Mostrando entradas con la etiqueta El libro de la almohada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El libro de la almohada. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de octubre de 2018

Abandonarse al tiempo


ABANDONARSE AL TIEMPO

Con el espíritu flotante y casi diría hechizado por esa actividad mental que me había transportado hacia el lado correcto de la habitación doble, me entregué al pasatiempo de crear listas, al vicio de ensartar en un hilo invisible las cosas en apariencia más variopintas. Con la torpeza de un orientalista diletante, con la tosquedad de un luchador de sumo que ingresa a un territorio de figuras de porcelana, me entregué al arte secreto y en desuso del "tsurezure" o "nagusamu", que en japonés significa "librarse de las horas muertas", expresión frecuente en tiempos de Sei Shônagon, cuando las damas de la corte del Japón, aisladas en habitaciones individuales, se enfrentaban a largos periodos de ensimismamiento y a veces pesadumbre, que algunas intentaban no padecer mediante la contemplación y la escritura de listas.
El arte secreto y en desuso del "tsurezure" o "nagusamu", que trescientos años más tarde daría pie al "Tsurezuregusa", el libro inestimable de Yoshida Kenko, consiste en librarse de las horas muertas por medio del gesto audaz de confiarse a ellas, de no oponerles resistencia, a la manera de las artes marciales del Oriente que se valen del impulso y de la fuerza del adversario para derrotarlo (en este caso, la falta de impulso). El arte secreto de aguzar la atención frente a lo que carece de relieve y sin embargo nos constituye; el arte de abandonarse al tiempo que parece vacío, inmóvil, y que en su flujo insensible nos transporta; llevar el registro, al estilo de Sei Shônagon en "El libro de la almohada", de lo ordinario y trivial, de los días que pasan, de lo apacible e íntimo y por fin uniforme, de aquello que ya no nos dice nada si no lo interrogamos. Descubrir las afinidades secretas.

Luigi Amara
La escuela del aburrimiento
Ed. SextoPiso, 2012

lunes, 21 de agosto de 2017

Listas


Entre las listas que se encuentran en el Libro de la almohada de Sei Shônagon, encontramos cosas como las siguientes:

Cosas que emocionan
-Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola.
-Lavarme el cabello, maquillarme y vestir un kimono perfumado. En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe.
-Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento, sin motivo y de repente me sobresalto.

Nubes
Me encantan las blancas, purpúreas y negras nubes, y las nubes de lluvia cuando las lleva el viento. Es encantador al amanecer ver las oscuras nubes que poco a poco se vuelven blancas. Creo que esto ha sido descrito en un poema chino que dice algo sobre “los tintes que se retiran al amanecer”. Es conmovedor ver pasar un tenue jirón nube sobre la luna brillante.

Cosas odiosas
-Un admirador llega en visita clandestina, el perro lo avista y ladra. Una desearía matar al animal.
-La elegancia de la despedida influye enormemente en el apego que tengamos por un caballero. Si salta de la cama, ronda por la habitación, se ajusta demasiado el cinto, se arremanga y se llena el pecho con sus pertenencias, asegurando enérgicamente su cinturón, comenzamos a odiarlo
-Me he acostado y estoy por adormecerme, cuando se presenta un mosquito, con estridente zumbido. Y hasta me parece sentir la corriente que levanta con sus alas. Aún sabiendo que es un ser insignificante, lo encuentro detestable.

Cosas encantadoras
-Los objetos que se utilizan al jugar con muñecas de papel.
-Arrancar las hojas pequeñas de un loto que flota en el estanque.
-Las hojas de la malva pequeña son también deliciosas. Culquier cosa, si es diminuta, resulta grata.
-El rostro de un niño dibujado en un melón.
-Un pequeño gorrión que viene saltando al imitar alguien el chillido de un ratón.
-También es delicioso cuando al atar a un gorrioncito con un hilo, sus padres le traen insectos o lombrices y se los entregan en el pico.
-Una niña a la que están cortando los cabellos como a una monja, de manera que los ojos quedan cubiertos, despeja su cara sin usar las manos, inclinando su cabeza a un costado pues quiere ver algo. Realmente encantador.
-Ver los tasukigake blancos y limpios de las niñas, ¡qué agradable sensación!
-Un paje de Palacio, todavía muy joven, camina con traje de ceremonia.
-Pollitos blancos con largas patas caminan de una manera graciosa; parecen vestidos con kimono demasiado cortos, pían muy fuerte, y van tras las personas o rodean a la gallina. Ver esto es sumamente grato.
-La flor de clavel silvestre.

Ed. Adriana Hidalgo, 2002

Bathhouse

viernes, 18 de agosto de 2017

Las notas


Anochece y apenas puedo seguir escribiendo. Sin embargo, me gustaría dejar terminadas mis notas por completo, haciendo un último esfuerzo. Escribí estos apuntes sobre todo lo que vi y sentí, en mi habitación, pensando que no iban a ser conocidas por nadie. Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e incluso peligrosas a otros; por eso he tenido cuidado en no divulgarlas. Pero ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme. (...) Comencé a llenar cuadernos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos. Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles. Si hubiera elegido temas que las demás personas consideran interesantes o espléndidos, o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar mis escritos, tendrían derecho a afirmar “conocemos sus sentimientos”. (...) Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente lo que sentía.

Sei Shônagon
El libro de la almohada 
Ed. Adriana Hidalgo, 2002

Fot. Arkhip Kuindzhi
Clouds, c.1905

miércoles, 16 de agosto de 2017

Las cartas


Las cartas son algo común, y sin embargo ¡qué cosa tan espléndida! Cuando alguien se encuentra en una provincia lejana y estoy preocupada, entonces llega una carta inesperada y me parece estar cara a cara con el otro. Además, es un gran alivio haber expresado los sentimientos en una carta, aunque una sepa que aún ésta no ha llegado. Si las cartas no existieran, qué negra tristeza nos atenazaría. Si algo nos inquieta y queremos compartirlo con alguien, qué desahogo volcar todo en una carta. Todavía mayor es la alegría cuando la respuesta llega. En ese momento una carta parece el elixir de la vida.

Sei Shônagon
El libro de la almohada 
Ed. Adriana Hidalgo, 2002

Fot. Len Howard, 1956

martes, 15 de agosto de 2017

Una mañana clara del Noveno Mes


Recuerdo una mañana clara del Noveno Mes. Había llovido durante toda la noche. A pesar del sol, las gotas de rocío aún cubrían los crisantemos del jardín. En los cercos de bambú y las varas de los setos veía telarañas. A medida que sus hilos se quebraban, las gotas de lluvia quedaban colgando de ellos como perlas de un collar. Estaba conmovida y encantada.
Poco a poco, el rocío fue desapareciendo del trébol y de las otras plantas en las que tan pesadamente se había posado. Las ramas, más livianas, se agitaron casi imperceptiblemente y luego, de repente y con toda armonía, se alzaron.
Más tarde describí a los demás toda la belleza que había visto. Pero mi relato no causó ninguna impresión, y quedé desasosegada.

Sei Shônagon
El libro de la almohada 
Ed. Adriana Hidalgo, 2002

Fot. Allan Barnes