiel, y ocho años después de aquella noche me casé con una buena mujer. No funcionó, estabas en todas partes, con tu vestido blanco y esa promesa intacta. Acabé divorciándome con la misma tibieza con que me casé, poco después de que enviudaras. Y dejé de sentirme culpable por esta carta que llevo encima desde el 15 de febrero de 1966, la que he vuelto a escribir cada fin de año, o cuando un acontecimiento importante llegaba a mi vida. En esta carta te he contado de mis hijos, de los ascensos rechazados para poder seguir repartiendo correspondencia casa por casa en busca de tu puerta, de la muerte de mi madre, de mi soledad. A fuerza de escribirte, llegué a creer que hablaba contigo, que seguíamos en el guateque, que el beso no se interrumpía por las prisas ofendidas de Paulina.

Sabrás que Paulina murió el mes pasado.

Y poco me faltó para seguirla: con ella se marchaba la posibilidad de encontrarte.

Hasta que ayer me llegó la noticia.

Por carta, desde luego.

Ella la había escrito hace años y dejó orden de que me fuera enviada después de su muerte. En esta carta, Paulina me daba tu nombre, tu dirección actual y hasta tu teléfono. Como si yo fuera a cometer la vulgaridad de llamarte.

Y agregaba de su puño y letra: «Mi peor venganza: te dejo encontrarla, ahora que es demasiado tarde».

Paulina, además de rencorosa, era imbécil, y perdona por el exabrupto. Ignoraba que al negarme la posibilidad de verte, me regaló una razón para vivir cuarenta años de amor perfecto.

De modo, querida Escarlata, que por fin lees la carta.

Y como ves, he cumplido mi palabra.

Puede que todo sea una broma de Paulina, que jamás hayas preguntado por mí, que me olvidaras al día siguiente.

Pero si no es así, si al acabar de leer estas líneas quieres verme, no tienes más que asomarte a la ventana de tu casa, ante la que pasé tantas veces cuando te buscaba carta a carta.

Soy ese cartero envejecido que lleva un gran ramo de tulipanes rojos en la mano y que espera un gesto tuyo para acercarse. Verás que sonrío, porque al fin te he hallado, y por la satisfacción del deber cumplido: la carta ha llegado a destino.

Sinceramente tuyo,

Rafael

Carlos Salem
“La carta prometida”
De "Yo también puedo escribir una jodida historia de amor"
Ed. Escalera, 2008

jueves, 24 de agosto de 2017

Cartas a Milena


No sólo te amo a ti. Es más lo que amo: amo la existencia que tú me otorgas.

Franz Kafka
Cartas a Milena
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger

viernes, 11 de agosto de 2017

Tiempo del corazón


Querido:

[...]

"He vuelto a sentir la amapola, profunda, muy profundamente, tu magia ha sido tan maravillosa, jamás podré olvidarlo. 

A veces lo único que quisiera es irme y llegar a París, sentir que tocas mis manos, que me tocas entera con flores, y después otra vez no saber de dónde vienes y adónde vas. Para mí eres de la India, o de un país aun más lejano, oscuro, marrón; para mí eres desierto y mar y todo lo que es misterio.

Sigo sin saber nada de ti y por eso muchas veces tengo miedo por ti, no puedo imaginarme que tú debas hacer lo que los otros hacemos aquí, yo debería tener un castillo para nosotros y traerte conmigo, para que puedas ser allí mi señor encantado, tendremos muchas alfombras allí y música, e inventaremos el amor. 

He estado pensando mucho. “Corona” es tu poema más bello, es la anticipación perfecta de un instante donde todo se vuelve mármol y es para siempre. Pero para mí aquí no será “tiempo”. Tengo hambre de algo que no me darán, todo es chato y flojo, está cansado y gastado antes del uso. 

Para mediados de agosto quiero estar en París, un par de días solamente. No me preguntes por qué, para qué, pero quiero que estés para mí, una noche o dos, tres... Llévame al Sena, vamos a mirar y mirar bien adentro hasta que nos hayamos vuelto pececitos y nos reconozcamos."

Ingeborg.

Carta de Ingeborg Bachmann a Paul Celan, Viena, 24 de junio de 1949

Ed. FCE, 2012

viernes, 26 de agosto de 2016

Cartas a Felice


21 de agosto de 1913. 
Kafka escribe a Felice Bauer: "Lo que te aguarda conmigo no es la vida de esa feliz pareja que ves pasar ante ti […], es una vida claustral junto a un hombre malhumorado, triste, taciturno, insatisfecho, enfermizo, que -lo que te parecerá un desvarío- se halla invisiblemente encadenado a una invisible literatura; un hombre que grita cuando alguien se le acerca porque, como él afirma, le toca las cadenas."

