Mostrando entradas con la etiqueta Eros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eros. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de enero de 2018

Conocimiento


Por medio del olfato, el gusto, el tacto, nos conocemos unos a otros, ponemos en ignición la mente del otro; los datos que nos trasmiten los olores del cuerpo después del orgasmo, el aliento, el sabor de la lengua, constituyen medios primitivos de conocimiento. En mi caso, se trataba de un ser perfectamente común, sin dotes excepcionales, pero en lo elemental, por así decirlo, extraordinario para mí: exhalaba los olores de las cosas buenas de la naturaleza, como el pan recién horneado, como el café tostado o el sándalo. (...) Paracelso dice que los pensamientos son actos. Y de todos los actos, supongo, el sexual es el más importante, pues es aquel en el que más se divulgan nuestros espíritus. Sin embargo, uno lo experimenta como una especie de paráfrasis de lo poético, de pensamiento que adopta la forma de un beso o un abrazo. El amor sexual es conocimiento tanto en su etimología como en el hecho en sí; ”la conoció“, dice la Biblia. El sexo es la unión o acoplamiento que ata los hilos de Ariadna del macho y de la hembra: la nube de lo desconocido.

Lawrence Durrell 
El cuarteto de Alejandría,  Clea
Ed. Edhasa, 2008
Trad. Matilde Horne

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Sueños de naufragio


I
Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
es dar la vuelta al mundo,
atravesar sin brújula la rosa de los vientos,
islas, golfos, penínsulas, diques de aguas embravecidas.
No es tarea fácil  -sí placentera-.
No creas hacerlo en un día o noche
de sábanas explayadas.
Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas.

II
El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado.
Encuentras un astro y quizá deberás empezar
a corregir el rumbo cuando nube, huracán
o aullido profundo
te pongan estremecimientos.
Cuenco de la mano que no sospechaste

III
Repasa muchas veces una extensión.
Encuentra el lago de los nenúfares.
Acaricia con tu ancla el centro del lirio.
Sumérgete, ahógate, distiéndete.
No te niegues el olor, la sal, el azúcar.
Los vientos profundos,
cúmulos nimbus de los pulmones,
niebla en el cerebro,
temblor de las piernas,
maremoto adormecido de los besos.

IV
Instálate en el humus sin miedo
al desgaste, sin prisa.
No quieras alcanzar la cima.
Retrasa la puerta del paraíso.
Acuna tu ángel caído,
revuélvele la espesa cabellera
con la espada de fuego usurpada.
Muerde la manzana.

V
Huele.
Duele.
Intercambia miradas, saliva impregnante.
Da vueltas, imprime sollozos, piel que se escurre.
Pie, hallazgo al final de la pierna.
Persíguelo, busca, secreto del paso, forma del talón,
arco del andar, bahías formando arqueado caminar.
Gústalos.

VI
Escucha, caracola del oído,
como gime la humedad.
Lóbulo que se acerca al labio, sonido de la respiración.
Poros que se alzan formando diminutas montañas.
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto.
Suave puente, nuca, desciende al mar, pecho.
Marea del corazón, susúrrale.
Encuentra la gruta del agua.

VII
Traspasa la tierra del fuego, la buena esperanza.
Navega loco en la juntura de los océanos.
Cruza las algas, ármate de corales, ulula, gime,
emerge con la rama de olivo,
llora socavando ternuras ocultas,
desnuda miradas de asombro,
despeña el sextante desde lo alto de la pestaña,
arquea las cejas, abre ventanas de la nariz.

VIII
Aspira, suspira.
Muérete un poco.
Dulce, lentamente, muérete.
Agoniza contra la pupila, extiende el goce.
Dobla el mástil, hincha las velas.
Navega, dobla hacia Venus,
estrella de la mañana
-el mar como un vasto cristal azogado-
Duérmete náufrago.


martes, 5 de septiembre de 2017

Fascinatio y ludibrium


Cuando los bordes de las civilizaciones se tocan y se superponen, se producen sacudidas. Uno de estos seísmos tuvo lugar en Occidente cuando el borde de la civilización griega tocó el borde de la civilización romana y el sistema de sus ritos: cuando la angustia erótica se convirtió en fascinatio y la risa erótica en el sarcasmo del ludibrium.

Pascal Quignard
El sexo y el espanto
Ed. Minúscula, 2005
Trad. Ana Becciú

lunes, 22 de mayo de 2017

Fetichismo



-Creo -dijo Brown- que de niños estamos muchos más inclinados a ser fetichistas de una forma u otra. Recuerdo que me escondí en el guardarropa de mi madre y me extasiaba oliendo y tocando sus vestidos. Aún hoy no puedo resistir a una mujer que lleve un velo, un tul o unos adornos de plumas, porque despierta en mí las extrañas sensaciones que experimentaba en el guardarropa.
Mientras contaba aquello recordé que también yo, cuando contaba trece años, me escondí en el guardarropa de un joven, y por la misma razón. Él tenía veinticinco años y me trataba como a una chiquilla, pero yo estaba enamorada de él. Sentada a su lado en el coche en el que nos llevaba a dar largos paseos, el simple contacto de su pierna con la mía me producía el éxtasis. Por la noche me metía en la cama, apagaba la luz y sacaba una lata de leche condensada en la que había practicado un orificio. Me sentaba a oscuras chupando la leche dulce con una inexplicable sensación voluptuosa en todo el cuerpo. Pensé entonces que estar enamorada y sorber leche dulce guardaba relación. Lo recordé mucho tiempo después cuando probé el semen por primera vez.

Anaïs Nin
Delta de Venus

Fot. Nobuyoshi Araki

sábado, 29 de abril de 2017

El secreto de Eros



Roja yo vivo. Con sangre vivo.
No he renegado de Eros.
Mis rojos labios arden sobre tu frío altar.
Te conozco. Eros,
no eres hombre ni mujer,
eres la fuerza
que se sienta agazapada en el templo,
y que se alza más salvaje que un grito,
más violenta que una piedra arrojada,
lanzando al mundo las justas palabras de la anunciación
desde las puertas del templo del Todopoderoso.

El secreto de Eros
Versión de Renato Sandoval e Irma Sítanen