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miércoles, 2 de octubre de 2019

Palabras


Cuando leo en italiano no suelo usar el diccionario, sólo un bolígrafo, para subrayar las palabras que no sé, las frases que me sorprenden.
Cuando encuentro una palabra nueva, llega el momento de decidir. Podría parar un momento para aprenderla, o anotarla y seguir, o ignorarla. Como ciertos rostros entre la gente que vemos a diario en la calle, ciertas palabras, por alguna razón, destacan y dejan una impresión en mí; otras permanecen en un segundo plano, insignificantes.
(...)
Cada día, leyendo, encuentro palabras nuevas. Algo que subrayar, para luego trasladarlo a la libreta. Me hace pensar en el jardinero que arranca las malas hierbas. Como el jardinero, sé que mi trabajo es, a fin de cuentas, un despropósito, algo desesperado; casi diría un trabajo propio de Sísifo. No es posible, para el jardinero, controlar a la perfección la naturaleza; del mismo modo, tampoco para mí es posible, por mucho que lo anhele, saber cada palabra italiana. Pero entre el jardinero y yo hay una diferencia sustancial: las malas hierbas, para el jardinero, no son algo deseado. Quiere erradicarlas, desecharlas.
Yo, en cambio, recojo las palabras. Quiero tenerlas en mis manos, poseerlas.
Cuando descubro un modo diferente de expresarme siento una especie de éxtasis. Las palabras desconocidas representan un abismo vertiginoso pero fecundo, un abismo que contiene todo lo que se me escapa, todo lo posible.

Jhumpa Lahiri
En otras palabras
Ed. Salamandra, 2019

Fot. Anna Paola Guerra

lunes, 27 de marzo de 2017

Fui tierra y surco


Fui tierra y surco,
arañado, estéril la simiente.
No conozco amor que me fecunde.
No existe hembra que me abarque.
Entre piedras de besos huérfanos
busco paz en el viento y la tormenta.
Como la tierra a puñados,
resuena en mí tu gran eco.
Cava, lindo gusano,
sigue arañando este yermo.
No conozco más hogar que este erial.
No existe hombre que me ate.

domingo, 24 de julio de 2016

La rival

Anna Paola Guerra


“La rival”

Si la luna sonriese, se te parecería.
Das la misma impresión de ser algo hermoso.
Pero aniquilador. Las dos brilláis con una luz prestada.
Su boca en forma de O manifiesta su congoja
Por el mundo, la tuya, tu indiferencia.

Y tu primer don es el de trocarlo todo en piedra.
De repente me percato de que me hallo en un mausoleo:
Ahí estás tú, tamborileando con los dedos en una mesa de mármol,
Buscando cigarrillos, rencorosa como una mujer, aunque no tan nerviosa,
Muriéndote por decir algo a lo que nadie rechiste.

También la luna doblega a sus súbditos,
Pero a la luz del día resulta ridícula.
Por otro lado tus insatisfacciones llegan
A mi buzón con afectuosa regularidad,
Blancas y anodinas, expansivas como el monóxido de carbono.

No hay día en que no tenga noticias tuyas,
Mientras deambulas, quizás, por África, pero pensando en mi.

Julio de 1961

Sylvia Plath


Matteis: Divisions on a Ground (La Folia) in D minor", de Bell'Arte Antiqua