Franz Kafka, Cartas a Felice
Ed. Nórdica Libros, 2013
Trad. Pablo Sorozábal

Fot. Franz Kafka y Felice Bauer, anónima

martes, 19 de julio de 2016

Carta a Diego




Diego:
Nada comparable a tus manos, ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos, tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos. Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color. Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.
Frida

domingo, 21 de febrero de 2016

Postdata


Muy cordialmente
Kafka

Advierto que no consigo recordar su rostro en detalle. Sólo recuerdo cómo se alejaba entre las mesitas del café; su figura, su vestido todavía los veo.

Posdata de Kafka en Cartas a Milena
Ed. Alianza, 2010
Trad. Carmen Gauger

Fot. Milena Jesenská, anónima

jueves, 18 de febrero de 2016

Carta


No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito.
Carta a una señorita en París

domingo, 30 de agosto de 2015

Carta de Simone de Beauvoir


Prefiero la tristeza seca que el enojo frío, por eso mis ojos se han mantenido secos hasta ahora, tan secos como el pescado ahumado, pero mi corazón es como una sucia y suave natilla por dentro.

[...]

No estoy triste. Más bien me siento aturdida, muy lejos de mí misma, sin creer que realmente estés tan pero tan lejos estando tan cerca. Quiero decirte dos cosas antes de partir, y después no volveré a hablar jamás de ello, lo prometo. Primero, tengo muchas esperanzas, quiero y necesito demasiado volver a verte… algún día. Pero, recuerda, por favor, yo nunca volveré a pedirte que nos veamos -no por orgullo, que ya sabes que no tengo ninguno cuando estoy contigo, pero nuestro encuentro sólo significará algo si es que tú eres quien desea que nos veamos. Así que esperaré, cuando lo desees, sólo dilo. No asumiré que me amarás de nuevo, ni siquiera que dormirás conmigo, y ni siquiera tenemos que estar juntos por mucho tiempo- Sólo cuánto tú quieras y cuando quieras. Pero ten presente que siempre estaré esperando que me lo pidas. No, no puedo pensar que no volveré a verte de nuevo. He perdido tu amor y fue (es) doloroso, pero no quiero perderte. De cualquier modo, me diste demasiado, Nelson, y lo que diste significó tanto para mí que no podrías tenerlo de vuelta jamás. Y tu ternura y tu amistad fueron tan preciadas para mí que aún puedo sentirme cálida y feliz e injustamente agradecida cuando te veo a ti dentro de mí. Espero que esta ternura y esta amistad nunca me abandonen.

En cuanto a mí, me siento desconcertada y avergonzada, pero esta es la única verdad: Te amo tanto como en aquel día en que aterricé entre tus brazos decepcionados, es decir, con todo mi ser y sucio corazón. No puedo hacer menos. Pero eso no te molestará, cariño, y no hagas del escribir cartas una obligación, sólo escríbeme cuando lo sientas, sabiendo en cada momento que recibirlas me hará muy feliz. 

Bueno, todas estas palabras parecen tontas. Parece que estás cerca, tan cerca, déjame acercar a ti, como en los viejos tiempos, déjame estar dentro de tu corazón por siempre.

Tu Simone.

Carta escrita por Simone de Beauvoir en septiembre de 1950 a Nelson Algren, con quien había sostenido un romance a larga distancia, a través del Atlántico. En 1953 volvió a casarse con su ex-esposa Amanda Kontowicz.


sábado, 8 de agosto de 2015

Carta


Escribe una carta de amor solamente
que tenga la semilla de un gran suspiro
y después olvídala en la memoria
para que yo la pueda escuchar.
De noche, cuando duermes,
aunque tú no lo sabes, vengo a buscarte:
mi límite frío de sueño
se compagina con el tuyo,
vivimos sobre dos desiertos
que al atardecer se transforman en colinas
y desnudo mis senos en la noche
ansiosa de que tú los mires.

Alda Merini
Carta de amor

Pint: Vermeer
Muchacha leyendo una carta


Bach, BWV 846-869: 
Prelude and Fugue No.1 in C Major, BWV 846

domingo, 14 de diciembre de 2008

Me gusta que me leas


A la luz de una ventana abierta, desde el interior, con la calidez de alfombras y cortinajes, sólo faltan unas zapatillas viejas.

Pint: Johannes Vermeer
Muchacha leyendo una carta al lado de una ventana