lunes, 3 de octubre de 2016

Un viajero ártico


Un viajero ártico con una habitación por cruzar.
Una gran habitación blanca, impoluta y
espectralmente brillante a la luz de la mañana.
Ruidos lejanos de cocina... Si tan sólo pudiera
tomar aspecto de un extraño que llega a pie
a una región remota y aislada por la nieve,
bajo un cielo azul tan vacío como deslumbrante.
El cuarto era tranquilo.
Podía sentir las agujas y alfileres de su nuevo traje negro 
mientras esperaba a la costurera ártica,
el cero en la punta de su lengua.

El mundo no se acaba

Ed.Vaso Roto Ediciones
Versión de Jordi Doce

Habitat for two people
Centre Georges Pompidou, París

Otro tiempo


Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme... en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío...
y se ha truncado... Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia.


Versión de Delfina Muschietti

domingo, 2 de octubre de 2016

Cuidado


Ya todo se mezcla. Cosas y quimeras. Como en todas las épocas. Se mezcla y se anula. Pese a las precauciones. Si ella pudiese al menos no ser más que sombra. Sombra sin mezcla. Esta anciana tan moribunda. Tan muerta. En el manicomio del cráneo y en ninguna otra parte. Donde no más precauciones que tomar. No más precauciones posibles. Internada allí con lo demás. Cabaña pedregal y todos los trastos. Y el espía. Qué sencillo sería todo entonces. Si todo pudiese ser nada más que sombra. Ni ser ni haber sido ni poder ser. Tranquilidad. Continuación. Cuidado.

Samuel Beckett  Mal visto mal dicho
Incluido en Relatos
Ed: Tusquets Editores, 2005
Trad. Félix de Azúa, Ana Maria Moix y Jenaro Talens

El gusano del olvido


Perderé todo esto, lo sé.
el rincón del odio donde te cultivo,
la esquina del deseo en donde insisto,
o la guarida inaccesible al desaliento
donde te amo contra todo pronóstico
o posible derrota.

El olvido deposita sus larvas
en la herida del tiempo,
allí crecen sus gusanos insaciables
devorando todo lo que se agita
en el espacio convulso de la memoria,
para dejar apenas tras su paso
un rastro diminuto de vulgar indiferencia.

Para convertirte a ti, orgulloso gigante,
alta luz de mis días,
poderoso nadador de mis noches,
en un recuerdo triste más.
Uno de tantos.


Elena Escribano

Fot. Redzenradish Photography

sábado, 1 de octubre de 2016

Un lugar la atrae


(...) Un lugar la atrae. Por momentos. En él se yergue una piedra. Blanca desde lejos. Ella es lo que la atrae. Rectángulo curvado tres veces más alto que ancho. Cuatro veces. Su estatura ahora. Su pequeña estatura. Cuando le sucede esto debe ir allí. No la ve desde el refugio. Sabría ir hasta allí con los ojos cerrados. Ya no se habla. Nunca se ha hablado mucho. Ahora nada en absoluto. Como si tuviese la desgracia de estar aún con vida. Pero en esos momentos a sus pies la plegaria, Lleváosla. Sobre todo por la noche con tiempo claro. Con o sin luna. La llevan y la detienen delante. Allí ella también como de piedra. Pero negra. Bajo la luna a veces. Las estrellas a menudo. ¿Le tiene envidia?

Samuel Beckett  Mal visto mal dicho
Incluido en Relatos
Ed: Tusquets Editores, 2005
Trad. Félix de Azúa, Ana Maria Moix y Jenaro Talens

Egoísmo

Ayn Rand

El egoísmo como virtud

Lo primero que tratamos con Janet fueron las ideas de Ayn Rand sobre las virtudes del interés propio. 

Aunque Janet nunca había leído The Fountainhead ni Atlas Shrugged, estaba de acuerdo en que ahora estaba descuidando su propio interés hasta el punto de salir perjudicada. Y aunque se enorgullecía de su naturaleza altruista, aceptaba la idea de Rand de que no puedes ayudar a los demás a menos que estés seguro de ti mismo. 
Si Janet decidía que había hecho todo lo posible por ese matrimonio pero Bob no había reaccionado y lo más probable es que no fuese a reaccionar, Rand diría que tenía la obligación de preservarse y protegerse cortando la relación. 
Cuando una inversión sentimental no reporta beneficios (y en realidad requiere contribuciones cada vez mayores) Rand defiende acabar con las pérdidas mientras aún queda algo para invertir en otra cosa.

Se suele asociar a Rand con el liberalismo y se la conoce por valorar el racionalismo y el intelecto, pero no es la única que defiende la moralidad del interés propio. 
Como dice el Dalai Lama: «Sé inteligentemente egoísta.» La tradición mahayana del budismo sostiene que todo el mundo debe alcanzar la iluminación y, cuando la consigues, debes volver atrás para ayudar a otros a lograrla.

Cuando el egoísmo nace de un inteligente interés propio, es una fuerza constructiva; cuando nace de la vanidad, del egocentrismo o el narcisismo, es destructiva.

Juro —por mi vida y el amor que siento por ella— que nunca viviré para otro hombre, ni pediré a otro hombre que viva para mí.

Ayn Rand

Un dolor triste


Sobrevivió haciéndose la tonta,
un poco ausente de casi todo.
Sus ojos ya sabían
cómo funcionaba la vida.
No voy a explicarlo ahora.
Lo sabéis:
un dolor triste en el estómago.

D.G.Giménez
Mulier Sapiens

Fot. Petar Mošić