Esta va a ser una entrada larga, muy larga, me parece.
Pero es que no abordo un tema cualquiera. Abordo, ni más ni menos, que el tema de las escaleras.
Incluyo aquí, pues, la música (también de considerable duración) por si se quiere seguir acompañado de este tema, por cierto de discutida autoría... Hay quien lo atribuye a Wolfgang Amadeus Mozart y otros a Johann Christian Bach.
Incluyo aquí, pues, la música (también de considerable duración) por si se quiere seguir acompañado de este tema, por cierto de discutida autoría... Hay quien lo atribuye a Wolfgang Amadeus Mozart y otros a Johann Christian Bach.
Cara la dolce fiamma
Empezaré con una mera enumeración de sus clases, atendiendo a diversos criterios:
Escaleras fijas:
Escalera con descansos o rellanos: aquella cuyos tramos están separados por descansos.
Escalera cuadrada: la de tramos iguales por cuatro lados, y a escuadra.
Escalera de ida y vuelta: la que tiene sus tramos en dos sentidos opuestos.
Escalera de caracol: la que se construye con tramos de forma circular ascendente.
Escalera imperial: la que posee un tramo de ida y dos tramos de vuelta más estrechos, paralelos al primero y laterales.
Transportables, o ligeras
Escalera de mano: la portátil.
Escalera chapera: la fija que se emplea en las obras y que está formada por dos maderos inclinados y paralelos sobre los cuales se clavan unos travesaños más o menos anchos.
Escalera de cuerda: la formada por dos maromas paralelas unidas por varios travesaños o barrotes de madera o hierro en forma de peldaños.
Escalera de escapulario: la portátil que se pone en la pared de los pozos de las minas.
Escalera de espárrago: conformada por un madero atravesado por pequeñas estacas salientes.
Escalera de tijera, o doble: la compuesta de dos escaleras de mano unidas por la parte superior con bisagras.
Por su uso
Escalera de incendios o de urgencias: la que sirve para evacuar un edificio en caso de incendio u otro tipo de catástrofes. Suele estar situada en el exterior de la edificación, o en el interior de un recinto protegido mediante muros y puertas resistentes al fuego.
Escalera de servicio: la destinada al uso del servicio, de menor importancia que la principal hecha para facilitar la circulación.
Escalera hurtada: la disimulada.
Por su mecanismo
Escalera mecánica: la que dispone de peldaños móviles.
Por su sistema constructivo
Escalera a la catalana: la conformada por tres capas de rasillas, recibidas con yeso, que siguen la línea del anti-funicular.
Escalera colgada: aquella cuyos escalones no están fijos más que por un lado en el muro y por el otro libres, es decir, colgados.
Escalera de ojo colgada: la que en medio deja un vano circular o cuadrado en lugar de las almas y cuyos peldaños se sostienen uno a otro por su garganta de semicañón.
Para terminar con esta tipología añadiré dos tipos más, quizás los más curiosos:
La escalera imposible:
Y, finalmente, la escalera ciega
En otra entrada de este mismo blog aparece otro ejemplar (son realmente raros y excepcionales) de este tipo de escalera.
Vista, pues, la tipología de la escalera, pasaré a centrarme en su utilización o uso. Y para ello recuriré a un manual de instrucciones escrito nada menos que por Julio Cortázar, que con su inteligencia supo ver que un artilugio de estas características puede, no solo subirse y bajarse, sino que también puede hacerse del derecho o al revés, no siendo baladí el método que se escoja para cada momento y oportunidad.
Ahí van las instrucciones:
Instrucciones para subir una escalera
Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Instrucciones para subir una escalera al revés.
En un lugar de la bibliografía del que no quiero acordarme, se explicó alguna vez que hay escaleras para subir y escaleras para bajar; lo que no se dijo entonces es que también puede haber escaleras para ir hacia atrás. Los usuarios de estos útiles artefactos comprenderán, sin excesivo esfuerzo, que cualquier escalera va hacia atrás si uno la sube de espaldas, pero lo que en esos casos está por verse es el resultado de tan insólito proceso. Hágase la prueba con cualquier escalera exterior. Vencido el primer sentimiento de incomodidad e incluso de vértigo, se descubrirá a cada peldaño un nuevo ámbito que, si bien forma parte del ámbito del peldaño precedente, al mismo tiempo lo corrige, lo critica y lo ensancha. Piénsese que muy poco antes, la última vez que se había trepado en la forma usual por esa escalera, el mundo de atrás quedaba abolido por la escalera misma, su hipnótica sucesión de peldaños; en cambio, bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardín, salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la Turca, estalle en los álamos del cementerio y, con un poco de suerte, llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado. ¿Y el cielo? ¿Y las nubes? Cuéntelas cuando esté en lo más alto, bébase el cielo que le cae en plena cara desde su inmenso embudo. A lo mejor después, cuando gire en redondo y entre en el piso alto de su casa, en su vida doméstica y diaria, comprenderá que también allí había que mirar muchas cosas en esa forma, que también en una boca, un amor, una novela, había que subir hacia atrás. Pero tenga cuidado, es fácil tropezar y caerse. Hay cosas que sólo se dejan ver mientras se sube hacia atrás y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto; obstinadas en su nivel y en su máscara se vengan cruelmente del que sube de espaldas para ver lo otro, el campito de los Peñaloza o los álamos del cementerio. Cuidado con esa silla; cuidado con esa mujer.
Ah! Se me olvidaba... en otra entrada de este blog aparecen otras escaleras, fijas y de tramo recto, con rellanos laterales, las de la Catedral de Girona. En la misma entrada hay un vídeo donde se puede observar una de esas rarezas que tenemos los catalanes, no contentos con tener idioma vernáculo.
Se trata de subir el pedazo de escalera uno montado encima de otro... en fin... somos así.
Ah! Se me olvidaba... en otra entrada de este blog aparecen otras escaleras, fijas y de tramo recto, con rellanos laterales, las de la Catedral de Girona. En la misma entrada hay un vídeo donde se puede observar una de esas rarezas que tenemos los catalanes, no contentos con tener idioma vernáculo.
Se trata de subir el pedazo de escalera uno montado encima de otro... en fin... somos así.

