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viernes, 4 de agosto de 2017

Ninfas


El primer ser sobre la tierra al que Apolo habló fue una Ninfa. Se llamaba Telfusa y de inmediato engañó al dios. Apolo había atravesado la Beocia procedente de Calcide. La vasta planicie que después fue rica en trigo estaba entonces cubierta por una densa floresta. Tebas no existía. No había calles ni senderos. Y Apolo buscaba su lugar. Quería fundar en él su culto. Según el himno homérico rechazó más de uno. Después vio un "lugar intacto" (charos apeman), dice el himno. Apolo le dirigió la palabra. En el himno el pasaje es brusco: ese lugar es un ser. En sólo dos versos, sin transición, el masculino charos se convierte en un ser femenino ("Te detuviste cerca de ella y le dirigiste estas palabras"). Aquí, con la máxima rapidez y densidad, se muestra qué es la Ninfa en la economía divina de los griegos. 

[...] Si en el origen de la posesión encontramos a una Ninfa --Iynx, si las Ninfas presiden a la posesión en su máxima generalidad, es así porque ellas mismas son el elemento de la posesión, son esas aguas perennemente revueltas y mutables donde de pronto un simulacro se impone soberano y subyuga a la mente. Y esto nos transporta al léxico griego: nymphe, que significa tanto "muchacha lista para las bodas" como "fuente".

Roberto Calasso,
La locura que viene de las ninfas
Editorial Sexto Piso, 2008
Trad. Teresa Ramírez Vadillo, Valerio Negri Previo

viernes, 21 de octubre de 2016

El agrimensor


(...) En el antro oscuro y lleno de humo en el que dos hombres barbudos están metidos en una gran tina, donde una joven mujer de "cansados ojos azules", abandonada en un "alto sillón", tiene un bebé en el pecho, " inerte", y mira hacia lo alto, "hacia un lugar indefinido", como una Virgen de la melancolía, mientras que desde la única abertura en la pared del fondo una pálida luz de nieve da un "reflejo como de seda" a su vestido, en esta penumbra arcaica y tórpida donde la única ley reconocida podría ser la ley de la hospitalidad, escuchamos estas palabras brutales y firmes, que quizás no habían resonado jamás en una novela: "Entre nosotros no existe el hábito de la hospitalidad." Pero sobre todo: "No tenemos necesidad de huéspedes." Estas últimas palabras son las más duras que deberá oír K. Pero él pasa enseguida por encima de ellas: "Claro, ¿Para qué tendríais necesidad de huéspedes?." Frase que busca además establecer una complicidad, y que sirve a K. para introducir el asunto que más le interesa: hacer de sí mismo una excepción, un elegido. K. prosigue: "Pero, de vez en cuando, tendréis necesidad de alguien, por ejemplo de mí, del agrimensor." Así, K. se salta la ocasión de comprender. Una tiniebla todavía lo envuelve, lo protege, lo burla.

Roberto Calasso  K
Edit. Anagrama, 2005
Trad. Edgardo Dobry

Fot. Charles Corbet (1868-1936 Belgian)
Melancholia ca.1910

domingo, 9 de octubre de 2016

Un paso más allá


(...) Apuntando a su vida anterior, K. se acerca a una revelación que podría perjudicarlo: su total dependencia del Castillo. Toda posibilidad de regreso se ha cerrado para él. El quinto aforismo de Zürau dice: "A partir de cierto punto ya no hay vuelta atrás. Hay que llegar a ese punto." Un paso más allá comienza la historia de K.

Roberto Calasso  K
Edit. Anagrama 2005
Trad. Edgardo Dobry

lunes, 18 de enero de 2016

La guarida


La lengua alemana tiene dos palabras que significan "guarida": Höhle y Bau. Palabras opuestas: Höhle designa el espacio vacío, la cavidad, la caverna; Bau se refiere a la guarida en tanto construcción, edificio, articulación del espacio. Para el animal que habla en "La guarida", estas palabras corresponden a dos modos distintos de entender el mismo lugar. Höhle es la guarida como refugio, "agujero de salvamento", pura reacción de terror, tentativa de eludir el contacto con el mundo externo. Mientras que Bau es la guarida en tanto construcción, y tiene un carácter autosuficiente y soberano, preocupado sobre todo de verificar continuamente la propia autosuficiencia y soberanía. Confundir ambos significados es casi ofensivo -y el ignoto animal lo rechaza con desdén: "!Pero la guarida (Bau) no es sólo agujero de salvamento!", dice. En efecto, nunca usa la palabra Höhle para referirse a su guarida. Nadie le inspira un desprecio tan grande como el hipotético animal -seguramente "un horrible harapiento"- que pretendiese "habitar sin construir" en la guarida.

Roberto Calasso, K
Ed. Anagrama, 2006
Trad. Edgardo Dobry