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domingo, 14 de febrero de 2021

¿Y no sientes...




 ¿Y no sientes acaso tú también 
un dolor tormentoso sobre la piel del tiempo,⠀
como de cicatriz que vuelve a abrirse allí⠀
donde fue descuajado de raíz el cielo?⠀

¿Y no sientes a veces 
que aquella noche junta sus jirones 
en un ave agorera,⠀
que hay un batir de alas contra el techo,⠀
como un entrechocar de inmensas hojas 
de primavera en duelo⠀
o de palmas que llaman a morir?⠀

¿Y no sientes después 
que el expulsado llora,⠀
que es un rescoldo de ángel caído en el umbral,⠀
aventado de pronto igual que la mendiga 
por una ráfaga extranjera?⠀

¿Y no sientes conmigo 
que pasa sobre ti⠀
una casa que rueda hacia el abismo 
con un chocar de loza trizada por el rayo,⠀
con dos trajes vacíos 
que se abrazan para un viaje sin fin,⠀
con un chirriar de ejes 
que se quiebran de pronto 
como las rotas frases del amor?⠀

¿Y no sientes entonces 
que tu lecho se hunde 
como la nave de una catedral 
arrastrada por la caída de los cielos,⠀
y que un agua viscosa corre sobre tu cara 
hasta el juicio final?⠀
Es otra vez el légamo.⠀
De nuevo el corazón arrojado 
en el fondo del estanque,⠀
prisionero de nuevo entre las ondas 
con que se cierra un sueño.⠀
Tiéndete como yo 
en esta miserable eternidad de un día.⠀
Es inútil aullar.⠀
De esta agua no beben las bestias del olvido.⠀
Olga Orozco⠀
Los juegos peligrosos

Fot: s/d

lunes, 21 de agosto de 2017

Jugabas a esconderte entre los utensilios de cocina...


XIV

Jugabas a esconderte entre los utensilios de cocina
como un extraño objeto tormentoso entre indecibles faunas,
o a desaparecer en las complicidades del follaje
con un manto de dríada dormida bajo los velos de la tarde,
o eras sustancia yerta debajo de un papel que se levanta y anda.
Henchías los armarios con organismos palpitantes
o poblabas los vestidos vacíos con criaturas decapitadas y fantasmas.
Fuiste pájaro y grillo, musgo ciego y topacios errantes.
Ahora sé que tratabas de despistar a tu perseguidora con efímeras máscaras.
No era mentira el túnel con orejas de liebre
ni aquella cacería de invisibles mariposas nocturnas.
Te alcanzó tu enemiga poco a poco
y te envolvió en sus telas como con un disfraz de lluviosos andrajos.
Saliste victoriosa en el irreversible juego de no estar.
Sin embargo, aún ahora, cierta respiración desliza un vidrio frío por mi espalda.
Y entonces ese insecto radiante que tiembla entre las flores,
la fuga inexplicable de las pequeñas cosas,
un hocico de sombra pegado noche a noche a la ventana, no sé, podría ser,
¿quién me asegura acaso que no juegas a estar, a que te atrapen?

Jugabas a esconderte entre los utensilios de cocina...
De "Cantos a Berenice"