miércoles, 14 de junio de 2017

Espero una llegada


Espero una llegada, una reciprocidad, un signo prometido. Puede ser fútil o enormemente poético: en Erwartung una mujer espera a su amante, por la noche, en el bosque; yo no espero más que una llamada telefónica, pero es la misma angustia. Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones. (...) El ser que espero no es real. Como el seno de la madre para el niño de pecho, "lo creé y lo recreé sin cesar a partir de mi opacidad de amor, a partir de la necesidad que tengo de él": el otro viene allí donde yo lo espero, allí donde yo lo he creado ya. Y si no viene lo alucino: la espera es un delirio. Todavía el teléfono: a cada repiqueteo descuelgo rápido, creo que es el ser amado quien me llama (puesto que debe llamarme); un esfuerzo más y "reconozco" su voz, entablo el diálogo, a riesgo de volverme con ira contra el importuno que me despierta de mi delirio. (...) Y mucho tiempo después conservo el hábito de alucinar al ser que he amado: a veces me angustio todavía por una llamada telefónica que tarda y, ante cada importuno, creo conocer la voz que amaba; soy un mutilado al que continúa doliéndole la pierna amputada.

Roland Barthes
Fragmentos de un discurso amoroso
Ed. Siglo XXI, 2004
Trad. Eduardo Molina

Fot. Sonia Maria Luce Possentini