Mostrando entradas con la etiqueta Poética de los cuerpos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poética de los cuerpos. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de diciembre de 2007

La mejor de las prisiones



Pensé en irme.
Me quede callado, ya sin ropa y esperando, esperándote. Y por un momento temí que todo hubiera acabado.
La tarde se vertía sobre el cielo, el rojo cobrizo relumbraba a tu espalda y entintaba tu silueta. Qué miedo el perderte, el abandono y luego el sordo ruido de la soledad.
Dudé en arrojarme a ti o en recoger mis cosas y cerrar la puerta. ¿Qué hacer? ¿Convencerte?
Arremolinándose en mi interior un aullido se desvaneció en una suplica. Retrocediste. Me da miedo desnudarme, dijiste.
Y no dejé de mirarte a los ojos. El contacto fue dulce, ahíto de temblores y del viento dulce que se arremolinaba en nuestras bocas. Una mano torpe arrancó de tu cuerpo la ropa. Caímos en un río de centellas, en el abismo inagotable del placer, en la ternura de dos animales indómitos, cándidos a fuerza de morderse y arrancarse hasta la última gota del deseo. La sangre enloquecida de la tarde: arrastrándonos en una marejada de tibiezas, bañándonos en la transpiración perfumada de los sexos, agitándonos en el húmedo altar del amor, devorándonos en espasmos y en el torrente de delicias que se derramaba en nosotros. Quise agonizar en ti hasta el último de los suspiros...
Luego... luego reposamos.
La piel es sabia, la carne dulce y tus caderas la mejor de las prisiones.

Poética de los cuerpos

Fot: Ferenc Berko
Bombay, 1941

sábado, 17 de noviembre de 2007

El cuerpo inasible.



Un día sucede que nadie nos ve. Aunque obscenos e indecentes, el cuerpo se vuelve fantasmal y andamos perdidos, divagando por el mundo, como una caricia no sentida. Hay miradas ausentes, hay días en que asimos sólo el aire. Días donde no existimos. Sin sensibilidad, en el infinito vacío de la existencia, de nuestro cuerpo sólo queda el revestimiento, la piel y no somos sólo eso. Te he buscado en todas partes y muchos cuerpos, cada vez me doy más cuenta que el amor está más allá de la carne. Ella tiene razón. No es el sexo, no es ahora la conjunción de dos organismos que copulan. Felizmente no. Sé que lo sabes y sé que no estás. Para que atarme con palabras, si el cuerpo está ausente.

Poética de los cuerpos

lunes, 12 de noviembre de 2007

Fruto prohibido



Los besos caen en tu cuerpo, como los frutos en el huerto del deseo. Me gusta verte, como cuando la mañana se desvanece y se tiende en la desnudez del cielo. Eres tan sensual cuando mansamente me tomas en tu boca. Como no frotar mi alma y su piel con la tuya, como no perderme entre tus piernas y ruborizarme de deseos. Tu piel apropiada para el sexo que te busca, leyendo interminablemente de tu lengua las caricias. Escondiéndose y descubriéndose en cada roce que quisieran tatuar en tu alma esta sensación de sentirme vivo y ardiente. Me gustas pues sabes que me agitas y sofocas, me envuelves en tu lengua, me arrancas dulcemente estas palabras. Anhelo estar en ti, mientras me robas el aliento, me atrapas en tus muslos y me comes en tu vientre sintiéndome temblar, temblar de ti…

Poética de los cuerpos.