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jueves, 14 de diciembre de 2017

Un aspecto diabólico


La simple actividad sexual es diferente del erotismo: la primera se da en la vida animal y sólo la vida humana muestra una actividad que define, tal vez, un aspecto «diabólico» al cual conviene el nombre de erotismo.

Georges Bataille
Breve historia del erotismo
Ediciones Calden, Uruguay, 1970
Trad: Alberto Drazul

Fot. Tok5

miércoles, 5 de julio de 2017

Graal


Respiración oscura de la vulva.

En su latir latía el pez del légamo
y yo latía en ti.
Me respiraste
en tu vacío lleno
y yo latía en ti y en ti latían
la vulva, el verbo, el vértigo y el centro.

Graal

Fot. anónima de Ita Rina (Italina Ida Kravanja)

viernes, 5 de mayo de 2017

El silencio del cuerpo


Si les quitamos a los sentimientos amorosos la morbosidad que los lubrifica, no quedarán sanos, sino estériles, atrofiados, movidos por el viento árido de la crueldad.

Guido Ceronetti
El silencio del cuerpo
Ed. Acantilado
Trad. J. A. González Sainz

domingo, 11 de diciembre de 2016

Oso



-Oso- dijo frotando el pelaje con el pie, sintiéndose sola de repente. El calor del fuego era excesivo; la alfombra de pelo se había apartado de la chimenea y se le había acercado. ¡Oh, se sentía sola, inconsolablemente sola…! Llevaba años sin sentir contacto humano. Siempre se le había dado mal. Era como si los hombres supieran que su alma estaba gangrenada. Las ideas estaban muy bien y ella podía esconderse en su trabajo y olvidarse por un tiempo del auténtico significado del instituto, donde el director se la follaba un día a la semana sobre su mesa mientras ambos confían escandalizar al Gobierno, aunque Lou sabía muy bien que lo que él deseaba de verdad no era su carne pálida, sino esos elegantes bocallaves del siglo XVIII que tanto escaseaban en Ontario.
Había permitido que aquel trámite continuara porque era su único contacto humano, pero le horrorizaba recordarlo. No había cariño alguno en el acto, solo costumbre y conveniencia. Se había convertido en una especie de castigo que ella se infligía.
-Oh, oso- dijo, acariciándole el cuello. Se levantó, se desnudó, porque hacía calor. Se tumbó junto al lomo del oso, algo apartada y también apartada del fuego y, desolada, empezó a hacerse el amor.
El oso despertó de su sopor y se volvió. Sacó la pecosa lengua. Era gruesa y, como decía la enciclopedia, tenía un surco longitudinal. Empezó a lamerla.
Una lengua gruesa, moteada de rosa y negro. Lamió. Raspó hasta cierto punto. Tanteó. Era cálida, agradable, extraña. ¿Qué demonios haría Byron con su oso?, se preguntó Lou.
El oso lamía. Buscaba. Lou podría haber sido una pulga a la que él estaba persiguiendo. Le lamió los pezones hasta que se le pusieron duros y le relamió el ombligo. Ella lo guió con suaves jadeos hacia abajo.
Movió las caderas: se lo puso fácil.
-Oso, oso- susurró, acariciándole las orejas. La lengua, no solo musculosa sino también capaz de alargarse como una anguila, encontró todos sus rincones secretos. Y, como la de ningún ser humano que hubiera conocido, perserveró en darle placer. Al correrse sollozó, y el oso le enjugó las lágrimas.

Marian Engel   Oso
Ed. Impedimenta.
Trad. Magdalena Palmer

Ilustración Gabriella Barouch

viernes, 30 de septiembre de 2016

Cuando la debilidad se llama bondad




(…) La debilidad de Franz se llama bondad. Franz nunca podría darle ordenes a Sabina. No le mandaría, como en tiempos hizo Tomás, que coloque un espejo en el suelo y ande encima de él desnuda. No es que le falte sensualidad, pero le falta fuerza para mandar. hay cosas que solo pueden hacerse con violencia. El amor físico es impensable sin violencia.

Sabina miraba a Franz que caminaba por la habitación con la silla levantada, aquello le parecía grotesco y la llenaba de una extraña tristeza.

Franz dejó la silla en el suelo y se sentó en ella mirando a Sabina.

-No es que me agrade ser fuerte-dijo-, pero ¿para qué necesito estos músculos en Ginebra? Los llevo como un adorno. Como unas plumas de pavo real. En la vida me he peleado con nadie.

Sabina continuó con su meditación  melancólica: ¿Y si tuviera un hombre que le diera órdenes? ¿alguien que quisiera ser su amo? ¿Cuánto tiempo iba a aguantarlo? !Ni siquiera cinco minutos! De lo cual se deduce que no hay hombre que le vaya bien. Ni fuerte ni débil. Dijo:

     -¿Y por qué no utilizas nunca tu fuerza contra mí?

