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domingo, 28 de febrero de 2021

Que nunca se recoja el fruto




QUE NUNCA SE RECOJA EL FRUTO
Que nunca, nunca se recoja el fruto de la rama
ni se acumule en cestos.

Quien quiera comer del amor debe comerlo donde crece.

Aunque las ramas se doblen como juncos,
aunque la fruta madura salpique la hierba o se pudra en el árbol,
quien quiera comer del amor solo debe llevarse
lo que en su estómago quepa,
nada en el mandil,
nada en los bolsillos.

Que nunca, nunca se recoja el fruto de la rama
ni se guarde en cestos.

El invierno del amor es una bodega de cubos vacíos,
en un huerto podrido y blando.


Edna St. Vincent Millay

Fot: Brigitte Carnochan
Nude with Camellia

martes, 21 de noviembre de 2017

Construir, plantar


Construir, plantar, sea cual sea la intención, alzar la columna o tender el arco, ensanchar la terraza o enterrar la gruta, para todo ello jamás se ha de olvidar la naturaleza. Pero tratemos a esta diosa como a un hada púdica; no la cubramos mucho ni la dejemos totalmente desnuda; que todas sus bellezas no se descubran por doquier, porque medio ingenio está en cubrir decentemente. Se llevará la palma quien con placer confunda, sorprenda, varíe y oculte los límites.
Consultemos para todo al genio del lugar: él dice si las aguas se elevan o caen, o ayuda a las colinas ambiciosas a escalar el cielo, o extrae del valle teatros envolventes; él convoca al paisaje, atrae los claros que se abren, une los bosques serviciales, y hace variar las sombras; a veces frustra las intenciones, y a veces las orienta; pinta cuando plantamos y diseña cuando trabajamos.

Alexander Pope
Epístola a lord Burlington, 1731

Fot. Brigitte Carnochan

lunes, 20 de noviembre de 2017

La pasión


Aquel día, pues, él conoció una de las formas extrañas de la estabilidad: la estabilidad del deseo irrealizable. La estabilidad del ideal intangible. Él, que era un ser consagrado a la moderación, se sintió por primera vez atraído por lo inmoderado: una atracción por el extremo imposible. En una palabra, por lo imposible. Y por primera vez sintió, en consecuencia, amor por la pasión.
Y fue como si se le curase la miopía y viese el mundo claramente. Fue la visión más simple y profunda que hubiera tenido del Universo donde había vivido y viviría.

Clarice Lispector
Miopía progresiva
de Felicidad clandestina
Ed. Grijalbo, 1988
Trad. Marcelo Cohen Levis Chokler

Fot. Brigitte Carnochan