Mostrando entradas con la etiqueta Federico García Lorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Federico García Lorca. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de enero de 2019

Y que yo me la llevé al río


Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

La casada infiel

The King’s Virgin, 2015

sábado, 8 de diciembre de 2018

Teléfono


EL POETA HABLA POR TELÉFONO
CON EL AMOR

Tu voz regó la duna de mi pecho
en la dulce cabina de madera.
Por el sur de mis pies fue primavera
y al norte de mi frente flor de helecho.

Pino de luz por el espacio estrecho
cantó sin alborada y sementera
y mi llanto prendió por vez primera
coronas de esperanza por el techo.

Dulce y lejana voz por mí vertida.
Dulce y lejana voz por mí gustada.
Lejana y dulce voz amortecida.

Lejana como oscura corza herida.
Dulce como un sollozo en la nevada.
¡Lejana y dulce en tuétano metida!

Sonetos del amor oscuro


miércoles, 28 de noviembre de 2018

No duerme nadie


No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.

Federico García Lorca
fragmento de "Ciudad sin sueño"

jueves, 22 de noviembre de 2018

Veleta


VELETA

Julio de 1920 (Fuente Vaqueros, Granada)

Viento del Sur,
moreno, ardiente,
llegas sobre mi carne,
trayéndome semilla
de brillantes
miradas, empapado
de azahares.

Pones roja la luna
y sollozantes
los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
¡Ya he enrollado la noche de mi cuento
en el estante!
Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.

Aire del Norte,
¡oso blanco del viento!
Llegas sobre mi carne
tembloroso de auroras
boreales,
con tu capa de espectros
capitanes,
y riyéndote a gritos
del Dante.
¡Oh pulidor de estrellas!
Pero vienes
demasiado tarde.
Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.

Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.

Brisas, gnomos y vientos
de ninguna parte.
Mosquitos de la rosa
de pétalos pirámides.

Alisios destetados
entre los rudos árboles,
flautas en la tormenta,
¡dejadme!
Tiene recias cadenas
mi recuerdo,
y está cautiva el ave
que dibuja con trinos
la tarde.

Las cosas que se van no vuelven nunca,
todo el mundo lo sabe,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse.
¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?
¡Es inútil quejarse!

Sin ningún viento.
¡hazme caso!
gira, corazón;
gira, corazón.


miércoles, 6 de junio de 2018

Gacela


GACELA DE LA MUERTE OSCURA 
(Diván del Tamarit)

Quiero dormir el sueño de las manzanas
alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
que quería cortarse el corazón en alta mar.

No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que haya un establo de oro en mis labios;
que soy un pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Cúbreme por la aurora con un velo,
porque me arrojará puñados de hormigas,
y moja con agua dura mis zapatos
para que resbale la pinza de su alacrán.

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
para aprender un llanto que me limpie de tierra;
porque quiero vivir con aquel niño oscuro
que quería cortarse el corazón en alta mar.



domingo, 29 de abril de 2018

Postal de El Escorial


Postal remitida por el poeta José Moreno Villa a su amigo Federico García Lorca, El Escorial, Agosto, 1922. 

Real Monasterio de El Escorial - Vista general, que lo muestra navegando por la estepa. Al paso de su quilla saltan las piedras y se fijan en el techo azul como lloronas estrellas. Todo es culpa de la cerveza, que tomaban Felipe, El Greco y Herrera

Geografía postal.
Las postales de las familias García Lorca y De los Ríos,
Ed. This Side Up, 2010.

jueves, 8 de febrero de 2018

Perdido por el mar


Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas,
con la lengua llena de amor y de agonía.

de "Gacela de la huida"

viernes, 15 de diciembre de 2017

Suite de los espejos


Símbolo
Cristo
tenía un espejo 
en cada mano. 
Multiplicaba 
su propio espectro.
Proyectaba su corazón 
en las miradas 
negras.
¡Creo!

SUITE DE LOS ESPEJOS

Foto anónima del autor de 1917

viernes, 6 de octubre de 2017

Un pulso herido


Quiero llorar porque me da la gana,
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un poeta, ni un hombre, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que ronda las cosas del otro lado.

Poema doble del lago Edem

lunes, 20 de febrero de 2017

Cultura


Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros, Granada, en septiembre de 1931

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".

(Después de cumplirse más de 80 años de aquel discurso, cualquier semejanza con la actualidad, no es pura coincidencia)

lunes, 4 de julio de 2016

Lorca & Co.


Federico García Lorca con unos amigos en los sótanos de la Alhambra de Granada en 1923. De izq. a dcha. Adolfo Salazar, Manuel de Falla, Ángel Barrios y Federico García Lorca, delante el hermano menor de Federico, Francisco García Lorca.

jueves, 5 de mayo de 2016

Regreso


El regreso
Yo vuelvo
por mis alas.
¡Dejadme volver!
¡Quiero morirme siendo amanecer!
¡Quiero morirme siendo ayer!

Yo vuelvo por mis alas.
¡Dejadme retornar!
Quiero morirme siendo manantial.
Quiero morirme fuera de la mar.

