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lunes, 30 de octubre de 2017

La más morena


Fui joven y feliz un verano, en el cincuenta y uno. Ni antes ni después: aquel verano. Y tal vez fue gracias al lugar donde vivía, un pueblo con aspecto de granada reventada; próximo al mar pero campesino; mitad recogido sobre un espolón de roca, mitad esparcido a sus pies; con muchas escaleras entre las dos mitades, que servían de correveidiles, y nubes en el cielo de un campanario a otro, exhaustas como estafetas de los Caballeros del Rey... Qué revolotear, en aquel tiempo, de percales caseros y sábanas de tela de lino por todas las callejas de las dos Módicas, la Baja y la Alta; y qué angelicales muchachas asomándose por los alféizares, todas morenas. La que yo amaba era la más morena.

Gesualdo Bufalino
Perorata del apestado & Argos el ciego
Anagrama
Trad. Joaquín Jordà

viernes, 1 de septiembre de 2017

Palabras


Él sabía palabras que nadie más sabía y se las murmuraba entre los cabellos, en los dos pabellones de carne rosada, como una respiración recóndita, casi inaudible, pero que dentro de ella crecía inmediatamente en trueno y estrépito de amor.

Gesualdo Bufalino
El hombre invadido
Ed. Anagrama, 1988
Trad. Joaquín Jordá

Fot. Robin Isely

viernes, 30 de junio de 2017

Ojos negros


Ella tenía los ojos más negros que jamás hubiera visto. Dos piedras líquidas y tenebrosas, hasta donde es posible que la inercia más mineral se conjugue con la más húmeda languidez. Ojos que se veían pasar en un instante de un simulado letargo a un ataque fulminante, asomándose bajo la visera de las larguísimas pestañas con el serpentear de un reptil que asalta el alimento.

Gesualdo Bufalino

Foto: Ilse Bing

martes, 12 de julio de 2016

Laberinto


Que se vayan las Ariadnas hilo en mano; los insoportables pájaros nictálopes, listos a horadar con los ojos la noche y a explicárnosla… Cuando lo que me gusta es nadar a ciegas en cada caldo de tiniebla; las caídas aparatosas, los ires y venires infinitos y nutritivos del laberinto.


Fot. Retrato de Gesualdo Bufalino, sin datos.