Injustamente hechizada, la rana buscó trabajo en una tienda de ropa femenina, se mudó a un vecindario de mala muerte, se casó con un hombre que no le pegaba los domingos, tuvo varios hijos y llegó a ser abuela, pero nunca, nunca dejó de maldecir a la bruja que la había convertido en mujer.
Rubén Martínez
Rencor
Fot. Flora Merillon