Corriente
El que camina se enturbia.
El agua corriente no ve las estrellas.
El que camina se olvida.
Y el que se para sueña.

Hacia...
Vuelve, 
¡corazón!;
vuelve.

Por las selvas del amor no verás gentes.
Tendrás claros manantiales.
En lo verde hallarás la rosa inmensa del siempre.
Y dirás ¡amor, amor!,
sin que tu herida se cierre.

Vuelve,
¡corazón mío!
Vuelve.


Fot. Fumadora de opio, anónima

martes, 29 de marzo de 2016

Suicidio en Alejandría


(Narraciones)

Suicidio en Alejandría.

13 y 22

Cuando pusieron la cabeza cortada sobre la mesa del despacho, se rompieron todos los cristales de la ciudad. "Será necesario calmar a esas rosas", dijo la anciana. Pasaba un automóvil y era un 13. Pasaba otro automóvil y era un 22. Pasaba una tienda y era un 13. Pasaba un kilómetro y era un 22. La situación se hizo insostenible. Había necesidad de romper para siempre.

12 y 21

Después de la terrible ceremonia se subieron todos a la última hoja del espino, pero la hormiga era tan grande, tan grande, que se tuvo que quedar en el suelo con el martillo y el ojo enhebrado.

11 y 20

Luego se fueron en automóvil. Querían suicidarse para dar ejemplo y evitar que ninguna canoa se pudiera acercar a la orilla.

10 y 19

Rompían los tabiques y agitaban los pañuelos. ¡Genoveva! ¡Genoveva! Era de noche y se hacía precisa la dentadura y el látigo.

9 y 18

Se suicidaban sin remedio, es decir, nos suicidábamos. ¡Corazón mío! ¡Amor! La Tour Eiffel es hermosa y el sombrío Támesis también. Si vamos a casa de lord Butown nos darán la cabeza de langosta y el pequeño círculo de humo. Pero nosotros no iremos a casa de ese chileno.

8 y 17

Ya no tiene remedio. Bésame sin romperme la corbata. Bésame, bésame.

7 y 16

Yo, un niño, y tú, lo que quiera el mar. Reconozcamos que la mejilla derecha es un mundo sin normas y la astronomía un pedacito de jabón.

6 y 15

Adiós. ¡Socorro! Amor, amor mío. Ya morimos juntos. ¡Ay! Terminad vosotros por caridad este poema.

5 y 14

4 y 13

Al llegar este momento vimos a los amantes abrazarse sobre las olas.

3 y 12

2 y 11

1 y 10

Un golpe de mar violentísimo barrió los muelles y cubiertas de los barcos. Sólo se sentía una voz sorda entre los peces que clamaba.

9

8

7

6

5

4

3

2

1

0

Nunca olvidaremos los veraneantes de la playa de Alejandría aquella emocionante escena de amor que arrancó lágrimas de todos los ojos.

Federico García Lorca

sábado, 6 de febrero de 2016

García Lorca


La Huerta de San Vicente en aquellos tiempos tenía una vista maravillosa […] Veíamos la sierra, el Albaicín, la ermita de San Miguel y la Alhambra, la torre de la Vela, la muralla de San Cristóbal, y estábamos entre el verdor de la vega. Muchas noches, sobre todo cuando Federico y Paco no salían, nos sentábamos en la terraza, a veces con jerseys y hasta con mantas, charlando y viendo las estrellas, sin luz ninguna. […]

Teníamos un gramófono y Federico ponía muchos discos de música clásica, sobre todo de Bach y Mozart, y cante jondo. […] Hay que decir que si él no pedía silencio, nosotros también sufríamos su insistencia en oír una y otra vez la misma música. Federico se encerraba en su cuarto largas horas, pero aparecía al menor reclamo. No se perdía visita. Si venía gente del campo a ver a mi padre, Federico bajaba y estaba presente, siempre callado; él, tan hablador, tan brillante hablador, había muchas ocasiones en que estaba totalmente en silencio. Sin duda porque algo estaba aprendiendo. Un día un campesino contó a mi padre los problemas de su hijo, y Federico dijo: “Qué maravilla, cómo lo ha contado”. […]

A Federico, ya era el año 25, lo considerábamos abiertamente un escritor…

Isabel García Lorca, Recuerdos míos
Ed. Tusquets, 2002

Fot. Federico García Lorca enseñando a leer a su hermana.

domingo, 9 de agosto de 2015

Al oído



Al oído de una muchacha.

No quise.
No quise decirte nada.

Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.

Se meneaban.

No quise.
No quise decirte nada.

Federico García Lorca

Waltz in C Minor (Only for Piano)
Yiruma

viernes, 5 de diciembre de 2014

Heridas

Amor, amor
que está herido.
Herido de amor huido;
herido,
muerto de amor.
Decid a todos que ha sido
el ruiseñor.
Bisturí de cuatro filos,
garganta rota y olvido.
Cógeme la mano, amor,
que vengo muy mal herido,
herido de amor huido,
¡herido!
¡muerto de amor!

Herido de amor, Federico García Lorca


Joan Baez, Llegó con tres heridas
Poema de Miguel Hernández