Mostrando entradas con la etiqueta El asesino ciego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El asesino ciego. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de marzo de 2018

Creer


La gente llora en las bodas por la misma razón que lo hace ante un final feliz: porque necesita con desesperación creer en algo que sabe que no es creíble.

Margaret Atwood
El asesino ciego
Ed. Zeta, 2005
Trad. María Dolores Udina

Fot. eDavidove

jueves, 15 de febrero de 2018

Lo habían hecho por amor


Lo habían hecho por amor. Tal es el efecto que produce éste; se te aparece de repente y se apodera de ti antes de que te des cuenta, y después ya no puedes hacer nada. Una vez dentro (una vez enamorada) te ves arrastrada por él, hagas lo que hagas. Al menos es lo que aseguran los libros.

Margaret Atwood
El asesino ciego
Ed. Zeta, 2005
Trad. María Dolores Udina

Fot. Francesca Woodman

jueves, 13 de julio de 2017

Final feliz


Los niños creen que todo lo malo que ocurre es de algún modo culpa suya, y en eso yo no era una excepción; pero también creen en los finales felices, a pesar de todas las pruebas en sentido contrario, y en eso yo tampoco era una excepción. Sólo deseaba que el final feliz llegara de una vez.

Margaret Atwood
El asesino ciego

Fot. Małgorzata Sajur

lunes, 10 de julio de 2017

Si supieses


Pero sin esa ignorancia, sin esa despreocupación, ¿cómo es posible vivir? Si supieses lo que va a ocurrir, si supieses todo lo que va a ocurrir a continuación —si supieses por adelantado las consecuencias de tus propias acciones—, estarías sentenciada. Serías una ruina. Serías como una piedra. Nunca comerías ni beberías ni reirías ni te levantarías por las mañanas. Nunca querrías a nadie, nunca más. No te atreverías.

Margaret Atwood
El asesino ciego

Fot. Veysel Kocakaya

viernes, 7 de julio de 2017

Los regresos


Las despedidas suelen ser demoledoras, pero los regresos sin duda son peores. La carne sólida nunca puede compararse con la sombra brillante que proyecta su ausencia. El tiempo y la distancia difuminan los bordes; entonces, de pronto, llega el amado, y es el mediodía, con su luz implacable, y cada punto, cada poro, cada arruga y cada pelo se ven con toda claridad.

Margaret Atwood
El asesino ciego

Fot. Vertov Dziga, 1929

Los regresos


Las despedidas suelen ser demoledoras, pero los regresos sin duda son peores. La carne sólida nunca puede compararse con la sombra brillante que proyecta su ausencia. El tiempo y la distancia difuminan los bordes; entonces, de pronto, llega el amado, y es el mediodía, con su luz implacable, y cada punto, cada poro, cada arruga y cada pelo se ven con toda claridad.

Margaret Atwood
El asesino ciego

Fot. Vertov Dziga, 1929