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jueves, 28 de diciembre de 2017

Primeras citas


El breve instante en que estamos juntos
lo celebramos como una epifanía,
solos en la tierra. Y tú, más intrépida
y más ligera que un ala de pájaro,
volabas los peldaños como un vértigo desde lo alto,
arrastrándome a través de las lilas a tu imperio,
allá lejos, más allá del espejo.

Cuando llegó la noche y se me otorgó la gracia
se abrió por fin la puerta del altar
donde, resplandeciente en la sombra,
tu desnudez se inclinaba lentamente.

Y al despertar dije: “Bendita seas por siempre”
y comprendí la audacia de mi bendición, pues dormías
y las lilas sobre la mesa buscaban
rozarte para teñir tus párpados
con un dedo de azul, color del universo.

Sombreado de azul estaba quieto tu párpado,
tu frente serena, tu mano tibia.
En el cristal palpitaban los ríos,
brillaban los mares, se ocultaban las cimas
y en tu palma, sobre un trono,
sostenías esa esfera de cristal,
¡oh, justo cielo! ¡Y me pertenecías!

Despertaste… Un instante después
transfigurabas el vocabulario de todos los días.
Vibrantes las palabras desbordaban
plenas de vida, y la palabra tú
nos reveló un sentido de luz.

Hasta los simples objetos familiares
–palangana, jarra— todo se transfiguró
cuando entre nosotros, erguida como un dique,
acechaba el agua dura y estratificada.
Nos dejábamos llevar sin saber adónde.
frente a nosotros, cual espejismos
milagrosamente edificados, las ciudades se apartaban.

A nuestros pies se tendía la mejorana,
el pájaro seguía nuestras lejanas caminatas
y los peces remontaban la corriente,
se abrían para nosotros los celestes espacios…

Cuando el destino, con una navaja en la mano,
seguía nuestras huellas como un demente.

Primeras citas
Traducción de Javier Sicilia y Georges Voet

viernes, 11 de agosto de 2017

Primeros encuentros


Cada instante de nuestros encuentros
lo celebrábamos como una revelación,
solos en el universo mundo.
Tú eras más audaz y ligera que el ala de un pájaro,
bajabas la escalera como un torbellino
saltando los peldaños, y corriendo me llevabas
a través de húmedas lilas hasta tus predios,
al otro lado del espejo.

Cuando llegó la noche 
me fue otorgada la gracia, 
las puertas del altar se abrieron, 
y en la oscuridad resplandecía y se inclinaba 
lentamente tu desnudez.
Y, al despertar, “¡bendita seas!”–
dije, aun sabiendo que era irreverente mi bendición. 
Tú dormías, y para acariciar tus párpados 
con el azul del firmamento
las lilas se extendían hacia ti desde la mesa,
y, acariciados por el azul, 
tus párpados estaban serenos, y cálida tu mano.

En el cristal pulsaban los ríos,
humeaban las montañas, brillaba el mar,
tú sostenías en tu palma la esfera de cristal, 
dormida en el trono,
y –¡oh Dios santo!– tú eras mía.

Te despertaste y transformaste
el cotidiano vocabulario humano,
tu voz se colmó de vigor sonoro,
y la palabra "tú" desveló
su nuevo sentido y significado: "yo".

El mundo entero se transfiguró, 
incluso las cosas más simples 
–el jarro, la jofaina–, 
cuando se interpuso entre nosotros, 
como un centinela,
el agua laminada y dura.

Fuimos transportados quién sabe dónde.
A nuestro paso se abrieron, como espejismos,
ciudades surgidas por encanto,
la menta se extendía a nuestros pies,
los pájaros nos acompañaban por el camino,
los peces remontaban el río
y el firmamento se desplegó ante nuestros ojos...

Mientras el destino seguía nuestros pasos,
como un loco con una navaja en la mano.

Primeros encuentros

lunes, 26 de junio de 2017

Como hace cuarenta años


Como hace cuarenta años,
Palpitaciones y ruidos
De pasos, una casa y un jardín,
Una vela, la mirada miope,
Que no exige ni juramento,
Ni caución. Bullicio en la ciudad.

Amanece. Llueve y una oscura
Y empapada vid silvestre
Se enrolla a la pared, huérfana,

Como hace cuarenta años.

Versión de Javier Sicilia y Georges Voet

Fot. anónima del autor