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sábado, 30 de noviembre de 2019

Pensar/Mentir


Mentir.
Mentar.
Montar.
El lenguaje cabalga,
sin jinete ni caballo,
a lomos del deseo.

Moritz Fritz
Pensar/Mentir

Fot. René Groebli,
De la serie El ojo del amor, 1954


martes, 27 de junio de 2017

Lo que perdura


El rasgo esencial de lo erótico es la drástica modificación del curso del tiempo. Eros alumbra nuestros momentos áureos y, simétricamente, estos entretejen nuestra constelación erótica. Se exige, así, una suerte de doble nacimiento según el cual la fuerza de un instante, siendo imprescindible como acción, todavía es más importante si logra traspasar el filtro de la evocación. Lo erótico conlleva deseo y poder, pero estos únicamente sobreviven si son capaces de superar la prueba de la memoria.
La tensa espera de un determinado acontecimiento, la caricia sobre un cuerpo, la contemplación de algo bello o terrible, sólo llegan a incorporarse a nuestro espacio mítico si permanecen y crecen en nuestro recuerdo. A este respecto la criba es gigantesca: aquello que pareció único y singular, aquello que al ocurrir parecía que marcaba para siempre nuestras vidas puede desvanecerse frecuentemente en el olvido más absoluto. Para que el poder perdure se necesita que continúe ensanchándose la onda expansiva, se necesita que continúe escuchándose el eco. La pasión no radica en lo que sucedió sino en lo que, salvando las trampas del laberinto, sigue sucediendo.

El cazador de instantes.Cuaderno de travesía 1990-1995
Ed. Destino

Lo que perdura


El rasgo esencial de lo erótico es la drástica modificación del curso del tiempo. Eros alumbra nuestros momentos áureos y, simétricamente, estos entretejen nuestra constelación erótica. Se exige, así, una suerte de doble nacimiento según el cual la fuerza de un instante, siendo imprescindible como acción, todavía es más importante si logra traspasar el filtro de la evocación. Lo erótico conlleva deseo y poder, pero estos únicamente sobreviven si son capaces de superar la prueba de la memoria.
La tensa espera de un determinado acontecimiento, la caricia sobre un cuerpo, la contemplación de algo bello o terrible, sólo llegan a incorporarse a nuestro espacio mítico si permanecen y crecen en nuestro recuerdo. A este respecto la criba es gigantesca: aquello que pareció único y singular, aquello que al ocurrir parecía que marcaba para siempre nuestras vidas puede desvanecerse frecuentemente en el olvido más absoluto. Para que el poder perdure se necesita que continúe ensanchándose la onda expansiva, se necesita que continúe escuchándose el eco. La pasión no radica en lo que sucedió sino en lo que, salvando las trampas del laberinto, sigue sucediendo.

El cazador de instantes.Cuaderno de travesía 1990-1995
Ed. Destino

sábado, 10 de junio de 2017

Apaga estos ojos míos


Apaga estos ojos míos: no dejaré de verte,
si me tapas los oídos podré igualmente oírte,
y podré sin pies ir hacia ti
y sin boca podré aún conjurarte.
Quítame los brazos y te cogeré
con mi corazón como si fuera una mano;
párame el corazón, latirá el cerebro;
y si a mi cerebro prendes fuego,
entonces te llevaré en mi sangre.

El Libro de Horas
Ed. Hiperión, 2005
Trad. Federico Bermúdez-Cañete

Fot, René Groebli, 1953

jueves, 11 de mayo de 2017

Sombras


Entrar en casa
como animal que acude
a su refugio.
Y buscar en la sombra
otra sombra que duerme.

La vida de otro modo
Poesía 1998 – 2008
Ed. Calambur, 2008

viernes, 3 de junio de 2016

Es de noche


Pido el silencio
... canta, lastimada mía
Cervantes
aunque es tarde, es noche,
y tú no puedes.

Canta como si no pasara nada.

Nada pasa.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Claroscuro


Apaga estos ojos míos: no dejaré de verte,
si me tapas los oídos podré igualmente oírte,
y podré sin pies ir hacia ti
y sin boca podré aún conjurarte.
Quítame los brazos y te cogeré
con mi corazón como si fuera una mano;
párame el corazón, latirá el cerebro;
y si a mi cerebro prendes fuego,
entonces te llevaré en mi sangre.

Rainer Maria Rilke
El Libro de Horas

Fot: René Groebli