Mostrando entradas con la etiqueta Fleur Jaeggy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fleur Jaeggy. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de agosto de 2018

martes, 8 de agosto de 2017

La vida, los delitos que aun no había conocido


Frédérique no sólo estaba en una casa diferente durante la noche, sino que también, durante el día, en un aula diferente. A la mesa no nos sentábamos cerca, pero la podía ver. Y ella finalmente me miraba. Puede que también yo fuera interesante. Me gustaban los expresionistas alemanes y la vida, los delitos que aún no había conocido. Le conté que a los diez años había insultado a una madre superiora llamándola «vaca». Qué palabra más simple, me avergoncé de mi simplicidad cuando se lo conté. Fui expulsada del colegio. «Pida perdón», dijeron. No me disculpé. Frédérique se rió. Tuvo la amabilidad de preguntarme por qué lo había hecho. Y poco a poco empecé a hablarle de mí cuando tenía ocho años. Entonces jugaba con los chicos a la pelota y me metieron en un colegio lúgubre. En el fondo de un lúgubre corredor estaba la capilla. A la izquierda, una puerta. Dentro, una madre superiora, diáfana, delicada, que se hizo cargo de mí. Me acariciaba con sus manos ligeras y suaves y yo me sentaba al lado de ella como si fuese una amiga. Un día desapareció. En su lugar apareció una opulenta suiza del cantón de Uri. Ya se sabe, el nuevo poder odia a las favoritas del anterior. Un colegio es como un harén.


Ed. Tusquets, 2009
Trad. Juana Bignozzi


jueves, 3 de agosto de 2017

El orden natural de las cosas


Al día siguiente, el hotel no logró mantener en secreto la noticia: la señorita más joven, que tenía mi edad, se había ahorcado con la cortina de flores y hojas, en su cuarto. Para no perturbar a los clientes fueron discretos y no se vio el cadáver. La apariencia no violó el orden natural de las cosas. Es cierto que un suicidio no cabe en el orden natural de las cosas. Pero ¿cuál fue la diferencia? Volvieron a colocar la cortina en la habitación. 
Yo pensaba en el invierno en el hotel. En las ramas de los árboles, los carámbanos lagrimeaban, en primavera se derretían. Nunca los vi mientras se derretían.

Fleur Jaeggy
Los hermosos años del castigo
Ed. Tusquets, 2009
Trad. Juana Bignozzi

Fot. Jiji

martes, 25 de julio de 2017

El dedo en la boca


La niña me mira, coge un caracol, lo pone dulcemente en la palma de su mano, con la lengua lame el ente viscoso, algo húmedo, que no se mete en la cáscara. – ¿Y si un ser no puede ya ejecutar su propio gesto irremediable?.

Fleur Jaeggy
El dedo en la boca

Fot, Olga Zavershinskaya

domingo, 23 de julio de 2017

Lamiendo el caracol


La niña me mira, coge un caracol, lo pone dulcemente en la palma de su mano, con la lengua lame el ente viscoso, algo húmedo, que no se mete en la cáscara. – ¿Y si un ser no puede ya ejecutar su propio gesto irremediable?.

Fleur Jaeggy
El dedo en la boca

jueves, 13 de octubre de 2016

No tenía humanidad


Sucedió un día durante la comida. Estábamos todas sentadas. Llegó una muchacha, una nueva. Tenía quince años, los cabellos rígidos como cuchillas, brillantes, los ojos graves y fijos, sombreados. La nariz aguileña, los dientes, cuando reía, y reía poco, eran puntiagudos. Una hermosa frente alta donde podían tocarse los pensamientos, donde generaciones pasadas le habían transmitido talento, inteligencia, fascinación. No hablaba con nadie. La apariencia era la de un ídolo, despreciativa. Tal vez por eso deseé conquistarla. No tenía humanidad.

Fleur Jaeggy  Los hermosos años del castigo
Ed. Tusquets
Trad. Juana Bignozzi

jueves, 30 de junio de 2016

En el internado


A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. El lugar por el que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor (…) Es una verdadera lástima que no hubiésemos conocido la existencia de Walser, habríamos recogido una flor para él. También Kant antes de morir, se conmovió cuando una desconocida le ofreció una rosa.

Fleur JaeggyLos hermosos años del castigo 
Ed. Tusquets
Trad. Juana Bignozzi

sábado, 28 de mayo de 2016

Los adioses


Los adioses tienen lejanas progenituras y los paisajes los cubren de maleza y polvo.

Fleur JaeggyLos hermosos años del castigo 
Ed. Tusquets
Trad. Juana Bignozzi 

Ilustración: Piero Fornasetti