miércoles, 3 de octubre de 2018

Presente


Vivo siempre en el presente. El futuro, no lo conozco. El pasado, ya no lo tengo. Me pesa el uno como la posibilidad de todo, el otro como la realidad de nada. No tengo esperanzas ni nostalgias.

Ed. Seix Barral, 2010
Edición y traducción de Ángel Crespo

Fot. Rudhacharya
Fever Dream

Oda a la inmortalidad


ODA A LA INMORTALIDAD

Aunque el resplandor 
que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer volver 
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,

no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera
simpatía que habiendo sido una vez,
habrá de ser por siempre

en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira 
a través de la muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras, 
a sus alegrías y a sus temores, 
la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas
para las lágrimas.

Un viento de octubre


UN VIENTO DE OCTUBRE

Efímero como el aroma del clavel
un viento de octubre susurra en mis oídos 
melodías de la infancia, qué lejanía
percute suave en la memoria,
por un momento la vida se detiene,
su fastuoso y miserable ruído
desaparece en la caricia de este viento.

También maté mis dioses con una arquitectura
erguida sobre el solar de la ignorancia.
Mientras el sol temple los ventanales
y pueda aún partirse en dos la tristeza
como una nuez abierta por su exacta mitad,
y puedan todavía las palabras nombrar
un misterio efímero como el aroma de un clavel.

Sólo mientras, ni un antes ni un después,
con un libro en la mano y un amor
descorchando el tapón de la luna
para que brote toda la oscura soledad del Ser,
y conjurarla, bailar sobre su tumba,
llorar sobre sus huesos, sólo por un momento,
como este viento efímero de octubre.

martes, 2 de octubre de 2018

Todo está allí


Todo está allí, 
apretado en la cuenca 
donde, 
pájaro quieto, 
aguarda

La palabra de la tierra


LA PALABRA DE LA TIERRA

Sujétate
Agárrate como un árbol a la tierra
tenso entre sus raíces
fibra y cuerpo
para lo difícil
los vientos
la precariedad
el beso de lunas

Asiéntate con fervor
entre lo duro y lo rocoso
ama eso que te debate
pues te concentra
en el secreto
del íntimo horror
la palabra de la tierra.

de Cielo, tu arco grande, 1989

lunes, 1 de octubre de 2018

Temporalmente eternos


Saber que somos temporalmente eternos es reconfortante, 
aunque nada más sepamos.

Emily Dickinson

Fot. Asiki

Tenía pocos amigos


Tenía pocos amigos, pues padecía esa especie de insociabilidad que procede del exceso de tolerancia y comprensión. Sus gustos lo excluían de los grupos que se forman basándose en fobias. Si recelaba de la enconada anatomía de las multitudes, era sobre todo porque su curiosidad y su pasión ignoraban las fronteras y los clanes que lo convertían en un apátrida en su propio país. 
(…) Además, poseía una dulce timidez a la que se aferraba como a un vestigio infantil. Un ser humano era, a su juicio, tan vasto y tan rico que no había mayor vanidad en este mundo que mostrarse demasiado seguro de sí mismo frente a los demás, frente a lo desconocido y a las incertidumbres que representaba cada cual. Por un momento, temió perder esa pequeña timidez suya y sumarse al rebaño de los que le desprecian a uno si no los domina; pero, poniendo en ello una tenaz voluntad, supo conservarla como un oasis de su personalidad. 
Con haber recibido numerosas y profundas heridas, su carácter no se había endurecido en lo más mínimo; conservaba intacta su extrema sensibilidad, que, cual fenixiano cuerpo de seda, renacía más pura que nunca cada vez que alguien lo lastimaba y magullaba. En suma, por más que creyera razonablemente en sí mismo, procuraba no creerse demasiado, no asentir con demasiada facilidad a lo que pensaba, pues sabía cómo las palabras de nuestra mente gustan de aliviarnos y reconfortarnos al tiempo que nos engañan.

Martin Page
Cómo me convertí en un estúpido
Ed. Tusquets, 2002
Trad. Javier Albiñana

Fot. André de Dienes