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domingo, 23 de julio de 2017

Olor


Ayer, un nuevo amigo que acababa de conocer y con el que quedé para ir al cine, se inclinó hacia mí para susurrarme que le gustaba el olor de mi perfume. El que tú escogiste para mí hace años. Sentía que quería besarme; su aliento pesado y lento en mi cuello. Mi rostro, azul, teñido por el color que reflejaba la pantalla. No dije nada, la mirada fija al frente. Pero al final de la noche, cedí a su deseo: veintisiete besos en mi cuello y nuca, veintisiete pequeños asesinatos de ti. Y los conté con precisión. Tu rastro en mí era lavado con cada uno de sus besos. El último lo sentí tan frío... como un estilete envuelto en niebla. Casi podía distinguir el olor de tu sangre en mis manos.

Aimee Nezhukumatathil

Fot. Emmet Gowin

miércoles, 14 de junio de 2017

La mujer justa


Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da vergüenza entregarse a otra persona y más aún rendirse a ella porque teme que descubra su secreto… el más triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor. Creo que ésa es la verdad. O al menos eso he creído durante mucho tiempo, aunque ya no lo afirmo tan categóricamente porque estoy envejeciendo y me siento fracasado. ¿Qué en qué he fracasado? Te lo estoy diciendo, en eso, precisamente en eso. No fui lo bastante valiente para la mujer que me amaba, no supe aceptar su cariño, me daba vergüenza, incluso la despreciaba un poco por ser diferente de mí, una burguesita de gustos y ritmos vitales distintos de los míos; y además temía por mí, por mi orgullo, temía entregarme al noble y complejo chantaje con el que se me exigía el don del amor. En aquellos tiempos no sabía lo que sé hoy… que no hay nada de lo que avergonzarse en la vida excepto de la cobardía, que hace que uno no sea capaz de dar sentimientos o no se atreva a aceptarlos.

Sándor Márai
La mujer justa

Fot. Emmet Gowin
Edith

jueves, 21 de julio de 2016

Cuando el amor es ciego

Emmet Gowin

B de te amo

A Beatriz  le falta un ojo.
Un lacito en el pelo.
La teta izquierda.

Le faltan cuatro dedos de una mano y una pierna. Tenía dos.
Media oreja, tres costillas, un riñón  y la sonrisa en el carné de identidad.
La vida a veces.
A veces las palabras.

(Beatriz estaba allí).

Le falta el aliento y su bolso marrón. Era bonito.
...y un kilo de arroz y unas manzanas que llevaba colgando del brazo aquel martes.

Y a veces le sobran las horas del día.

Le falta la regla-del susto-,
todas las perlas del collar.
Le faltan las ganas de pintarse las uñas.

(En el sitio equivocado).

Pero yo la quiero así.  Toda entera. 

Porque es la puta reina de mi vida.





Giuseppe Tartini
Concerto for violin, strings and basso continuo in G major (D 77), 1750