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jueves, 28 de septiembre de 2017

Prevalece lo raro


Prevalece el misterio:
que haya amor,
que haya odio,
que existan cuerpos.

Prevalece lo raro:
las relaciones,
los Cantos Gregorianos,
el arte, el corno francés.

Prevalece el incendio de nuestras pasiones,
la rara faz de uno que no se ha ido
sino que se queda
e insiste
por amor y odio.

Prevalecen las extrañas miradas
y los cuerpos que no pueden tocarse
por miedo,
por extrañeza,
por temor.

Prevalece la distancia entre los amigos:
la palabra no dicha,
el gesto guardado,
los silencios
en medio de la ebriedad.

Prevalece que haya los otros y lo otro,
la “otredad”
el más allá de mí
y el más allá de ti,
la extrañeza
de lo que nunca puede alcanzarse.

Prevalece este raro plenilunio.

Prevalece lo raro
A Rainer y Paula Ossott
Junio, 1991

domingo, 31 de julio de 2016

Eras tan raro


Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro... Pero a mí nunca me extrañó. Pensaba que entonces tú eras un mago y que los magos eran siempre grandes solitarios.

Adelaida García Morales  El Sur
Ed. Anagrama, 2003

Fot. Retrato de Adelaida García Morales, anónima

domingo, 17 de julio de 2016

Lo diferente


Una rabia silenciosa se apoderaba entonces de Lej. Miraba solemnemente a los pájaros encerrados en las jaulas, mascullaba algo para sus adentros. Finalmente, después de un estudio prolongado, elegía al pájaro más robusto, lo ataba a su muñeca, y mezclaba los ingredientes más diversos para preparar pinturas pestilentes de distintos colores. Lej daba vuelta al pájaro y le pintaba las alas, la cola y el pecho con todos los tonos del arco iris hasta que su aspecto era más llamativo que un ramillete de flores silvestres.(...) El pájaro empezaba a piar y atraía a una bandada de su misma especie que revoloteaba inquieta sobre nuestras cabezas.(...) Lej me hacía una seña para que soltara al prisionero. Este se elevaba, dichoso y libre, como una mancha irisada contra el fondo de nubes, y se integraba en seguida en el seno de la bandada marrón que lo aguardaba. Los pájaros quedaban fugazmente desconcertados. El pájaro pintado describía círculos de un extremo de la bandada a otro, esforzándose en vano por convencer a sus congéneres de que era uno de ellos. Pero, deslumbrados por sus colores brillantes, los otros pájaros volaban alrededor de él sin convencerse. Cuanto más se obstinaba el pájaro pintado por incorporarse a la bandada, más le alejaban. No tardábamos en ver cómo una tras otra, todas las aves de la bandada protagonizaban un ataque feroz. Al cabo de poco tiempo la imagen multicolor se precipitaba a tierra. Cuando por fin encontrábamos el pájaro pintado, casi siempre estaba muerto.

Jerzy Kosinski El pájaro pintado
Ed. Debolsillo, 2011
Trad. Eduardo Goligorsky

domingo, 3 de abril de 2016

Sweet Evelyn


Nada hay más extraño ni más delicado que la relación entre personas que solo se conocen de vista, que se encuentran y se observan cada día, a todas horas y, no obstante, se ven obligados, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y a no intercambiar saludo ni palabra alguna. Entre ellas va surgiendo una curiosidad sobreexcitada e inquieta, la histeria resultante de una necesidad de conocimiento y comunicación insatisfecha y anormalmente reprimida, y, sobre todo, una especie de tenso respeto. Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto.

Thomas Mann
La muerte en Venecia
Ed. Edhasa, 2006
Trad. Juan José del Solar

Fot. Morris Engel
Sweet Evelyn, New York City, 1938

miércoles, 30 de marzo de 2016