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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Alejarse del miedo



Pero a ti quiero mirarte
hasta que tu rostro
se aleje de mi miedo
como un pájaro
del borde filoso de la noche.

Alejandra Pizarnik

Mario Viñuela interpreta Departure, de Max Richter

Fot: Elicia Edijanto

miércoles, 30 de mayo de 2018

Esperanza y miedo


Noche a noche dormitaba junto a su marido, sufriendo por rachas. Pero cuando su dolor se condensaba hasta herirla como un puntazo, cuando la asediaba un deseo demasiado imperioso de despertar a Luis para pegarle o acariciarlo, se escurría de puntillas hacia el cuarto de vestir y abría la ventana. El cuarto se llenaba instantáneamente de discretos ruidos y discretas presencias, de pisadas misteriosas, de aleteos, de sutiles chasquidos vegetales, del dulce gemido de un grillo escondido bajo la corteza del gomero sumido en las estrellas de una calurosa noche estival.
(...)
Echada sobre el diván, ella esperaba pacientemente la hora de la cena, la llegada improbable de Luis. Había vuelto a hablarle, había vuelto a ser su mujer, sin entusiasmo y sin ira. Ya no lo quería. Pero ya no sufría. Por el contrario, se había apoderado de ella una inesperada sensación de plenitud, de placidez. Ya nadie ni nada podría herirla. Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedos, capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son los más perdurables.


Fot. anónima de la autora, París 1930

viernes, 16 de marzo de 2018

Los miedos


(...) El miedo de que un pequeño hilo de lana que sale del ribete del cobertor sea duro, duro y penetrante como una aguja de acero; el miedo de que este pequeño botón de mi camisa de dormir sea más grande que mi cabeza, grande y pesado; el miedo de que esta miga de pan, que ahora cae de mi lecho, sea de vidrio y se haga astillas cuando toque el suelo; y la agobiante inquietud de que en realidad se ha de romper todo, todo para siempre; el miedo de que ese borde de una carta abierta sea algo prohibido, que nadie debe ver, algo indescriptiblemente precioso para lo cual ningún lugar de la habitación resulta completamente seguro; el miedo de tragarme, mientras estoy dormido, un trozo de carbón de la estufa; el miedo de que una cifra cualquiera comience a crecer en mi cerebro hasta no hallar en mí espacio para su expansión; el miedo de que sea de granito el lugar donde estoy acostado, de granito gris; el miedo de que se me escape un grito y todos se agolpen ante mi puerta y terminen derribándola; el miedo de llegar a traicionarme, de contar todo aquello de que tengo miedo, y el miedo de no poder decir nada porque todo es tan incierto; y los otros miedos... Los miedos.

Rainer Maria Rilke
Los apuntes de Malte Laurids Brigge
Ed. Alianza, 2010
Trad. Francisco Ayala

Pint. Nicola Samorì
In principio era la fine
Olio su tavola, 40x30 cm, 2016

martes, 13 de febrero de 2018

Seguridad


Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Desea saber quién es el que le agarra; le quiere reconocer o, al menos, poder clasificar. El hombre elude siempre el contacto con lo extraño. De noche o a oscuras, el terror ante un contacto inesperado puede llegar a convertirse en pánico. Ni siquiera la ropa ofrece suficiente seguridad: qué fácil es desgarrarla, qué fácil penetrar hasta la carne desnuda, tersa e indefensa del agredido. (…) Uno se cierra en casas en las que nadie debe entrar y sólo dentro de ellas se siente medianamente seguro. El miedo al ladrón se configura no sólo como un temor a la rapiña sino también como un temor a ser tocado por algún repentino e inesperado ataque procedente de las tinieblas. La mano, convertida en garra, vuelve a utilizarse siempre como símbolo de tal miedo. (…) Esta aversión al contacto no nos abandona tampoco cuando nos mezclamos con la gente. La manera de movernos en la calle, entre muchos hombres, en restaurantes, en ferrocarriles y autobuses, está dictada por este temor. Incluso cuando nos encontramos muy cerca unos de otros, cuando podemos contemplar a los demás y estudiarlos detenidamente, evitamos en lo posible entrar en contacto con ellos. Si actuamos de otra manera sólo es porque alguien nos ha caído en gracia y entonces el acercamiento parte de nosotros mismos.

Elias Canetti
Masa y poder
Ed. Alianza, 2013
Trad: Horst Vogel

Fot. Kimberley Tell

domingo, 11 de febrero de 2018

Miedo a hablar


Me explicó que no hay que tener miedo de hablar, haciendo el amor, porque la voz que tenemos mientras amamos es lo más secreto que hay en nosotros, y las palabras de las que somos capaces, la única desnudez total, escandalosa, final, de que disponemos.

Alessandro Baricco
La esposa joven
Ed. Anagrama
Trad. Xavier González Rovira

Fot. Carolle Bénitah

viernes, 22 de diciembre de 2017

Miedo


El artista no tenía miedo. Decía que si Dios existiera no podría ser tan cruel como para conceder la vida eterna a los hombres...  Pero los burgueses sí que tenían miedo a morir, igual que a vivir. Por eso eran religiosos, parcos y virtuosos. Porque tenían miedo.

