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lunes, 18 de noviembre de 2019

Recuerda, cuerpo


Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,
no sólo en qué lechos estuviste,
sino también aquellos deseos de ti
que en otros ojos viste brillar
y en otras voces temblaron
y que la suerte humilló.
Ahora que todos ellos son cosa del pasado
casi parece como si hubieras satisfecho
aquellos deseos – cómo ardían
recuerda, en los ojos que te contemplaban;
cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.

Konstantinos Kavafis
Versión J.M. Montefogo

Fot. Jan Saudek
Petite fille à la rose, 1980

viernes, 26 de agosto de 2016

Todo está ya dicho


Por las callejuelas de los solos
las tardes espesan
y se me acaban los días
en el lento gotear de los relojes.
Hambre de búhos
y mascullar de reptiles;
lobos atentos a la avaricia
y una sirena que empieza su canto.
Todo está ya dicho.
No acudiste a mi llamada.

Fot: Jan Saudek

Max Richter & Ben Russell - Path 19 (yet frailest)

jueves, 28 de julio de 2016

Sentencia 5


Hacer depender. No hace el numen el que lo dora, sino el que lo adora: el sagaz más quiere necesitados de si que agradecidos. Es robarle a la esperanza cortés fiar del agradecimiento villano, que lo que aquella es memoriosa es éste olvidadizo. Más se saca de la dependencia que de la cortesía: vuelve luego las espaldas a la fuente el satisfecho, y la naranja exprimida cae del oro al lodo. Acabada la dependencia, acaba la correspondencia, y con ella la estimación. Sea lección, y de prima en experiencia, entretenerla, no satisfacerla, conservando siempre en necesidad de si aun al coronado patrón; pero no se ha de llegar al exceso de callar para que yerre, ni hacer incurable el daño ajeno por el provecho propio.

Ed. Cátedra, 2005

Fot. Jan Saudek Deep Devotion of Veronika, 1994

sábado, 18 de junio de 2016

El nudo


Del profundo mar en calma, salen dos serpientes de inmensas espirales.
Por encima de las olas levantan su cresta y su pecho…
mientras el resto de su cuerpo se desarrolla a flor de agua.
Una de ellas ahora me aprisiona en medio de dos vueltas y
me oprime con el doble anillo de su amor. Y yo, intento romper su nudo

La Eneida

Hungry for your touch

miércoles, 8 de julio de 2015

Complicidades



Me habría gustado que se hiciera aquello por lo que se preguntaba en una obra en pareados, el poeta Nazim el Rubio de Ran: una pintura de la felicidad. Sé perfectamente cómo tendría que hacerse. Querría que se pintara una madre con dos hijos; me gustaría que mientras el pequeño, al que la madre sostiene en su regazo dándole de mamar sonriente, chupaba sonriendo feliz el enorme pezón, la mirada del hijo mayor, ligeramente envidioso, y la de la madre se entrecruzaran. Me gustaría ser la madre en esa pintura y que se hiciera a la manera de los antiguos maestros de Herat, capaces de detener el tiempo pintando al pájaro del cielo como si volara pero también mostrándolo feliz eternamente suspendido en el aire. Lo sé, no es fácil.

Orhan Pamuk
Me llamo Rojo

Fot: Jan Saudek

Ts'Voren
Armand Amar

domingo, 25 de noviembre de 2007

Arrullo


Escribo demorándome en las palabras, como ante escaparates que no veo, y son medio-sentidos, casi-expresiones lo que me queda, como colores de tapicerías que no vi lo que eran, armonías exhibidas compuestas de no sé qué objetos. Escribo arrullándome, como una madre loca a un hijo muerto.

Fernando Pessoa
Libro del desasosiego de Bernardo Soares

Fot. Jan Saudek
Sarah

viernes, 16 de noviembre de 2007

Entretenerla, no satisfacerla


Hacer depender. 
No hace el numen el que lo dora, sino el que lo adora.
El sagaz más quiere necesitados de sí que agradecidos. 
Es robarle a la esperanza cortés fiar del agradecimiento villano, que lo que aquella es memoriosa es éste olvidadizo. 
Más se saca de la dependencia que de la cortesía: vuelve luego las espaldas a la fuente el satisfecho, y la naranja exprimida cae del oro al lodo. Acabada la dependencia, acaba la correspondencia, y con ella la estimación. 
Sea lección, y de prima en experiencia, entretenerla, no satisfacerla, conservando siempre en necesidad de sí aun al coronado patrón; pero no se ha de llegar al exceso de callar para que yerre, ni hacer incurable el daño ajeno por el provecho propio.

Baltasar Gracián
Oráculo manual y arte de prudencia, 1647
Ed. Cátedra, 2005

Fot. Jan Saudek
Deep Devotion of Veronika, 1994