martes, 4 de julio de 2017

Ángulos



Hemos hecho lo que hemos querido.
Descartamos sueños, optamos por el trabajo duro
de cada uno, aceptamos el dolor
y denominamos ruina a los hábitos imposibles de dejar.

Pero ahora estamos aquí.
La cena está servida y no podemos comer.
La carne se asienta en el lago blanco del plato.
El vino aguarda.

Llegar a esto
tiene sus recompensas: nada se nos promete, nada se nos quita.
Sin corazón o gracia que nos salve,
ningún sitio a donde ir, ninguna razón para permanecer.