domingo, 10 de febrero de 2019

Infancia



Con todo, esos primeros años, los llamados años de la infancia, los años de la luz, los años de la imagen dorada de la felicidad, son también, por qué no decirlo, los años de la oscuridad y del dolor, los años de la separación y de la muerte, los más azarosos y los más terribles de la vida. Y no solo porque todo lo visto durante esos años adquiere el valor de lo visto por primera vez y para siempre, y todo lo sospechado durante esos años adquiere el valor de lo sospechado por primera vez y para siempre, sino, sobre todo, porque nada de lo que ahí ocurre se olvida nunca. Nada se cura nunca. Nada se cura ni se olvida ya nunca.

Fernando Luis Chivite
El viaje oculto
Edit. Bassarai, 2001

jueves, 7 de febrero de 2019

Bogotá 1982


Bogotá 1982

Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor;
estas calles son el laberinto donde he de andar y desandar
todos los pasos que al final serán mi vida.
Grises las paredes, los árboles
y de los habitantes el aire de la frente a los pies.
A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno,
un verde Patinir de laguna o río,
y tras los cerros tal vez puede verse el sol.
La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida;
nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia
pero también la costumbre irremplazable y el viento.

María Mercedes Carranza
"Tengo miedo" (1983)

miércoles, 6 de febrero de 2019

Pretextos



La peonza de Kafka es un relato sobre un filósofo que pasa su tiempo libre acechando a los niños para poder apropiarse de sus peonzas mientras giran. Agarrar una peonza mientras está girando lo hace feliz por un momento, en la creencia de que “El conocimiento de una pequeñez, por lo tanto también, por ejemplo, de una peonza girando, bastaba para alcanzar el conocimiento general”. El disgusto sigue al placer casi de inmediato, y el filósofo arroja la peonza al suelo, se marcha. Aún así, la esperanza del entendimiento sigue inundándole cada vez que comienzan las preparaciones de los niños para hacer girar sus peonzas: “Cuando giraba corría tras ella poseído de la esperanza de una certeza, pero en cuanto sostenía ese burdo trozo de madera en la mano le daban náuseas”

El cuento trata del placer que obtenemos de la metáfora. El significado gira, permaneciendo en la vertical de un eje de normalidad que se alinea con las convenciones de la connotación y la denotación; sin embargo, girar no es lo normal y fingir una verticalidad normal mediante este movimiento fantástico es irrelevante. ¿Cuál es la relación entre esa irrelevancia y la esperanza de entender? ¿Y con el placer?

El cuento trata de la razón por la que nos encanta enamorarnos. La belleza gira y la mente se conmueve. Atrapar esa belleza sería entender cómo es posible esa estabilidad irrelevante en el vértigo. No obstante, el placer no necesita llegar tan lejos: correr poseído, pero sin haber llegado, es ya delicioso en sí mismo, un momento suspendido de esperanza viviente.

Suprimir esa irrelevancia no es el objetivo del que ama. Tampoco podemos creer que el filósofo vaya detrás del entendimiento. Más bien se ha convertido en filósofo (es decir, en alguien cuya profesión es deleitarse en el entendimiento) para darse a sí mismo pretextos por los que echar a correr tras la peonza.

Anne Carson
Eros. Poética del deseo

Fotograma de L'Eclipsse de Antonioni

martes, 5 de febrero de 2019

Diario


19 de julio
Partir el pan de los demás para los demás. El mío es pan duro.


22 de julio

Miro largo rato a los seres, las cosas, antes de verlos; después me acostumbro a su presencia
y desaparecen sin hacer ruido.


23 de julio

No el silencio de la madera sino el silencio de la piedra. No la ausencia de la voz que el
recuerdo puede traicionar sino la de la confesión del gusano al limo feraz.


27 de julio

Subterránea, como los veneros.
Y nada, en el horizonte, salvo un venero.


31 de julio

Podemos imaginar un rostro en el vacío; en ese caso el vacío nos llama la atención por su
parecido a nosotros.
¿Es a mí a quien miro de hito en hito?
La sombra es dominada por la sombra, como la mano por la mano mayor.

Edmond Jabès
Diario de Sara I, de "El lenguaje de Yukel"
Edit. Siruela 1990
Trad. J. Martín Arancibia

lunes, 4 de febrero de 2019

Surgida en oscuro



SURGIDA EN OSCURO,
 otra vez,
acude tu palabra
al renuevo de hoja presombreado
del haya.

No se
puede hacer gala de vosotros,
tú posees una extrañeza en feudo.

Infinitamente
oigo la piedra que en ti se tiene.

Paul Celan
de "Parte de nieve"
Edit. Trotta. 
Traducción de José Luis Reina Palazón.

sábado, 2 de febrero de 2019

Biblioteca


Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, porque creo que es ahí donde debe de estar, hay un cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. Seguro que es algo parecido a las estanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar dónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. Hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua de los jarrones de flores. Dicho de otro modo, tú deberás vivir hasta el fin de tus días en tu propia biblioteca.

Ed. Tusquets, 2002
Trad. Lourdes Porta

Fot. Manuela Quirós
Serie Ethéreo

Sueño


Sueño
Ella está junto a mí
Me digo que estoy soñando
Pero la presión de su mano contra mi mano 
me parece demasiado fuerte
Me despierto
Está sin lugar a dudas junto a mí
Loca felicidad
Enciendo
La luz brilla una centésima 
de segundo y después se apaga
(una bombilla que estalla)
La abrazo
(me despierto: estoy solo)

La ilusión
Diciembre de 1968

Fot. Isa Marcelli, 2016