Mostrando entradas con la etiqueta André de Dienes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta André de Dienes. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de octubre de 2020

Saldré del agua



Saldré del agua 
hasta que mis muslos se empapen de ardientes flores. 

Cogeré el sol con la boca 
y saltaré en el aire maduro. 

Viva 
con los ojos cerrados 
hasta chocar contra la oscuridad 

en las dormidas curvas de mi cuerpo 
entrarán dedos de suave dominio 
con pureza de sirenas. 

Completaré el misterio 
de mi carne. 

Me levantaré 
mil años después 
besando 
flores. 

E hincaré mis dientes en la plata de la luna. 


E.E. Cummings 
Buffalo Bill ha muerto 
Antología poética 1910-1962 
Ed Hiperión 
Edición bilingüe 
Traducción de José Casas 

Fot: André de Dienes 

lunes, 12 de noviembre de 2018

El camino correcto


¿Por qué resulta a veces tan arduo decidir hacia dónde caminar? Creo que existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos inconscientemente a él, nos dirigirá correctamente. No da igual qué senda tomemos. Hay un camino adecuado, pero somos muy propensos, por descuido y estupidez, a elegir el erróneo. Nos gustaría tomar ese buen camino, que nunca hemos emprendido en este mundo real y que es símbolo perfecto del que desearíamos recorrer en el mundo ideal e interior; y si a veces hallamos difícil elegir su dirección, es -con toda seguridad- porque aún no tiene existencia clara en nuestra mente.

Henry David Thoreau
Caminar
Ed Ardora, 2017
Trad. Federico Romero

Fot. André de Dienes

lunes, 1 de octubre de 2018

Tenía pocos amigos


Tenía pocos amigos, pues padecía esa especie de insociabilidad que procede del exceso de tolerancia y comprensión. Sus gustos lo excluían de los grupos que se forman basándose en fobias. Si recelaba de la enconada anatomía de las multitudes, era sobre todo porque su curiosidad y su pasión ignoraban las fronteras y los clanes que lo convertían en un apátrida en su propio país. 
(…) Además, poseía una dulce timidez a la que se aferraba como a un vestigio infantil. Un ser humano era, a su juicio, tan vasto y tan rico que no había mayor vanidad en este mundo que mostrarse demasiado seguro de sí mismo frente a los demás, frente a lo desconocido y a las incertidumbres que representaba cada cual. Por un momento, temió perder esa pequeña timidez suya y sumarse al rebaño de los que le desprecian a uno si no los domina; pero, poniendo en ello una tenaz voluntad, supo conservarla como un oasis de su personalidad. 
Con haber recibido numerosas y profundas heridas, su carácter no se había endurecido en lo más mínimo; conservaba intacta su extrema sensibilidad, que, cual fenixiano cuerpo de seda, renacía más pura que nunca cada vez que alguien lo lastimaba y magullaba. En suma, por más que creyera razonablemente en sí mismo, procuraba no creerse demasiado, no asentir con demasiada facilidad a lo que pensaba, pues sabía cómo las palabras de nuestra mente gustan de aliviarnos y reconfortarnos al tiempo que nos engañan.

Martin Page
Cómo me convertí en un estúpido
Ed. Tusquets, 2002
Trad. Javier Albiñana

Fot. André de Dienes

viernes, 4 de mayo de 2018

Delirio


Poned atención en encontrar a quién no está en el medio.
Buscad los seres extremos, los delirios, los encantos.

Franco Arminio

Fot. Andre De Dienes

viernes, 20 de octubre de 2017

País secreto


Toda mujer, real de verdad,
posee un país secreto, 
más real para ella
que este pálido mundo exterior:

a medianoche,
cuando la casa cae en silencio,
deja de lado la aguja o el libro
y lo visita en secreto.

Cerrando los ojos, improvisa, 
imagina una verja de cinco barrotes
entre altos abedules:
salta la barrera y toma posesión.

Luego corre, o vuela, 
o bien cabalga un caballo 
que acude a recibirla,
y viaja allí donde quiere;

sabe hacer que la hierba crezca,
que el lirio se entreabra al mirarlo
y que los peces coman de su mano;

ha fundado aldeas, plantado arboledas
y vaciado valles para que los arroyos fluyan,
fríos, hacia una bahía cerrada al mar.

Nunca me atreví a preguntar a mi amor
por el gobierno de su reino,
ni por su geografía,
ni la he seguido entre esos abedules,
o escalando esa verja
para espiarla en la niebla.

Y aún así, me ha prometido, cuando yo muera,
un pabellón al pie de su palacio,
en un claro en medio de la espesura,
donde crece la genciana y el alhelí
y donde a veces podremos encontrarnos.

País secreto

Fot. André de Dienes, 1940

lunes, 11 de septiembre de 2017

Agua en la noche


Agua en la noche, serpiente indecisa, 
silbo menor y rumbo ignorado: 
¿Qué día nieve, qué día mar? Dime. 
¿Qué día nube, eco 
de ti y cauce seco? 
Dime. 
-No lo diré: entre tus labios me tienes, 
beso te doy, pero no claridades. 
Que compasiones nocturnas te basten 
y lo demás a las sombras 
déjaselo, porque yo he sido hecha 
para la sed de los labios que nunca preguntan.

Agua en la noche
De: Presagios, 1923