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jueves, 17 de noviembre de 2016

Recordar, narrar


Es inevitable que el novelista, el psicoanalista y el neurocientífico tengan opiniones distintas de la memoria y la imaginación. Para el novelista, todo el trabajo lo realiza la historia que se cuenta. Cuando escribo ficción lo que me preocupa es lo que me parece que está bien y lo que me parece que está mal. Mientras trabajo me vienen imágenes a la cabeza, igual que cuando recuerdo. A menudo uso como telón de fondo paisajes, habitaciones y calles que existen en la realidad para situar la acción de mis personajes de ficción. Me guío por la historia, por la creación de una narración que yo sienta como auténtica desde un punto de vista emocional, más que literal. La novela desarrolla una lógica interna propia, regida por mis sentimientos.
Para el analista son cruciales los recuerdos personales del paciente, pero también lo son las fantasías y los sueños. Existen dentro de la atmósfera de diálogo de la consulta del analista y de la estructura de abstracción conceptual que el psicoanalista aporta a su trabajo. Cuando éste escucha los recuerdos de un paciente, tiene muy presente la de idea de Nachträglichkeit de Freud, que James Strachey tradujo al inglés como deferred action (acción diferida). Un paciente adulto puede recordar cosas de cuando tenía cinco años, pero esos recuerdos han sido reconfigurados con el paso del tiempo. El analista estará atento a los temas y defensas que se repiten en el monólogo de su paciente, pero también a la cadencia de su voz, a las vacilaciones y, si el paciente está frente a él, a los movimientos y gestos del cuerpo. Lo que se crea entre el analista y el paciente no es necesariamente un relato que representa unos hechos históricos, sino que reconstruye un pasado transformándolo en una narración que ayuda a explicar racionalmente unas emociones y unas neurosis perturbadoras. Igual que sucede con el novelista, tanto el paciente como el analista deben sentir la narración; tienen que sentirla dentro de sí mismos como algo auténtico desde el punto de vista emocional.

Siri Hustvedt, Vivir, pensar, mirar
Ed. Anagrama, 2014
Trad. Cecilia Ceriani

Fot. Raoul Hausmann. Untitled. February 1931

lunes, 20 de junio de 2016

La transferencia


La formulación de la transferencia, según Lacan


Imagen de la actriz Sandrine Bonnaire en el film "Intimate Strangers", traducido aquí como "Confidencias muy íntimas", en la que su personaje (Anna) acude a un psicoanalista en París. Llama a la puerta, entra, se sienta y empieza a hablar de sus problemas matrimoniales. El hombre escucha, habla poco y se abstiene de confesarle que se ha equivocado de puerta y que él, de hecho, es un contable.
Ella descubre más tarde que él (William) no es en realidad el psicoanalista, sino que el auténtico reside en la puerta de al lado. Pero a la semana siguiente, vuelve a visitar a William. Le guste o no, William es su analista ya que, involuntariamente, ha ocupado la posición simbólica del analista ante su discurso y entre ambos ha emergido la transferencia, basada en la ilusión, la ficción o el deseo de Anna cuando entró, se sentó y empezó a hablar.


Otto A Totland, Pinô

jueves, 23 de julio de 2015

Ariadna

John William Waterhouse, Ariadna

(¿psico?)Análisis del mito del Minotauro, por Hefestosanima

Lo siguiente es una interpretación propia hecha desde el (poco) psicoanálisis lacaniano sobre el mito del Minotauro.

Hay muchas versiones del mito del Minotauro pero se tomará la siguiente:

Minos ambiciona ser Rey de Creta y pidió al dios Poseidón apoyo para suceder al rey Asterión frente a sus hermanos Radamantis y Sarpedón y ser reconocido como tal por los cretenses.

Poseidón le da a un hermoso toro blanco para que se lo sacrifique a cambio de hacerlo Rey. Sin embargo, al quedar Minos maravillado por las cualidades del hermoso toro blanco, lo ocultó entre su rebaño y sacrificó a otro toro en su lugar esperando que el dios del océano no se diera cuenta del cambio. Al saber esto Poseidón, se llenó de ira, y para vengarse, inspiró en Pasífae un deseo tan insólito como incontenible por el hermoso toro blanco que Minos guardó para sí.

Pasifae alivia su deseo con la ayuda de Dédalo, quien le construye una base con madera y piel de vaca.

De Pasifae nace el Minotauro. El Minotauro es hijo del deseo animal de su madre y producto de la ambición de su padre, de quien conserva su nombre. El Minotauro encarna el deseo, es salvaje, agresivo y se alimenta sólo de carne humana.

