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viernes, 21 de julio de 2017

Granada


Nunca era tan bella como al fin de un día caluroso de estío o primavera a la hora de la fresca, sentada en el pretil de uno de esos jardines de España, que dominaban un vasto horizonte. Así fue Granada para ella la ciudad de sus noches de amor. Yo no le podría dar más que en Granada, ella no podría dar nunca más que en Granada. Entonces comprendí hasta qué punto ella era una especie de odalisca cristiana. La presentía puesta en versos árabes. El delirio, el desmayo y la dulzura trágica de su entrega estaban bien con el secreto de embriaguez y de melancolía de los jardines andaluces. Ella podía haberme abierto un mundo con esto pero aquel mundo no era el mío. No sabía yo vivir en él. No fue ella a Granada porque la agudeza del instinto la condujera al escenario aquel de sus jardines, sino porque sentía hacia la Alhambra una cándida admiración, como ante una obra colosal de paciente ganchillo hecha arquitectura de colores.

Rafael Sánchez-Mazas
Rosa Kruger
Ed..Trieste

Foto: Karl Blossfeldt

domingo, 25 de junio de 2017

Coloma


Iba ya a echar a andar la Ninetta cuando Coloma se salió del grupo en que estaba con nosotros, haciendo aquel paso suyo de cierva encelada, que no parecía poner el pie en el suelo. Su brazo derecho enlazó suavemente, con una soñadora ternura, el cuello de Ninetta mientras su mano izquierda iba acariciándole las crines, en un largo gesto de melancólica gracia, hasta que al fin, acercándose más y más, su linda mejilla fue también resbalando en larga y estrecha caricia por el cuello del animal. Del corazón de aquella criatura cruda y arisca, había salido este movimiento transido de infinita dulzura. Se interrumpió a sí propia Coloma y se alzó con los ojos velados de lágrimas mirando vagamente a los aires con una inconsciente tristeza de animal noble y dejadez desolada de quien acaba de hacer un enorme y delicado esfuerzo.
Entonces comprendí todo el carácter de Coloma. Era de aquellas mujeres capaces de contener un amor y de destrozarse por dentro en un amor, sin revelarse en una sola palabra ni insinuarse en un solo signo hasta el último instante, aquel en que el caballero está montado para la partida.

Rafael Sánchez Mazas
Rosa Kruger
Ed. Trieste, 1984