Mostrando entradas con la etiqueta Colette. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colette. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de febrero de 2018

La gata


Como en un juego apagó la lámpara del techo para que sintiera deseos de besarla. La única lámpara encendida, encima de una mesa, proyectó detrás de la joven una sombra neta y alargada. Camille, con los brazos en alto, dispuestos en arco detrás de la nuca, le llamaba con la mirada; mas él sólo tenía ojos para la sombra.
«¡Qué hermosa está en la pared! Lo bastante esbelta, justo como me gustaría…»
Se sentó a comparar una con otra. Camille, halagada, se arqueó hacia atrás, sacó hacia afuera los senos y marcó unos pasos de bayadera; pero la sombra conocía el juego mejor que ella. Desenlazando las manos, la joven echó a andar, precedida de la sombra ejemplar, y, al llegar a la abierta ventana, la sombra saltó a una alameda, abrazando al pasar, con sus dos largos brazos, el álamo cubierto de gotas de luna… «¡Qué lástima!», suspiró Alain. Luego se reprochó blandamente su inclinación a amar en Camille una perfeccionada o inmóvil forma de ella misma, esa sombra, por ejemplo, o un retrato, o el vivo recuerdo que le dejaba de ciertas horas, de ciertos vestidos.

Colette
La gata
Ed. Nortesur, 2008

viernes, 25 de agosto de 2017

Mujeres


Un hombre furioso y bestial se dejará llevar hasta el asesinato, porque se hallará saturado de vino o furioso, inspirado por la ira o el alcohol. Es malo. Ignora el placer de matar, la caridad de dar muerte como una caricia, de hacerla intervenir en juegos que son como los de las fieras distinguidas: los gatos, los tigres, abrazan a sus presas lamiéndolas al mismo tiempo que las magullan. 
(...)
Se oían risas, algunas demasiado fuertes... Pero en cuanto Bouboule, con un movimiento de hombros, había dejado resbalar hasta el talle su kimono, ya nadie reía. Las cúspides extremas de una perfección sólo inspiran gravedad. Delante de las dos medias manzanas sin mácula, iguales, armoniosamente distantes, levantadas por apacible aliento, coronadas de un resplandor apenas rosado, ya no había en el camerino más que contempladores soñadores y mudos.

Sidonie-Gabrielle Colette
Mujeres

En la foto Colette por Cecil Beaton

miércoles, 2 de agosto de 2017

Esperaba


Durante una oleada de silencio, espesa como una bruma, acabo de oír caer encima de la mesa vecina los pétalos de una rosa que sólo esperaba, ella también, estar sola para marchitarse.

Colette
La estrella vespertina

Fot. Ruth Bernhard