Sándor Márai
La mujer justa
Ed. Salamandra
Trad. Agnes Csomos

Fot. Brian Weil

lunes, 6 de marzo de 2017

Sin miedo


Espíritu
Es vida
Fluye a través de mí
Interminablemente
Como un río
Sin miedo
A llegar a ser
El mar.


jueves, 7 de julio de 2016

El payaso

Marc Chagall

El miedo
es un payaso
que os apunta
con una flor de plástico.

José Daniel García


Emilio Kauderer & Federico Jusid: El secreto de sus ojos

sábado, 14 de mayo de 2016

Lo desconocido


Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Desea saber quién es el que le agarra; le quiere reconocer o, al menos, poder clasificar. El hombre elude siempre el contacto con lo extraño. De noche o a oscuras, el terror ante un contacto inesperado puede llegar a convertirse en pánico. Ni siquiera la ropa ofrece suficiente seguridad: qué fácil es desgarrarla, qué fácil penetrar hasta la carne desnuda, tersa e indefensa del agredido. (…) Uno se cierra en casas en las que nadie debe entrar y sólo dentro de ellas se siente medianamente seguro. El miedo al ladrón se configura no sólo como un temor a la rapiña sino también como un temor a ser tocado por algún repentino e inesperado ataque procedente de las tinieblas. La mano, convertida en garra, vuelve a utilizarse siempre como símbolo de tal miedo. (…) Esta aversión al contacto no nos abandona tampoco cuando nos mezclamos con la gente. La manera de movernos en la calle, entre muchos hombres, en restaurantes, en ferrocarriles y autobuses, está dictada por este temor. Incluso cuando nos encontramos muy cerca unos de otros, cuando podemos contemplar a los demás y estudiarlos detenidamente, evitamos en lo posible entrar en contacto con ellos. Si actuamos de otra manera sólo es porque alguien nos ha caído en gracia y entonces el acercamiento parte de nosotros mismos.

Elias Canetti, Masa y poder, 1960
Ed. Muchnik Editores, 1981
Trad: Horst Vogel

Fot: Isolde Ohlbaum, Retrato de Elias Canetti

lunes, 2 de mayo de 2016

El naufragio como salvación



Un día, en la época de los generales, la muchacha desapareció para siempre. Una vez más la poesía dice la ausencia, algo o alguién que ya no está. Poca cosa, una poesía, un cartelito puesto sobre un sitio vacío. Un poeta lo sabe y no le da demasiado crédito, pero le da aún menos al mundo que lo celebra o lo ignora.(-) No está mal llenar folios bajo las máscaras que se ríen burlonas y entre la indiferencia de la gente que está sentada en torno: Ese bondadoso desinterés corrige el delirio de omnipotencia latente en la escritura que pretende ordenar el mundo con algunos trozos de papel y pontificar sobre la vida y la muerte. Así la pluma se sumerge, se quiera o no, en una tinta desleída con humildad e ironía. El café es un lugar de la escritura. Se está a solas, con papel y pluma y todo lo más dos o tres libros, aferrado a la mesa como un náufrago batido por las olas. pocos centímetros de madera separan al marinero del abismo que puede tragárselo, basta una pequeña vía de agua y las aguas negras irrumpen calamitosas, se te llevan abajo. La pluma es una lanza que hiere y sana; traspasa la madera fluctuante y la pone a merced de las olas, pero también la recompone y le devuelve de nuevo la capacidad de navegar y mantener el rumbo.

Agarrarse a la madera, sin miedo, porque el naufragio puede ser también la salvación. ¿Cómo dice la vieja historia? El miedo llama a la puerta, la fe la va a abrir; fuera no hay nadie.¿Pero quién enseña a abrir? Desde hace tiempo no se hace otra cosa que cerrar puertas, es un verdadero tic; durante un momento se le da un suspiro de alivio, luego el ansia vuelve a aferrarse al corazón y uno quisiera atrancarlo todo, incluso las ventanas, sin darse cuenta de que de ese modo falta el aire y la migraña, en ese ahogo, martillea cada vez más las sienes, poco a poco se acaba por oír sólo el ruido del propio dolor de cabeza.

Claudio Magris  Microcosmos
Ed. Anagrama
Traducción: José Ángel González Sainz

Fot. Alberto Bevilacqua
Claudio Magris en El Antico Caffè San Marco, Trieste, Marzo 2009

Soledad y miedo


Busco sin cesar la soledad para entregarme al miedo.

Pierre Drieu La Rochelle

Fot. del autor, anónima

martes, 16 de febrero de 2016

Miedo

“Si el odio revela mejor que el amor nuestra verdadera personalidad, el Miedo nos revela nuestro verdadero ser.”

- E.L.Medina/El dolor(fragmento)