Dédalo le construye al Rey Minos un laberinto para encerrar al Minotauro. Posteriormente Minos lo encierra ahí pero logra escapar. Dejándole a la hija de Minos, Ariadna, la clave para poder salir del laberinto.

El Rey Minos decide entrar en guerra con Atenas y vence. Les obliga a ofrecer un tributo de doncellas y hombres para alimentar al Minotauro. Teseo, hijo de Egeo, héroe de Atenas, se ofrece como tributo para matar al Minotauro. Teseo es un hombre valiente, el cual habilitado por su padre, cuenta con astucia militar y fuerza igual a los dioses. Teseo representa un ideal. Ariadna se enamora de él y le dice la clave para salir del laberinto, usar un hilo que lo lleve de regreso a la entrada. El Minotauro es asesinado a golpes por Teseo. Logra escapar del laberinto y regresa a Atenas con Ariadna.

A partir de esta versión el análisis es el siguiente:

El rey Minos es un hombre Perverso. Posiblemente fijado en la oralidad nunca tiene suficiente poder ni suficientes riquezas.

Pasifae se deja llevar por la pasión inducida por Poseidón. Se entrega a su goce perverso que trasgrede las leyes de los hombres y la naturaleza, donde ve su sueño satisfecho.

El Minotauro es la encarnación del deseo inconsciente, es el goce perverso, es finalmente un animal que jamás es satisfecho y que devora a los hombres. Es el Ello.

Dédalo representa la instancia que regula al ello, El yo. Construye alrededor del goce un laberinto, que finalmente tiene una salida, pero no para el Minotauro. El laberinto es la represión y todos los mecanismos que sirven para ocultar al deseo inconsciente. Dédalo es capaz de construir para buscar una manera de satisfacer el deseo.

Teseo es el ideal del yo, el superyó que conjunta todas las características que la sociedad y la moral exigen de un individuo. El, parecido a los Dioses, un héroes es aquello a lo que aspiramos y que se enfrenta como un juez implacable al deseo inconsciente. Es la fuente del castigo, la muerte del Minotauro y, por lo tanto, de la culpa.

Desde este punto de vista, todas las personas tenemos un deseo inconsciente feroz que lo único que quiere es ser satisfecho. El placer pleno es muerte. El inconsciente es el lugar de la Pulsión de Muerte. La Pulsión de vida surge de la Pulsión de Muerte como la medicina extraída de un veneno. Es el laberinto que lo rodea. Es el Yo que con el superyó no deja que el deseo sea jamás satisfecho. Inserto en la Cultura entonces el hombre busca y busca satisfacer su deseo sin jamás poder lograrlo. Pero vive y construye a partir de él. Trascendiendo en todos los sentidos posibles. El deseo del inconsciente queda oculto para siempre para la conciencia.

Otra interpretación

El rey Minos ofrece a su hija Ariadna como premio por derrotar al Minotauro. Ella se enamora de Teseo y le da el hilo para que pueda escapar.

Interpretacion

Ariadna es objeto del goce perverso de su padre es decir, es un objeto de intercambio que habla de la riqueza de su padre. Un esposo digno es un tesoro más para el lustre del rey Minos. El Minotauro es el símbolo del padre a quien Teseo vence para separar a Ariadna del goce de su padre. Este es un ejemplo de la cura por medio del amor.

El hilo es un símbolo de acceso “sublimado” del interior del laberinto, el inconsciente, a la superficie. también puede representar el trabajo psicoanalitico.

Hefestosanima

Ariadne
Lisa Gerrard

domingo, 28 de junio de 2015

¡Peligro!

Gente pensando...


Versión en castellano: Un buen relato, Conversaciones sobre la verdad, la ficción y la terapia psicoanalítica, Ed. Literatura Random House

sábado, 13 de diciembre de 2014

Impulsión y compulsión

Es ese ir más allá de lo permitido y de la norma lo que hace tan excitante y adictiva la transgresión de cualquier precepto y es precisamente el miedo a ser descubierto de la cleptomana, la codicia de ganar dinero del ludópata, la excitación sádica de aquel que comete un crimen, la sensación voluptuosa de poder del violador o una oscura voluntad de dañar y de venganza en el pirómano los elementos inefables de la tensión que induce al impulso a consumarse. No tiene nada de extraño: cualquier persona normal que haya cruzado un límite cualquiera sabe a qué me refiero.

Fragmento de un texto sobre la impulsividad y Caravaggio

martes, 5 de noviembre de 2013