Mostrando entradas con la etiqueta Víctor M. Alonso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Víctor M. Alonso. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de marzo de 2018

La noche


El lugar común de "la noche cae" siempre me sonó incómodo y mentiroso. En el campo o en el océano la noche se levanta sin atenuantes, como la muerte, como los finales, y la tenue tregua de las estrellas no hace más que subrayar la idea de lo impensable. Así, cuando uno cree comprenderlo todo, enseguida sobreviene el espanto de la más absoluta de las ignorancias. La noche nos pone, siempre, en nuestro lugar.

Rodrigo Fresán
La velocidad de las cosas
Ed. Debolsillo, 2005

Fot. Víctor M. Alonso

miércoles, 17 de enero de 2018

Soledades


Los sentimientos y observaciones  del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes. La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello, la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado.

Thomas Mann
La muerte en Venecia
Ed. Edhasa
Trad. Juan José del Solar

Fot. Víctor M. Alonso

jueves, 27 de julio de 2017

La buhardilla

   
La buhardilla.

A base de esfuerzo y ahorro habían conseguido un mar en la buhardilla. Sólo los domingos lo visitaban, el resto de los días debían contentarse con oírlo bramar. En ocasiones, una mancha extensa y salina de humedad en el techo del salón delataba la existencia de un secreto compartido por todos los de la casa.
—Cuando consigamos nuevos ahorros —decían— compraremos gaviotas y peces voladores.
Y es que trataban a aquel mar casero como si fuera un árbol de Navidad hambriento de sorpresas. Pero nunca pensaron en subirle la maqueta, deslucida, de un transatlántico varado durante décadas en el mostrador de la agencia de viajes de un antiguo huésped:
—Con los barcos llegan los naufragios —advertían precavidos.
Sufrían privaciones con tal de mantenerla y palpitante aquella ilusión, pero no se quejaban.
—Un mar —decían— debe ser parte del destino de los hombres.
De vez en cuando abrían la puerta de la buhardilla, y lo miraban y también lo olían, cuidando siempre de que las olas no acabaran escaleras abajo. Pero sobre todas las cosas lo soñaban, y cada amanecer se intercambiaban sus sueños nunca repetidos.
Y sí alguno sufría de insomnio, se dedicaba a hojear catálogos de aves marinas, pensando cuáles de ellas irían mejor en los amaneceres de aquel mar cautivo. El albatros, quedaba eliminado a la primera: Excesivo —aseguraban—para un mar tan pequeño. Y volvían a remirar en los catálogos por si encontraban una especie de colibrí marino.
Sólo uno de ellos, proclive a las alarmas y a invocar infortunios, les prevenía:
—Cuidado, mucho cuidado —susurraba— pues de estar tanto tiempo encerrado es fácil que acabe por convertirse en un mar pálido, un mar de escaso azul y mucha ojera.
Entonces, subían todos, y, ante las aguas contenidas, derramaban unas cucharadas de tinta estilográfica. Y el mar azuleaba agradecido, salpicando con su espuma las paredes tapizadas de la vieja buhardilla.

Rafael Pérez Estrada
El muchacho amarillo
Ed. Plaza & Janés, 2000

Fot. Víctor M. Alonso

jueves, 13 de julio de 2017

Salpicada de espuma, de salitre



Salpicada de espuma, de salitre,
desnuda, desde el mar,
viene gritando:

La vida, sí, la vida misma:
¡Un delirio por los prados!

Desde mi ventana blanca,
con los brazos extendidos,
la estoy llamando con voces
de un ardor desmelenado.

Salpicada de espuma, de salitre,
desnuda, por los campos,
va gritando.

¡La vida, sí, la vida misma!

Pálido y alto, callado,
la miro pasar llorando.

"Salpicada de espuma, de salitre..."

Obsesión

martes, 4 de julio de 2017

Hermético


La textura sutil y delicada de las nubes
Desaparece tras los árboles;
Y de repente, la confusión que precede a la tormenta:
El cielo está hermoso, hermético como un mármol.

Supervivencia
Ed. Acuarela Libros, 2007