     -Porque amar significa renunciar a la fuerza -dijo Franz con suavidad.

Sabina se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar, de que aquella frase era hermosa y cierta. En segundo lugar, de que al pronunciarla, Franz quedaba descalificado para su vida erótica.


Ed. Tusquets, 1993
Trad. Fernando Valenzuela

Fot. Fotogramas de The Servant de Joseph Losey, 1963

lunes, 28 de marzo de 2016

Presencia y sensación


El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones.

Octavio Paz, La llama doble
Ed. Seix Barral, 2001

martes, 26 de enero de 2016

Pequeñas lecciones de erotismo

Crina Prida

I

Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
es dar la vuelta al mundo
Atravesar sin brújula la rosa de los vientos
islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
no es tarea fácil -si placentera-
No creas hacerlo en un día o noche 
de sábanas explayadas.
Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas

II

El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado.
Encuentras un astro y quizá deberás empezar
a corregir el rumbo cuando nube huracán 
o aullido profundo
te pongan estremecimientos.
Cuenco de la mano que no sospechaste

III

Repasa muchas veces una extensión
Encuentra el lago de los nenúfares
Acaricia con tu ancla el centro del lirio
Sumérgete ahógate distiéndete
No te niegues el olor la sal el azúcar
Los vientos profundos 
cúmulos nimbus de los pulmones
niebla en el cerebro
temblor de las piernas
maremoto adormecido de los besos

IV

Instálate en el humus sin miedo 
al desgaste sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído 
revuélvele la espesa cabellera 
con la espada de fuego usurpada
Muerde la manzana

V

Huele
Duele
Intercambia miradas saliva impregnante
Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
Pie hallazgo al final de la pierna
Persíguelo busca secreto del paso forma del talón
Arco del andar bahías formando arqueado caminar
Gústalos

VI

Escucha caracola del oído
como gime la humedad
Lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
Poros que se alzan formando diminutas montañas
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
Suave puente nuca desciende al mar pecho
Marea del corazón susúrrale
Encuentra la gruta del agua

VII

Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
Navega loco en la juntura de los océanos
Cruza las algas ármate de corales ulula gime
Emerge con la rama de olivo 
Llora socavando ternuras ocultas
Desnuda miradas de asombro
Despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
Arquea las cejas abre ventanas de la nariz

VIII

Aspira suspira
Muérete un poco
Dulce lentamente muérete
Agoniza contra la pupila extiende el goce
Dobla el mástil hincha las velas
Navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
-el mar como un vasto cristal azogado-
Duérmete náufrago.

Gioconda Belli, Pequeñas lecciones de erotismo


Believe, Beleft, Below
Esbjörn Svensson Trio

martes, 11 de agosto de 2015

Eros

Una imagen nada explícita y tremendamente erótica:
El hombro, la clavícula, el pliegue de la axila, 
la curva del pecho, la sombra del pezón.


Fot: Bangsanghyeok

Written On The Sky
Max Richter

sábado, 1 de agosto de 2015

El ritmo lentísimo



Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a codearse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes. 

Alejandra Pizarnik
La condesa sangrienta

Concerto For Lute, 2 Violins And Continuo In D Major, 
RV 93: 2. Largo
Antonio Vivaldi

martes, 21 de julio de 2015

La erótica del pecado

¿Puede haber algo más erótico que el ofrecimiento de una nuca? ¿Puede haber muestra de más confianza, a la vez que intimidad, de quien la ofrece a quien la ofrece?
Mi parte oscura diría que un beso puede ser un estilete.
Mi parte luminosa sólo recuerda tu olor.


El pecado de la fornicación es dividido por Casiano en tres tipos. El primero es la "conjunción de los dos sexos" (commixtio sexus utriusque) o fornicatio – en sentido restringido – ; el segundo es cometido sin tener contacto con la mujer (absque feminu tactu)(1), y esto es lo que llevó a Onán a la condenación, es la immunditia, y puede tener lugar tanto en el sueño (polución) como en la vigilia (masturbación); finalmente, el tercero es "concebido por el pensamiento y el espíritu": es la libido, que tiene lugar en los "pliegues del alma", sin que tenga lugar la "pasión corporal" (sine pasione corporis).

Michel Foucault
Historia de la Sexualidad

(1) Nótese que sólo los hombres podían pecar, puesto que para el señor Casiano, santo para más señas y Padre de la Iglesia, las mujeres no tenían alma.
La nota es mía.

Serse (Xerxes), HWV 40
Händel