Es el calor, el tacto de la tierra, la enorme sensación de soledad y silencio, y la extraordinaria escala de todo... hace que el estar allí sea tan profundamente satisfactorio; física y mentalmente es donde me siento más vivo.
El desierto terrible arde todo por el amor de una hierbecilla; y ella le dice que no con la cabeza, y se ríe, y se va volando. Rabindranath TagorePájaros Perdidos Ed. Renacimiento, 2011 Trad. Zenobia Camprubí Aymar
Trasladémonos a una región solitaria; el horizonte se extiende indefinidamente, el cielo está limpio de nubes; ni el más ligero soplo del viento agita los árboles ni las plantas; no hay animales ni hombres ni aguas corrientes; el silencio más profundo reina en toda la extensión; este paisaje despierta graves pensamientos, invita al olvido de la voluntad y de sus miserias; pero esto mismo comunica a aquel paisaje solitario y silencioso cierto matiz de sublimidad. Pues como no ofrece a la voluntad, ávida siempre de desear y adquirir, objeto alguno favorable ni desfavorable, no queda más que el estado de contemplación pura, y el que no sea capaz de elevarse a ella sólo sentirá vacío y aburrimiento. La aptitud para soportar y amar la soledad es una medida de nuestro valor intelectual. El paraje descrito nos proporciona, pues, un ejemplo de sublimidad en grado inferior, en cuanto en ella el estado de conocimiento puro, con su calma y suficiencia, evoca como contraste el recuerdo de una voluntad agitada y miserable.
Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación